
Murió Emilio Basaldúa, arquitecto, escenógrafo y vestuarista argentino, una figura de amplia trayectoria en el cine, el teatro y la ópera que también llegó a ser director general y artístico del Teatro Colón.
Hijo del pintor Héctor Basaldúa, desarrolló una carrera que atravesó escenarios oficiales, producciones cinematográficas y espacios de experimentación.
Su recorrido profesional combinó la formación académica con la práctica escénica: obtuvo el diploma de arquitecto en la Universidad de Buenos Aires, realizó estudios complementarios en Francia, Reino Unido y Estados Unidos, y al regresar a la Argentina ingresó en 1971 como dibujante en el equipo de escenografía del Colón. También trabajó en el Centro de Experimentación del Teatro Colón, el CETC, donde firmó diseños de escenografía y vestuario para varias producciones.
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Basaldúa fue autor de diseños escenográficos y de vestuario en teatro, televisión, cine y ópera, y además dirigió documentales y audiovisuales. En teatro trabajó en títulos como Variaciones enigmáticas, de Eric Emmanuel Schmitt; Ella en mi cabeza, de Oscar Martínez; La vuelta al hogar, de Harold Pinter, e Incendios, de Wajdi Mouawad, con dirección de Sergio Renán, entre otras.

En cine se desempeñó como director de arte en una lista extensa de películas. Entre ellas figuran El muerto, sobre el cuento de Jorge Luis Borges, dirigida por Héctor Olivera en 1975; Los viernes de la eternidad, de Olivera, en 1981, y Plata dulce, también de Olivera, en 1982.
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Su nombre quedó asociado además a Cuerpos perdidos, de Eduardo de Gregorio, estrenada en 1988, trabajo por el que recibió el premio Cóndor de Plata a la mejor escenografía. Más tarde obtuvo el mismo reconocimiento por Una sombra ya pronto serás, de Héctor Olivera, en 1994, y por El Mural, también de Olivera, en 2010.
En esa trayectoria también aparecen El sur, dirigida por Carlos Saura en 1990; El Impostor, dirigida por Alejandro Maci en 1996, que le valió el premio a la mejor dirección de arte en el Festival de La Habana, y Tango, de Saura, presentada en el Festival de Cannes y nominada como mejor película extranjera en los premios Oscar. Su trabajo cinematográfico incluyó además Astor, los años del Tiburón, de Daniel Rosenfeld, en 2018.
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En el Teatro Colón diseñó escenografía y vestuario para La vida breve, de Manuel de Falla, en 1993, con régie de Emilio Sagi, y para La ciudad ausente, de Ricardo Piglia y Gerardo Gandini, en 1995. Allí también trabajó en Macbeth, de Verdi, con régie de Jérome Savary, en 1998, y en El cónsul, de Gian Carlo Menotti, en 1999.

Su producción en esa sala continuó con Variété, de Mauricio Kagel; Falstaff, de Verdi, en 2001; La Cenerentola, de Rossini, con régie de Sergio Renán, en 2012, y L’Elisir d’amore, de Gaetano Donizetti, también con régie de Renán, en 2015. En el CETC había realizado antes el diseño de escenografía y vestuario para Il combattimento di Tancredi e Clorinda, de Monteverdi, El milagro secreto y Mozart variationen, en 1991, además de Pierrot lunaire y Noche transfigurada, de Arnold Schönberg, en 1994.
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En ese mismo ámbito firmó la escenografía de Trazas sobre Trazas y La Rosa en 2012, con música de Martín Matalón y puesta en escena de Diana Theocharidis. En 2019 hizo la puesta en escena y la escenografía de Deseo.
Su trabajo se extendió al Teatro Argentino de La Plata, donde realizó la escenografía de La fille du régiment, de Donizetti, y en el T.A.C.E.C. diseñó la escenografía de Cifra, con dirección escénica de Diana Theocharidis. También trabajó en el Teatro Solís de Montevideo, con la escenografía de La Visita, con puesta en escena de Sergio Renán, en 2014, L’Elisir d’Amore, en 2015, y Andrea Chenier, con régie de Matías Cambiasso, en 2017.
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La proyección internacional de Basaldúa incluyó además escenografías para Transcripción, en el espacio Le 104 de París, y para La Rosa, con música de Martín Matalón, en el Théâtre du Conservatoire de París. Ambas producciones tuvieron dirección de Theocharidis.