Durante los últimos años, la naturaleza se ha vuelto para las empresas una herramienta capaz de enfrentar riesgos climáticos, fortalecer la seguridad hídrica y aumentar la resiliencia de los territorios. Pero el camino hacia su integración sigue siendo incipiente.
Ese es uno de los principales hallazgos del primer reporte de la serie NaturaInvest: Nature Insights Series, que analizó 60 empresas participantes de Acción Empresas y revisó 156 memorias, reportes de sostenibilidad y sitios web corporativos correspondientes al período 2022-2024.
En detalle, el estudio identificó que 34 empresas cuentan con iniciativas potencialmente alineadas con las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN), pero solo cuatro incorporan el concepto de manera explícita en sus políticas y estrategias: Aguas Andinas, Anglo American, CMPC y Colbún.
“Estas operan en sectores donde la naturaleza es un insumo crítico y visible; agua, bosque, energía, minería, y están expuestas a marcos internacionales de reporte. Cuando la naturaleza deja de ser un tema reputacional y pasa a ser un riesgo operacional, el concepto aparece”, explicó la directora alterna de NaturaInvest y académica de la Universidad de Concepción, Alejandra Stehr.

NaturaInvest -iniciativa de investigación aplicada que busca posicionar a Chile como referente regional en finanzas para la biodiversidad y capital natural- define a las SbN como acciones orientadas a proteger, restaurar o gestionar ecosistemas para responder a desafíos sociales y ambientales, aprovechando funciones naturales como la regulación hídrica, la captura de carbono o la recuperación de la biodiversidad.
En esta línea, según indicó Stehr, la diferencia entre las empresas que ya cuentan con este enfoque y las que aún no, está principalmente en la ausencia de estándares y evidencia que permitan demostrar sus resultados. “Las empresas chilenas llevan años restaurando bosques, protegiendo humedales o interviniendo el entorno urbano con vegetación, pero lo nombran como reforestación, compensación ambiental o relacionamiento comunitario. Es la misma actividad con otro apellido. Y detrás de esa diferencia de nombre hay una limitación de fondo: la dificultad para distinguir entre acciones con beneficios esperados y proyectos capaces de demostrar resultados verificables y atribuibles”, sostuvo.
La investigación detectó también brechas en aspectos como el monitoreo, la continuidad financiera, la gobernanza y la medición del impacto. En la mayoría de los casos, las iniciativas se mantienen dentro de las áreas de sostenibilidad y no logran incorporarse a las decisiones de inversión ni a la gestión de riesgos. “El cambio de fondo consiste en trasladar la naturaleza desde el capítulo del reporte a la matriz de riesgos y al plan de inversiones de la empresa. Eso implica diseñar cada iniciativa desde el inicio con un objetivo, un ecosistema intervenido, una línea base, indicadores, un horizonte temporal, un mecanismo de monitoreo, gobernanza y un responsable financiero. No como un anexo, sino como se diseña cualquier activo de la empresa”, dijo Stehr.
Agregó además que es necesario avanzar hacia métricas comunes, sistemas de monitoreo y marcos internacionales, como TNFD, SBTN e ISSB.
Los casos de Aguas Andinas y Anglo American
Entre ejemplos de éxito destacan iniciativas relacionadas con la recarga de acuíferos, la infraestructura verde urbana y el denominado carbono azul. En el caso de Aguas Andinas, las SbN surgieron como una respuesta a la prolongada sequía y a la necesidad de fortalecer la seguridad hídrica de Santiago, desarrollando proyectos de infiltración de aguas, bosques de lluvia y conservación de ecosistemas.
“Comenzamos a explorar cómo la naturaleza podía transformarse en una herramienta estratégica para fortalecer la resiliencia de nuestras operaciones”, explicaron desde la sanitaria. Uno de los hitos más destacados fue la recarga del acuífero Mapocho, implementada en 2025, que permitió almacenar un volumen cercano al consumo mensual de una comuna de cerca de 47 mil habitantes.
“La seguridad hídrica de Santiago depende tanto del desarrollo de nuestra infraestructura como de los ecosistemas que almacenan, regulan e infiltran el agua. Por eso, avanzar en SbN impacta directamente en la provisión de agua a largo plazo. Este punto es uno de los cinco pilares de Biociudad, la estrategia hacia 2035 con proyectos y soluciones concretas para potenciar la seguridad y adaptación hídrica de la ciudad”, indicaron desde Aguas Andinas.
Anglo American, por su parte, ha transitado desde un enfoque de mitigación de impactos a una estrategia orientada a generar un impacto neto positivo sobre la biodiversidad. “Hoy las SbN son herramientas para responder a riesgos estratégicos de largo plazo asociados a biodiversidad, clima, licenciamiento social y resiliencia territorial. Están dejando de ser medidas puntuales de restauración o compensación para convertirse en parte de la lógica de planificación, resiliencia climática, gestión de riesgos y creación de valor ambiental que sustenta la meta corporativa de Impacto Neto Positivo a 2030”, señaló la empresa minera.
Entre sus iniciativas destacan la rehabilitación del bosque mediterráneo en Las Tórtolas, la conservación del Santuario de la Naturaleza Los Nogales y un proyecto piloto de carbono azul desarrollado en Bahía Inglesa.
La minera también está trabajando con universidades y organizaciones internacionales para desarrollar metodologías que permitan medir pérdidas y ganancias de biodiversidad y consolidar líneas base de largo plazo.
Escalar las acciones
Más allá de la cantidad de iniciativas, el informe concluye que el desafío más importante hoy es transformarlas en proyectos capaces de sostenerse en el tiempo y generar impactos verificables. De este modo, NaturaInvest recomendó establecer estándares mínimos de reporte, incorporar mecanismos de monitoreo y adicionalidad, fortalecer la gobernanza territorial, diseñar planes de continuidad financiera e integrar la naturaleza a la estrategia empresarial.
“La barrera principal es la ausencia de evidencia que permita traducir la naturaleza al idioma en el que las empresas toman decisiones: riesgo, costo, plazo y retorno. Un proyecto sin línea base, sin indicadores antes y después, sin monitoreo periódico y sin un responsable financiero identificado, simplemente no puede entrar a un comité de inversiones. No porque no tenga valor ambiental, sino porque no es evaluable”, concluyó Stehr.