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Los israelíes irán a las urnas el martes 27 de octubre y el primer ministro Beniamin Netanyahu no lo tiene bien para renovar su mandato. Las encuestas dan una clara ventaja al bloque de la oposición, que lidera Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor. Para hacer frente a esta desventaja, Netanyahu necesita demostrar que solo él puede derrotar a Hamas en Gaza. No es una tarea fácil. Después de la masacre del 7 de octubre del 2023, prometió una “victoria definitiva” sobre Hamas. El uso exagerado de la fuerza, incluidos supuestos crímenes contra la humanidad, ha reducido la franja a escombros y ha causado un daño tal vez irreparable a los más de dos millones de palestinos que viven allí, pero no ha doblegado a Hamas. Israel ocupa cerca del 70% de la franja y el compromiso del Gobierno es no retirarse mientras Hamas no se desarme. Esta exigencia vulnera los términos del armisticio del pasado octubre y, además, es imposible de cumplir. Israel siempre podrá argumentar que Hamas no ha entregado todas las armas puesto que no hay un inventario de su arsenal. Tampoco hay un mediador capaz de compensar la falta de confianza entre las partes.
Hamas ha aceptado el plan de quince puntos que el Gobierno de Estados Unidos ha elaborado para acabar con la violencia en Gaza y asegurar una transición política. Netanyahu, sin embargo, lo ha rechazado con el argumento de que su ejército no puede dar un paso atrás sin un desarme total de Hamas.
El primer ministro sabe que esta exigencia es imposible, pero no tiene más remedio que hacerla. A poco más de dos meses de las elecciones no puede permitirse la más mínima concesión a Hamas, aunque sea en el marco de un acuerdo avalado por Estados Unidos y la comunidad internacional. El único camino que tiene hacia la victoria es reforzar su base electoral y retener el apoyo de los partidos ultranacionalistas. De ahí que deba mostrarse tan duro como siempre.
Es una mala noticia para Gaza pero también para Israel. La estrategia militar y política de Netanyahu durante los últimos tres años ha abierto una profunda división en la sociedad israelí. Israel atraviesa un momento crítico. Su reputación internacional está muy dañada, no solo por el supuesto genocidio que el ejército ha cometido en Gaza, sino también por la invasión del sur de Líbano, donde ha arrasado pueblos enteros, por la ocupación de parte de Siria y por haber alentado una guerra fallida contra Irán, que ha supuesto una carga económica para gran parte de las naciones del mundo.
El primer ministro endurece su postura porque el 27 de octubre puede perder el poder
La Corte Penal Internacional ha ordenado la detención del propio Netanyahu por crímenes de guerra y de lesa humanidad. El primer ministro se enfrenta a un proceso penal en su país por varios delitos de corrupción y podría acabar en la cárcel. Si pierde el poder, este proceso se acelerará y se convocará una comisión para investigar los fallos de seguridad que permitieron a Hamas cometer la peor atrocidad contra el pueblo judío desde el Holocausto. Varias evidencias apuntan a que Netanyahu aceptó que Hamas recibiera más de mil millones de dólares de las monarquías del Golfo, sobre todo de Qatar.
Evitar que su larga carrera política acabe en el oprobio es la prioridad de Netanyahu. La Casa Blanca lo sabe y asume que hasta después de las elecciones del 27 de octubre no habrá ningún avance en Gaza. A todo lo que puede aspirar es que Netanyahu deje de atacar la franja. Desde la tregua de octubre lo ha hecho casi a diario. Desde entonces han muerto más de un millar de personas. Entre ellas hay activistas de Hamas, pero también civiles. Por cada miliciano que Israel mata, mueren entre tres y cuatro civiles. El pasado fin de semana los bombardeos mataron a una veintena de palestinos. Israel calcula que aún quedan unos dos mil guerrilleros de Hamas. Así que acabar con ellos supondría matar a 6.000 civiles más. Desde el inicio de la guerra, más de 73.000 palestinos y más 2.000 israelíes han perdido la vida en Gaza.
La retirada israelí de la franja solo será posible si Netanyahu pierde las elecciones. Si las gana, los partidos mesiánicos que sostienen su gobierno no se lo permitirán.
Sin embargo, si gana Eisenkot, el plan de 15 puntos tendrá muchas opciones de salir adelante. Primero, porque Israel muy probablemente suspenderá las acciones militares en cumplimiento de la tregua del pasado octubre y los tecnócratas palestinos que deben verificar el desarme de Hamas podrán trabajar con garantías. A su vez, la Junta de Paz, el organismo internacional que supervisa la transición a una nueva Gaza, tendrá argumentos de peso para que Israel se retire a medida que Hamas se desarma.
Israel ataca Gaza casi a diario, a pesar de que se ha comprometido a no hacerlo
El pueblo israelí hablará en las urnas el 27 de octubre. Está en su mano que Netanyahu deje de ser un obstáculo para la paz.