
Un análisis sobre 77 especies de primates cuestionó la idea de que un cerebro más grande y una vida social más compleja deriven en repertorios vocales más amplios, y planteó que el tamaño corporal y el hábitat ofrecen una explicación más sólida para entender cómo evolucionó su comunicación.
El trabajo fue publicado en la revista Biology Letters y realizado por Adriano R. Lameira, investigador de la Universidad de Warwick. La investigación se concentró en uno de los conjuntos de datos más amplios reunidos hasta ahora sobre las llamadas de los primates.
De acuerdo con Phys.org, el resultado contradijo una de las ideas más difundidas: ni el tamaño promedio del cerebro ni el de los grupos sociales permitieron predecir la riqueza de la variedad vocal de las especies, lo que cuestiona la hipótesis del cerebro social.
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“Este estudio se inspiró en gran medida en un estudio fundamental de McComb y Semple, también publicado en Biology Letters hace unos 20 años, que consolidó la idea de que la complejidad social y vocal y la evolución van de la mano”, explicó Lameira.
El análisis comparó la distribución de las llamadas de distintas especies con bases de datos ya publicadas sobre el volumen cerebral, la cantidad de integrantes en los grupos y descripciones del peso y del estilo de vida ecológico de cada una, clasificadas en terrestres, arborícolas o mixtas.
El investigador indicó que el análisis también controló la distancia filogenética entre especies, es decir, cuán cercanamente emparentadas están entre sí, para identificar qué factores se vinculaban con mayor fuerza con la diversidad de sonidos y cuáles no.
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Las especies arborícolas más grandes tendieron a presentar conjuntos más amplios, mientras que las terrestres exhibieron una cantidad de llamadas menor a la que habría cabido esperar en términos teóricos.
Entre las variedades arborícolas, cada duplicación del volumen corporal se asoció con un aumento intrínseco del 28% en el tamaño del repertorio vocal.
Lameira sostuvo que se trata de una diferencia considerable, dado que los primates abarcan desde grupos de pocos gramos hasta otros de 100 kilogramos.
El estudio halló que, tras ajustar por tamaño corporal, los que viven en suelo y árboles mostraron el mayor aumento en la variedad de llamadas, lo que sugiere que la diversidad ecológica y las experiencias de la especie influyen en la riqueza de su comunicación.
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A partir de esos datos, la investigación propuso que una especie con grupos más grandes pero asentada en un ambiente relativamente uniforme, como el suelo, podría tener un repertorio vocal menor que otra con grupos más pequeños pero expuesta a un entorno más variado.
El argumento es que una mayor diversidad de situaciones y desafíos favorecería la utilidad de contar con más tipos de llamadas. Según Lameira, cuando un grupo supera cierta magnitud, la incorporación de nuevos miembros puede dificultar la comunicación en vez de facilitarla.
“Esto indica que el tamaño del repertorio vocal de los primates se explica mejor por el tamaño corporal y el estilo de vida arborícola”, sostuvo el investigador.
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El artículo señaló que este trabajo aporta elementos para la comprensión de la evolución de los primates y del surgimiento del lenguaje humano.
La revisión no descartó la relevancia de la comunicación social, pero sí cuestionó que una vida grupal más compleja haya sido, por sí sola, el motor central del desarrollo de estrategias comunicativas más sofisticadas.
El investigador añadió que el potencial comunicativo efectivo de una especie no depende únicamente de aumentar la cantidad de llamadas disponibles, sino también de la capacidad para combinar las unidades vocales que ya posee.
Lameira indicó que ahora explora las capacidades combinatorias de estos animales, en especial en orangutanes salvajes. Se trata de la única especie de primate, aparte de los humanos, que combina llamadas semejantes a consonantes y vocales para formar combinaciones.
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