Hay una pregunta que aparece con frecuencia cuando alguien empieza a invertir en los mercados de valores: “¿Por qué voy a dejar plata parada si podría estar invertida?”.
La tesis parece bastante lógica: si el dinero en una cuenta genera poco y una inversión podría generar un rendimiento más atractivo, tener efectivo parece un desperdicio. Después de todo, nos han enseñado que el dinero “siempre tiene que estar trabajando”.

Si no tienes liquidez, probablemente tendrás que obtenerla de algún lado. Puedes endeudarte o vender una parte de tus inversiones. Y ahí aparece el problema: puede ocurrir que necesites vender justo después de una caída importante. (Foto: Andina)
El problema es que no todos nuestros ahorros tienen el mismo trabajo. Imagina que tienes una buena parte de tus ahorros invertida para el largo plazo. Tu portafolio está diversificado, tienes paciencia y tu horizonte es de diez o quince años: todo va según el plan.
Hasta que dejan de ir según el plan. Por ejemplo, se malogra el auto, aparece un gasto médico inesperado, pierdes temporalmente una fuente de ingresos o surge una necesidad familiar que no puede esperar. Necesitas dinero ahora.
Si no tienes liquidez, probablemente tendrás que obtenerla de algún lado. Puedes endeudarte o vender una parte de tus inversiones. Y ahí aparece el problema: puede ocurrir que necesites vender justo después de una caída importante. Una inversión que habías comprado pensando mantenerla durante diez años termina liquidándose a los diez meses, no porque se haya vuelto un mal activo, sino porque, simplemente, no tienes otra opción.
En ese momento, el problema no es la inversión. Es haberle pedido que el ahorro cumpliera dos funciones incompatibles: crecer en el largo plazo y estar disponible en cualquier momento.
Por eso, tener una reserva de liquidez forma parte de invertir bien. Pensemos en un fondo de emergencia. Su objetivo no debería ser maximizar la rentabilidad, sino estar disponible cuando lo necesitas.
En línea con la anterior, se debe cambiar la forma de evaluar este instrumento de liquidez. Si se compara ese dinero con una inversión de mayor retorno esperado, probablemente siempre parecerá poco atractivo. Pero la comparación está mal planteada: es como preguntarse por qué pagar un seguro si durante años quizá no lo utilices. Su valor aparece precisamente cuando algo sale distinto a lo previsto.
La liquidez funciona de manera parecida, te permite enfrentar un imprevisto sin endeudarte a tasas elevadas, sin vender activos de largo plazo en un mal momento y sin alterar todo tu plan financiero por una necesidad inmediata.
Tiene, además, otro beneficio menos evidente: ayuda a tomar mejores decisiones.
Cuando sabes que cuentas con un “colchón” para cubrir gastos inesperados, es más fácil tolerar las fluctuaciones de tus inversiones de largo plazo. No necesitas preguntarte cada vez que el mercado cae si deberías vender “por si acaso”.
Tus inversiones pueden tener paciencia porque tú tienes liquidez.
Entonces, ¿cuánto dinero debería mantenerse disponible? No existe una cifra universal. Depende de la estabilidad de tus ingresos, tus gastos mensuales, las personas que dependen de ti, tu acceso a crédito y otras circunstancias personales.
Pero en finanzas personales maximizar cada parte por separado no necesariamente mejora el resultado del conjunto. Una cartera puede estar perfectamente diseñada y aun así fracasar si no tenemos suficiente liquidez para mantenerla cuando la vida se complica.
Por eso, cuando veas dinero disponible generando menos que otras inversiones, no asumas automáticamente que está desperdiciado. Pregúntate primero qué función cumple. Sobre todo, recuerda pensar en términos de portafolio: parte de tu patrimonio puede buscar crecimiento durante veinte años, otra parte puede financiar un objetivo dentro de dos y una porción puede estar disponible por si algo inesperado sucede.
Finalmente, me gustaría que te quedes con el siguiente mensaje: la liquidez no compite con tus inversiones de largo plazo, sino maximiza la probabilidad que mantengas tu dinero de largo plazo correctamente invertido.
Antonio Cevallos es gerente general de BBVA Asset Management