Nuestros montes gritan SOS

2026/08/23

Las tormentas recorren la península mientras nuestros montes aparecen desnudos tras los incendios devastadores que estamos viviendo este verano.

Muchos lugares de España respiran tras apagarse las llamas, pero el impacto del fuego aún no ha terminado. Otra emergencia comienza y acabará en nuestros ríos, embalses, tierras de cultivo e incluso en los hogares si no se actúa a tiempo, son los ríos negros. Estas escorrentías acarrean sedimentos, cenizas, residuos, carbón y restos orgánicos que provocan un daño irreparable si no se evita a tiempo.

Estamos ante 262.030 hectáreas quemadas según el Ministerio para la Transición Ecológica, cifra que hoy, a 23 de agosto, podría ascender a 297.000 hectáreas calcinadas vistas las recientes imágenes obtenidas vía satélite.

Tras esta campaña extraordinariamente grave, España inicia una segunda fase que no es menos preocupante. Estos centenares de miles de hectáreas sin vegetación que se extienden por nuestros montes no disponen de capacidad alguna para frenar el discurrir de estas aguas. Tendremos que esperar entre uno y cinco años para que esos suelos empiecen a recuperarse parcialmente, eso sí, será muchísimo más el tiempo que necesiten para recuperar su fertilidad plena e integral.

Mientras tanto hay que actuar con urgencia. Estas aguas pueden depositar los residuos contaminantes en el fondo de los embalses, los cuales abastecen a muchos pueblos y ciudades y pueden influir en la calidad del agua que consumimos. Nuestros huertos no quedan al margen de las escorrentías e incluso de los riegos a esos cultivos que acabarán en nuestras mesas. Y nuestros animales, a diferencia de las personas, tendrán más dificultad para protegerse del consumo de aguas que no sean aptas, lo que puede conllevar un daño irreparable a nuestra fauna.

Cuanto antes, los gobiernos autonómicos de toda España tendrán que centrarse con urgencia en poner medios para evitar este arrastre, fajinas, albarradas, terrazas o bancales indispensables para impedir las consecuencias que desgraciadamente no serán aisladas ni puntuales. Dentro de las preguntas que debemos hacernos cuanto antes está el interrogante de si estamos preparados para el futuro.

Estamos ante una nueva realidad, fruto del cambio climático que todavía hoy algunos no quieren ver. Nuestros mares y océanos sufren el calentamiento de sus aguas, siete grados el Mediterráneo, seis el Atlántico. Incendios que se vuelven imposibles de apagar, un clima que se está volviendo extremo y hasta una adecuación de nuestros cultivos que empiezan a adelantar semanas su recogida como es el caso de la vid en agosto, y el propio olivar que lo hará también antes por el impacto de las olas de calor que son cada vez más frecuentes.

Las instituciones deben tomar nota de lo vivido de nuevo este verano y poner los medios que se necesitan, que a la vista de lo acontecido, los actuales se muestran insuficientes. Hablamos de medios materiales y humanos, pero también de una planificación realista, útil y efectiva, que como diría mi amigo Paco Castañares, no contemple nuestros montes como lienzos, sino como parajes vivos que como tales deben ser atendidos.

Las tormentas han comenzado y aunque los incendios comienzan a apagarse en invierno, estas escorrentías deben atajarse cuanto antes porque son el complemento perfecto a la tragedia de las heridas que nos ha dejado el fuego.

Nuestros montes nos gritan SOS, seamos capaces de escucharlos y darles respuesta.