“Para prepararse no hay edad”: él acompañó a su esposa al colegio y acabó matriculándose a su lado

2026/09/26

A los 64 y 67 años, la pareja está por terminar el bachillerato y recibió distinciones por sus calificaciones.

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26 de septiembre, 2026 - 07h00

Nelly Chila y Lino Leonardo Rengifo llevan 46 años de casados y durante los últimos tres cambiaron parte de su vida en pareja por cuadernos, tareas, investigaciones y clases.

Ahora, a sus 64 y 67 años, respectivamente, están cerca de graduarse juntos de bachilleres en la Unidad Educativa Manuela Cañizares, donde ambos recibieron distinciones por sus calificaciones.

La decisión comenzó por Nelly. Antes de regresar al colegio, había estudiado corte y confección durante tres años en el gremio de modistas, donde una docente le insistió en que podía continuar con el bachillerato.

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Cuando acudió al distrito educativo para conocer cómo hacerlo, encontró información sobre el plantel y decidió inscribirse. Lino la acompañó durante ese proceso y, una vez allí, recibió una invitación que inicialmente había descartado.

“Yo decía: ya a esta edad ya no es para uno. Pero, bueno, gracias a Dios, para prepararse no hay edad. Todo es tomar la decisión, como dicen, el primer paso”, recordó Lino. Ese primer paso lo puso junto con su esposa en un salón de clases, décadas después de haber terminado su etapa escolar.

Los primeros días le resultaron complicados, especialmente por las asignaturas que requerían cálculos. Inglés, Matemáticas, Electrónica y Física estuvieron cerca de hacerlo desistir.

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En casa comenzó entonces una nueva distribución del tiempo. Lino trabaja como radiotécnico y mantiene un negocio de distribución de botellones de agua; Nelly continúa vinculada a la costura. Luego de sus actividades laborales llegaban las tareas. Hubo investigaciones que terminaron cerca de la 01:00 y ejercicios que resolvieron juntos durante la noche.

Lino todavía recuerda cómo responsabilizaba en broma a su esposa cuando las materias se complicaban. “Yo le decía a ella: ‘Ya está, por tu culpa, por tu culpa yo estoy en esto’. Pero, gracias a Dios, ya le fuimos cogiendo amor”, relató. La experiencia terminó modificando incluso la manera en que compartían su tiempo luego de más de cuatro décadas de matrimonio. “Nos ha ayudado mucho como pareja, porque andar los dos juntos, hacer una cosa, estar juntos, nos ha ayudado mucho”, explicó.

Sus tres hijos y cinco nietos siguieron de cerca el regreso de ambos a las aulas. Uno de sus hijos los ayudaba especialmente cuando tenían dificultades con Inglés, una situación que terminó invirtiendo los papeles dentro de la familia.

Lino recuerda que sus hijos les mencionaban cómo años atrás eran ellos quienes recibían indicaciones para hacer las tareas y ahora eran sus padres quienes acudían en busca de ayuda. Una de sus nietas es abanderada, por lo que los reconocimientos académicos terminaron coincidiendo en dos generaciones de la familia.

Para Nelly, volver a estudiar significó retomar algo que había quedado pendiente desde la adolescencia. A los 16 años comenzó a trabajar debido a las condiciones económicas de su hogar. Eran diez hermanos y necesitaba ayudar a su madre, por lo que consiguió empleo en costura desde las 08:00 a las 17:00. Cuando había producción adicional se quedaba trabajando más tiempo.

“Recuerdo esos momentos; fueron para mí muy duros, porque, imagínese, una niña de 16 años que tenía que estar estudiando y yo tenía que trabajar para ayudarle a mi madre”, contó. Luego su mamá falleció y Nelly asumió responsabilidades en el cuidado de sus hermanos. Años después se casó, formó su propia familia y dedicó buena parte de su vida a sus hijos.

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Fueron precisamente ellos quienes volvieron a poner sobre la mesa aquella etapa pendiente. Nelly recuerda que sus hijos le dijeron que había dedicado años a sus hermanos —y después a ellos— y que había llegado el momento de preguntarse qué quería hacer por ella misma. Primero llegó la formación en corte y confección y luego el regreso al bachillerato. Sumados ambos procesos, lleva cerca de seis años estudiando.

Volver al aula estuvo acompañado de temores que arrastraba desde su infancia. Nelly recuerda que su primer día de clases le pareció “una eternidad” y que sus dudas aumentaron al ver al profesor de Matemáticas. Poco a poco comenzó a adaptarse. Antes de salir de casa, prepara alimentos, acude a clases junto con su esposo y procura llevar las tareas terminadas. Cuando una materia se complica, ambos recurren a sus docentes.

Ahora el temor es distinto. Nelly sabe que se acerca el momento de dejar el colegio y reconoce que intenta contener las lágrimas cuando habla de la despedida. Tampoco esperaba terminar esta etapa con una distinción académica. Tiene un promedio de 9,44 y fue designada abanderada del pabellón nacional; Lino alcanzó 9,06 y recibió una designación dentro del plantel.

“Ni en sueños”, respondió Nelly al recordar si alguna vez imaginó convertirse en abanderada. Cuando la convocaron para comunicarle las calificaciones, inicialmente creyó que había escuchado mal. “El corazón me saltaba rapidísimo y de verdad que no sabía qué hacer. Solo me senté y yo me reía y nada más”, relató.

La graduación tampoco aparece para ellos como el punto final de los estudios. Lino quiere continuar su formación relacionada con electrónica y considera cursar estudios tecnológicos si sus condiciones se lo permiten. Nelly mantiene desde los 8 años su interés por la confección y quisiera estudiar Diseño de Moda. Una conocida incluso le planteó incorporarse como docente a una fundación una vez que obtenga su título de bachiller.

Por ahora, los dos se preparan para terminar la etapa que comenzaron juntos hace tres años. Después de 46 años de matrimonio, los hijos que criaron y los nietos que ahora observan sus resultados, Nelly y Lino volverán a cerrar uno al lado del otro. (I)