¿Por qué cuesta tanto no hacer absolutamente nada?

2026/07/31

Un nuevo negocio se abre paso en la jungla digital: aplicaciones que enseñan cómo no hacer nada y, además, disfrutarlo. Por lo visto no hay nada más difícil que dejar pasar el tiempo sin orden ni concierto, dejar volar la mente sin dirigirla a ningún objetivo, y no sentirse culpable por estar siendo improductivo y vago. El arte de simplemente vegetar, darle descanso a la mente. No hacer absolutamente nada es el último de los grandes privilegios.

Abundan los estudios que prueban los beneficios del “ocio puro”, el que definen los científicos como “tiempo libre que no está contaminado por otras actividades que no sean de ocio”. Pero los científicos son taxativos en su diagnóstico: el ocio es útil en la medida que sigue siendo ocio, una vez que se usa para algún propósito pierde su magia.

Un estudio de 2014 comprobó por qué nos sentíamos incómodos cuando no teníamos nada que hacer

A la tecnología, concretamente al teléfono y a los algoritmos se les culpa de esta obsesión por optimizar cada minuto de nuestro tiempo, por aprovechar al máximo, por ponernos un podcast en cuanto tenemos media hora suelta sin ninguna tarea. La paradoja es que pensemos que la solución vendrá a través de unas apps que utilizaremos precisamente a través de esos artefactos.

Un estudio de 2014 comprobó por qué nos sentíamos incómodos cuando no teníamos nada que hacer, y cómo tener por delante unas horas sin llenar era más que una alegría, un motivo de estrés.

El trabajo dirigido por el Timothy D. Wilson y su equipo consistía en pedir a un grupo de personas que pasaran entre seis y quince minutos en una habitación, sentados, solos. Sin teléfonos, sin libros, sin ninguna de sus pertenencias, solos con sus pensamientos. Las instrucciones eran claras: permanecer sentados, despiertos y entretenerse con sus propias ideas. Al final se les preguntó cómo había sido la experiencia y para la mayoría fue mucho peor de lo que esperaban.

Muchas personas huyen del pensamiento introspectivo

Muchas personas huyen del pensamiento introspectivoGetty Images

A muchos les costó mantener la concentración, otros dijeron que sus pensamientos iban y venían de forma descontrolada y, en resumen, que no encontraban nada “disfrutable” en el hecho de “solo pensar”. Por si estar en un laboratorio podría haber alterado la experiencia se pidió a los participantes que la repitieran en casa, y las sensaciones fueron exactamente las mismas.

Cuando se les ofrecía la opción de pasar en ese tiempo ocupados con alguna actividad como leer, escuchar música o navegar en internet, la gran mayoría la prefirió a estar a solas con su pensamiento, sin hacer nada. La conclusión de este estudio fue que acompañarse de sus propios pensamientos no era la tarea más agradable para muchas personas.

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Ese modo de pensar se llama pensamiento introspectivo y permite planificar, imaginar, reflexionar y hacer conexiones originales e inesperadas entre ideas o sucesos ocurridos a lo largo del tiempo. Es donde nace la intuición y la creatividad. Muchas de las ideas más brillantes aparecen cuando la mente divaga sin rumbo ni objetivo.

Pero este mismo pensamiento tiene un lado incómodo que mucha gente prefiere evitarse. Cuando la atención no está anclada a algo externo, como un libro o una película, la mente suele gravitar hacia uno mismo, las preocupaciones sobre el pasado y el futuro, lo que está sin resolver y las conversaciones fallidas. Sin intención, la mente rápidamente inicia un bucle repetitivo de rumiaciones que no son agradables ni productivas.

Sin un ancla externa, como un libro, una serie o un podcast, la actividad mental por defecto resulta sorprendentemente agotadora

Los estudios del profesor Wilson llegan a una conclusión simple: somos capaces de tener un pensamiento interior profundo, pero no lo disfrutamos si carece de estructura. Sin un ancla externa, como puede ser un libro, una serie, un podcast, la actividad mental por defecto resulta sorprendentemente agotadora, y el ocio por el ocio no tiene ninguna gracia.

El pensamiento libre no estructurado nos exige hacer algo que el mundo suele hacer por nosotros: generar nuestra dirección mental, mantenerla y conservar su coherencia. Y luego está el hábito, si ante cualquier descanso nuestra reacción es buscar un estímulo, cuando esa pausa se quede sin llenar sentiremos que algo nos falta.

Eso quieren llenar estas aplicaciones que dan por hecho que nos seremos capaces de solucionar este asunto sin tecnología. Está, por ejemplo, Do Nothing, una app de Android que con un temporizador te permite decidir el tiempo que vas a pasar sin hacer nada. Sus desarrolladores prometer ordenar el pensamiento caótico y los sentimientos más molestos.

Las aplicaciones de móvil vienen al rescate

Las aplicaciones de móvil vienen al rescateGetty Images

También está la web Usenothing.com que te pregunta cuál es tu plan, si escoges la pestaña No hacer nada, la siguiente abre un temporizador para que decidas los minutos que dejarás pasar sin objetivos, notificaciones que reclamen por tu atención y sin presiones por llenar tu cerebro con productividad. “Es un oasis digital en medio del caos de tareas y cosas que hacer”, explican sus creadores.

Dothing es otra aplicación que no está centrada en la improductividad precisamente, sino en hacer menos. Invita al usuario a apuntar sus tareas diarias y entonces la app escoge solo tres y enfoca su concentración en terminar esas tres antes de ponerse con otra tarea.

Si es posible o no delegar en una app el arte de aprender a no hacer nada y disfrutarlo es algo a determinar. De momento sabemos que es más difícil de lo que cualquiera podría pensar.