Qué bienes y servicios se abarataron y cuáles se volvieron más caros en relación a 2023

2026/09/21

Mujer de espaldas en pasillo de supermercado, sostiene dos paquetes de alimentos envasados y mira las etiquetas de los productos en la góndola.

La carne se encuentra 25% más cara en términos reales que en noviembre de 2019 (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los precios relativos de la economía atravesaron una importante recomposición desde fines de 2023. Mientras algunos bienes y servicios acumularon fuertes aumentos por encima de la inflación, otros se abarataron en términos reales y quedaron incluso por debajo de los niveles previos a la pandemia.

Según el economista Gonzalo Carrera, de Equilibra, el proceso permitió reducir de manera significativa los desalineamientos que existían al inicio de la actual gestión. En noviembre de 2023, alrededor del 60% de los rubros que integran el IPC estaban desalineados en más o menos 20% en términos reales respecto de noviembre de 2019. En agosto de 2026, esa proporción se redujo al 20%.

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Entre los productos que más se abarataron aparecen ropa, equipamiento para el hogar y distintos bienes durables, que actualmente se encuentran más de 20% por debajo de los valores de noviembre de 2019, una vez descontada la inflación. El equipamiento para el hogar cayó 27% y los muebles y electrodomésticos también se ubicaron por debajo de los niveles de referencia. Los electrónicos y otros bienes importables siguieron una dinámica similar.

Gráfico de barras celestes y puntos rojos que muestra porcentajes de variación para distintos rubros de consumo.
(Imagen Ilustrativa Infobae)

En conjunto, los denominados bienes ancla, impactados por la apertura comercial y un tipo de cambio apreciado, acumularon una caída real del 31% desde 2023.

Para Carrera, estos productos todavía podrían continuar aumentando menos que el nivel general de precios, pero “pareciera que ya aportaron el grueso en materia desinflacionaria”. El economista considera que la apreciación cambiaria alcanzó un límite, tanto por su impacto sobre los precios como por sus efectos sobre la actividad y el empleo.

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En el extremo opuesto aparecen algunos servicios y productos que aumentaron por encima del promedio. La carne se encuentra 25% más cara en términos reales que en noviembre de 2019, mientras que restaurantes y hoteles acumulan una suba real del 37%. También los diarios y libros se ubican 15% por encima, mientras que los insumos para la construcción subieron 3%.

Carrera señala que la carne todavía podría ofrecer algún margen adicional para la desinflación si se mantiene una demanda débil y no reaparecen presiones sobre los precios internacionales. En cambio, considera que la evolución de los restaurantes responde a un fenómeno diferente.

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“Parecen mostrar un cambio estructural postpandemia, asociado al mayor consumo fuera del hogar y al uso de aplicaciones de delivery”, dijo el economista. Por eso, considera que resulta difícil pensar que ese cambio pueda revertirse.

Primer plano de una persona adulta mayor de 50 años, sin pelo gris, comiendo salmón con espárragos y papas en un restaurante, con vino y agua en la mesa.
Carne y restaurantes se encuentran en niveles históricamente caros (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los servicios privados, como alquileres y expensas, prepagas, servicios telefónicos y educación; también atravesaron una recomposición importante.

Según Carrera, se trata de servicios que estuvieron “indexados pero realineados”: recuperaron rentabilidad durante los últimos dos años, aunque sin quedar caros en términos históricos.

El problema, advierte, es otro: su elevado grado de indexación a la inflación pasada. Esa característica puede trasladar aumentos anteriores hacia los precios futuros y dificultar la desaceleración de la inflación. “Será necesario frenar” ese mecanismo en algún momento, sostiene.

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Otro de los componentes que todavía presenta margen de corrección son las tarifas de los servicios públicos. Si bien buena parte del ajuste ya se realizó, Carrera considera que “restaría algo de tarifas”.

En energía, el incremento fue similar a nivel nacional, mientras que en transporte el ajuste fue mayor en el interior. El problema es que, con las cuentas fiscales bajo presión, estos sectores todavía tienen una cobertura de costos relativamente baja: menos del 65% en electricidad y gas y menos del 35% en el transporte del GBA.

Por eso, aun después de los aumentos realizados, las tarifas podrían continuar ejerciendo presión sobre el nivel general de precios a medida que avance la recomposición.

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La fotografía actual es, así, muy diferente de la de fines de 2023. Los bienes vinculados con la apertura comercial y el tipo de cambio fueron los que más contribuyeron a contener la inflación, mientras que tarifas y algunos servicios todavía tienen recorrido por delante.

Para Carrera, “el grueso de los precios relativos estaría cerca de alinearse”. A partir de ahora, el desafío pasa por determinar si esa corrección puede dar paso a una etapa de menor nominalidad.

En ese escenario, el proceso podría abrir espacio para políticas de desindexación que permitan reducir la inercia inflacionaria. Pero el economista plantea una condición: que los precios internacionales acompañen. A la vez, persisten interrogantes sobre la sostenibilidad del nivel de tipo de cambio real y sobre sus efectos en la actividad y el empleo.

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