
El Pacífico ecuatorial atraviesa un episodio que ya ingresó en la categoría de El Niño muy fuerte, con anomalías de temperatura superiores a 2 ℃ que se sostuvieron durante un período prolongado. La evolución del fenómeno eleva las alertas en América Latina, donde los efectos pueden oscilar entre sequías, incendios y lluvias extremas, según el territorio.
“Actualmente El Niño ha entrado en categoría muy fuerte, es decir que las anomalías observadas en el Pacífico Central se han mantenido por sobre los 2ºC por un tiempo prolongado”, explicó a Infobae Felipe Costa, director del Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN). El especialista advirtió que existe una alta probabilidad de que esas anomalías superen los valores de los eventos registrados desde 1950.
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El Niño es la fase cálida del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Se desarrolla cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental se calientan por encima de lo habitual, una alteración que modifica la circulación atmosférica, los vientos y la distribución de las lluvias en distintas regiones del planeta.

El boletín de octubre del CIIFEN estimó una probabilidad del 83% de que el evento supere los registros disponibles desde 1950 entre octubre y diciembre de 2026. Además, calculó una chance superior al 95% de que mantenga una intensidad muy fuerte hasta, al menos, enero de 2027, y previó que las condiciones cálidas continúen durante el primer trimestre.
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La señal oceánica se profundizó en septiembre. Las anomalías de temperatura superficial del mar se ubicaron entre +2 ℃ y +7 ℃ en el Pacífico ecuatorial, con los valores más elevados frente a Ecuador y Perú. Bajo la superficie, el organismo detectó desviaciones de hasta +8 ℃ en los primeros 200 metros de profundidad, alimentadas por ondas Kelvin cálidas formadas entre enero y junio.
Costa, quien está a cargo de este organismo regional dedicado al monitoreo y la investigación del fenómeno, sostiene que la intensidad que muestra el océano exige atención, aunque no permite trasladar un pronóstico uniforme a todo el continente. “Sin embargo, cabe recalcar que la magnitud de un evento no define los impactos esperados en una región”, señala.
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El seguimiento del fenómeno combina temperaturas superficiales, respuesta atmosférica, vientos y diferencias de presión entre el Pacífico oriental y occidental. El Índice de Oscilación del Sur llegó a -18,6 el 17 de octubre, por debajo del umbral de -7 asociado a condiciones de El Niño. A ese indicador se suman el debilitamiento de los vientos alisios y la persistencia de vientos del oeste en el Pacífico central.
“El Niño es un evento que involucra la interacción entre océano y atmósfera”, explicó Costa al describir por qué el calentamiento de los océanos tropicales obliga a revisar las comparaciones con los episodios anteriores. En lugar de basarse únicamente en el Índice Oceánico de El Niño, conocido como ONI, señaló que la NOAA propuso el RONI, un indicador que busca separar la señal del fenómeno del aumento de temperatura de fondo en los trópicos.
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Los modelos analizados por el CIIFEN prevén para noviembre de 2026 a enero de 2027 anomalías de entre +3 ℃ y +3,5 ℃ en el Pacífico ecuatorial. En ese período, el organismo anticipa lluvias por encima de lo normal en las costas de Ecuador y Perú, el centro de Chile y Argentina, el sur de Brasil y parte de Paraguay. En contraste, Centroamérica, el norte de Sudamérica, la Amazonía, el norte de Brasil y el altiplano boliviano enfrentarían mayor probabilidad de déficit hídrico.

Según se detalla en Meteored, que analizó la actualización de octubre del Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad (IRI), el promedio de los modelos proyecta una anomalía de hasta +3,5 ℃ en la región Niño 3.4. El valor semanal centrado el 14 de octubre llegó a +3,3 ℃, tras cinco semanas consecutivas por encima de +3 ℃. Esas mediciones absolutas no son equivalentes al RONI, que ajusta el calentamiento de fondo de los océanos tropicales: el indicador relativo se mantenía alrededor de +2,4 ℃, de acuerdo con el análisis citado.
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“No todas las zonas poseen el mismo nivel de vulnerabilidad ante estos eventos”, advierte Costa. Por eso, sostiene que los gobiernos deben basar sus decisiones en proyecciones específicas para cada país y en la exposición de sectores como salud, electricidad, agricultura y ganadería. Entre las prioridades de corto plazo mencionó el abastecimiento de agua en zonas con menos lluvias, la protección de pequeños productores, la prevención de enfermedades asociadas a humedad e inundaciones y la continuidad del suministro eléctrico.
De acuerdo con los pronósticos globales de NOAA citados por Costa, el máximo de El Niño se ubicaría entre octubre y diciembre de 2026, antes de un debilitamiento gradual hacia condiciones neutrales entre abril y junio de 2027.
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—¿Qué tan grave considera que es el fenómeno El Niño?
—Actualmente El Niño ha entrado en categoría muy fuerte, es decir que las anomalías observadas en el Pacífico Central se han mantenido por sobre los 2ºC por un tiempo prolongado. Además, hay alta probabilidad que la intensidad de las anomalías supere los valores históricos de eventos registrados desde 1950. Sin embargo, cabe recalcar que la magnitud de un evento no define los impactos esperados en una región.

—¿Hasta qué punto el calentamiento global está modificando la forma de medir y comparar El Niño actual con los grandes eventos de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016?
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—El Niño es un evento que involucra la interacción entre océano y atmósfera.
Históricamente se ha comparado los eventos con un índice llamado ONI (Índice Oceánico de El Niño), pero el calentamiento de los océanos tropicales, asociado al cambio climático empezó a generar ruido en el monitoreo, sobreestimado o subestimado las anomalías. Es por esto que la NOAA ha propuesto el uso de un índice llamado RONI (Índice Oceánico Relativo de El Niño) para aislar la señal de El Niño y separarla del calentamiento de los trópicos, con el fin de tener un indicativo más adecuado ante el desarrollo de eventos.
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—¿Qué regiones de América Latina enfrentan hoy los mayores riesgos por sequías, lluvias extremas, inundaciones o incendios, y cuáles son los plazos críticos para prepararse?
—Se conocen efectos históricos de El Niño, como sequía en Centroamérica y el norte de Sudamérica: Colombia, Venezuela, Las Guayanas, Norte de Brasil y la región Amazónica, así como lluvias extremas en las costas de Ecuador y Perú, Bolivia, parte de Chile, el sur de Brasil, Paraguay, Uruguay y la costa de Argentina. Sin embargo, no todas las zonas poseen el mismo nivel de vulnerabilidad ante estos eventos, por lo cual es necesario hacer un análisis localizado para determinar la posible magnitud de los impactos y definir planes de prevención y mitigación ante eventos extremos. La prevención es de especial importancia durante los primeros meses de El Niño, mientras que los planes de adaptación se deben actualizar a lo largo del evento ya que los impactos pueden variar.

—¿Por qué un El Niño muy intenso en el Pacífico no se traduce necesariamente en impactos igual de graves en todos los países o territorios de la región?
—Si bien El Niño es la principal forma de variabilidad climática del Pacífico, el clima de una región depende de otros rasgos, como la posición geográfica, la orografía, la circulación atmosférica y la influencia de otros factores climáticos. Al ser parte de un conjunto mayor, la influencia de El Niño varía entre regiones.
—En términos de seguridad alimentaria, agua, salud pública y energía, ¿cuáles son las vulnerabilidades que los gobiernos latinoamericanos deberían atender de manera prioritaria antes del pico del fenómeno?
—El Niño modifica la distribución de las lluvias: en algunas regiones aumentan las precipitaciones y en otras disminuyen de forma intensa. Esto es de principal importancia para la planificación, por lo que los gobiernos deben tomar en cuenta las proyecciones específicas para su región y los posibles riesgos en sectores de Salud, Electricidad, Agricultura y Ganadería. Las prioridades varían según el país. En el corto plazo, los gobiernos deberían revisar: el abastecimiento de agua en municipios donde se prevé déficit de lluvias, la protección de pequeños productores y de las cosechas en zonas con sequía, la prevención de enfermedades relacionadas con la humedad, las inundaciones y el agua contaminada, y la continuidad del suministro eléctrico y la gestión de los caudales en represas.

—¿Hasta cuándo podría extenderse la influencia de El Niño y qué señales deberían seguirse para determinar si sus efectos persistirán más allá del verano de 2027?
—Acorde a los pronósticos globales de la NOAA, El Niño alcanzará su pico durante el trimestre de octubre a diciembre 2026, debilitándose progresivamente durante los primeros meses de 2027, posiblemente alcanzando condiciones neutras (o “normales”) durante el trimestre de abril a junio 2027. Las señales principales de monitoreo son la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial junto con la respuesta atmosférica y alteración en vientos dentro de la región.
—¿Qué es lo que más le asombra a usted de este fenómeno?
—Si bien El Niño se desarrolla en un área relativamente pequeña, tiene la capacidad de alterar el sistema climático a nivel global. Se asocia con cambios en las lluvias y las sequías, con un aumento de tormentas en el Pacifico y menor actividad ciclónica en el en el Atlántico, cambios en el monzón de India y mucho más. Esta influencia se asocia con teleconexiones que llevan estas señales a latitudes más altas, trayendo influencias que están siendo investigadas más profundamente.