Qué son los neutrinos: los “mensajeros” que llevaron el hielo antártico al Nobel de Física | El Dia

2026/10/07

Los neutrinos son partículas elementales capaces de atravesar planetas, edificios e incluso el cuerpo humano prácticamente sin dejar rastros. Esa característica hace que sean extremadamente difíciles de detectar, pero al mismo tiempo los convierte en valiosos mensajeros de algunos de los fenómenos más violentos y lejanos del universo.

La posibilidad de identificar neutrinos de alta energía procedentes de fuentes cósmicas fue uno de los grandes avances de la astrofísica de las últimas décadas. Para conseguirlo fue necesario construir un enorme observatorio dentro del hielo de la Antártida: IceCube.

El físico belga-estadounidense Francis Halzen, uno de los principales impulsores del proyecto, recibió el Premio Nobel de Física 2026 por sus contribuciones al desarrollo de ese observatorio y al descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico.

PARTÍCULAS QUE CASI NO INTERACTÚAN CON LA MATERIA

Los neutrinos se producen en numerosos fenómenos naturales. El Sol genera enormes cantidades de ellos, pero también pueden originarse en explosiones estelares, en las inmediaciones de agujeros negros y en otros acontecimientos cósmicos de gran energía.

Su característica principal es que interactúan muy poco con la materia. Pueden atravesar la Tierra prácticamente sin chocar con ninguno de sus átomos y, precisamente por eso, detectarlos constituye un enorme desafío científico.

Los neutrinos de alta energía presentan además una propiedad especialmente útil para estudiar el universo: no poseen carga eléctrica. Por ese motivo, los campos magnéticos que encuentran durante su viaje no modifican su trayectoria.

Esto permite que lleguen a la Tierra conservando información sobre la dirección desde la que partieron. Cuando un observatorio consigue detectar uno, los investigadores pueden reconstruir su recorrido e intentar identificar el fenómeno cósmico que lo produjo.

UN GIGANTESCO DETECTOR BAJO EL POLO SUR

Halzen planteó en 1988 la posibilidad de utilizar el hielo profundo del Polo Sur como instrumento para buscar neutrinos. La propuesta aprovechaba las excepcionales ocasiones en las que estas partículas interactúan con un átomo dentro del hielo.

El resultado fue IceCube, un observatorio que ocupa aproximadamente un kilómetro cúbico bajo la estación Amundsen-Scott, en la Antártida. Allí fueron instalados 5.160 módulos ópticos digitales, distribuidos a lo largo de 86 cables verticales y ubicados a profundidades de entre 1.450 y 2.450 metros.

Los sensores no observan directamente los neutrinos. Lo que registran son pequeños destellos generados por las partículas cargadas que se producen cuando uno de ellos interactúa con la materia.

Ese fenómeno, conocido como radiación de Cherenkov, genera una característica luz azulada. Analizando la intensidad de esos destellos y el momento en el que alcanzan los diferentes sensores, los científicos pueden calcular tanto la energía como la dirección del neutrino.

La enorme dimensión de IceCube responde precisamente a la dificultad para detectar estas partículas. Como las interacciones son extremadamente infrecuentes, cuanto mayor sea el volumen de hielo observado, mayores son las posibilidades de registrar alguna.

SEÑALES LLEGADAS DESDE FUERA DEL SISTEMA SOLAR

Los datos obtenidos por IceCube permitieron detectar neutrinos con energías demasiado elevadas como para haber sido producidos en la atmósfera terrestre. Los investigadores determinaron que esas partículas tenían origen astrofísico y provenían de fuentes ubicadas más allá del Sistema Solar.

El descubrimiento abrió una nueva manera de estudiar el universo. Hasta entonces, gran parte de la astronomía dependía de señales electromagnéticas como la luz visible, las ondas de radio, los rayos X o los rayos gamma.

Los neutrinos ofrecen información complementaria porque pueden atravesar densas regiones de gas y polvo que bloquean otras señales. De esa manera permiten investigar zonas del cosmos que resultan difíciles de observar mediante los telescopios tradicionales.

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