¿Racismo o incompetencia? La hambruna de Bengala de 1943 que ha reabierto el debate sobre Winston Churchill

2026/08/15

La National Portrait Gallery de Londres se ha visto obligada a quitar una referencia incluida en una instalación de vídeo creada por Helen Cammock en la que la autora, al hacer referencia a la campaña militar que Oliver Cromwell, dictador inglés del siglo XVII, realizó en Irlanda, hace una comparación con Winston Churchill, alegando que ambos dejaron morir de hambre a propósito a un ingente número de personas.

En el caso de Churchill, se refiere a la muerte de hasta tres millones de bengalíes en 1943. Fue un diario conservador, el Daily Telegraph, el que, el pasado 14 de junio, llamó la atención sobre el comentario de Cammock. Andrew Roberts, biógrafo de Churchill, envió una carta a la National Portrait Gallery, que también hizo pública, calificando el comentario como “históricamente absurdo”. El asunto ha levantado ampollas, por lo que vale la pena establecer hasta qué punto Churchill tuvo la responsabilidad del desastre ocurrido en Bengala.

¿Cómo valorar el peso de los distintos factores que intervinieron en la catástrofe que sacudió al actual país de Bangladesh y al estado de Bengala Occidental? El hambre no fue la única causa de esa mortandad; también hubo enfermedades, provocadas por la desintegración de la economía, que dificultó la compra de alimentos por las clases más necesitadas de la población. No fue, en todo caso, un desastre provocado por la naturaleza, como una sequía.

Tras atacar la flota norteamericana en Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941, Japón declaró la guerra a Gran Bretaña. Entre enero y febrero de 1942, el ejército inglés abandonó Singapur a los japoneses, y en mayo cayó Rangún, la capital de Birmania. Ya no fue posible importar arroz de aquellas regiones, lo que se sumó a un poderoso ciclón que destrozó amplias plantaciones en Bengala y obstruyó las carreteras y líneas férreas necesarias para la distribución de la cosecha.

Factores adversos

La marina de guerra del Imperio nipón bloqueaba los mares por los que llegaban los barcos mercantes con alimentos desde Australia y Nueva Zelanda. Para Inglaterra, tales suministros constituían una prioridad militar, y el gobierno de Churchill trató de atender a las necesidades de su ejército y de la población de las islas británicas empleando sus propios barcos, que resultaron insuficientes.

Además, Bengala, aun en tiempos de paz, estaba subdesarrollada, y sus recursos solo aseguraban a la población una vida de mínima subsistencia. Cualquier alteración en las condiciones económicas o climáticas, y mucho más una guerra global, podría traer consecuencias desastrosas para la alimentación.

Winston Churchill pasa revista a los soldados en 1942

Winston Churchill pasa revista a los soldados en 1942Universal History Archive/Universal Images Group via Getty Images)

Por tanto, es indudable que las circunstancias militares llevaron a que la situación, ya de por sí difícil, derivara en una trágica hambruna. Las autoridades inglesas en la India –el llamado Raj– almacenaban grandes cantidades de alimentos para las tropas que defendían el subcontinente, así como para las que se hallaban en Egipto y Oriente Medio, de modo que, en una crisis como aquella, faltaron las reservas para proveer de alimentos a los bengalíes.

Igualmente, hay que tener en cuenta que las restricciones impuestas sobre las actividades y los medios de transporte, tales como los barcos de pesca y los animales de carga, imposibilitaron el desarrollo de una sociedad dedicada a intercambios comerciales muy básicos.

La investigación actual insiste, sin embargo, en que la producción de arroz en 1943 fue suficiente para alimentar a la población bengalí. Las estadísticas indican que la hambruna no fue consecuencia de una reducción de la producción, sino que se produjo porque la distribución de alimentos se vio obstaculizada por factores económicos y administrativos que dificultaron su acceso entre las capas más humildes de la población.

En este sentido, Bengala carecía de las estructuras administrativas que, en los países avanzados, mantenían el suministro de bienes básicos en época de guerra, lo que motivó el acaparamiento, la especulación y una inflación de precios que privó a millones de personas de un régimen alimenticio básico.

¿Quién tuvo la culpa?

Un examen sin prejuicios concluiría, probablemente, que, puesto que las autoridades inglesas civiles y militares llevaban la voz cantante en el gobierno de Bengala, son ellas las que deberían cargar con la culpa de haber provocado, e incluso empeorado, la hambruna. En efecto, la administración inglesa desempeñó un papel importante en la catástrofe, pero se dieron otros factores complejos, fruto del caos creado por el contexto bélico.

Los historiadores y economistas coinciden hoy en que la política imperial británica y la ineficacia y falta de resolución de la administración colonial convirtieron una carencia de suministro alimenticio en un desastre. Así, la administración provincial fue incapaz de imponer un sistema de control de precios y permitió un mercado sin reglas, cuando su obligación hubiera sido establecer un sistema de racionamiento y castigar el acaparamiento; decisiones que hubiera tomado cualquier gobierno en época de guerra.

Agricultores arando un campo de arroz cerca de Gushkara, Bengala, 1944

Agricultores arando un campo de arroz cerca de Gushkara, Bengala, 1944Dominio público

Durante bastante tiempo, la administración colonial ni siquiera aceptó que existiese una crisis de hambre, de modo que no puso en marcha una campaña de socorro. Hoy estamos acostumbrados a esas campañas, que comenzaron durante la Guerra Civil española, cuando surgieron los masivos llamamientos internacionales para ayudar a las víctimas.

Durante los últimos meses de 1943, el gabinete inglés, encabezado por Churchill, se dio cuenta del verdadero alcance de la crisis. Fue entonces cuando el premier tomó la decisión de nombrar virrey de la India al mariscal de campo Archibald Wavell, con la misión de solucionar la cuestión de la hambruna bengalí.

Con fecha de 8 de octubre de 1943, el jefe del gobierno se dirigió al recién nombrado virrey con estas palabras: “No se debe escatimar ningún esfuerzo, incluso desviando espacio en barcos mercantes necesitados para las finalidades de la guerra, para encontrar una solución a la carencia de alimentos”.

Y reconociendo que una parte importante de los problemas tenía su origen en el conflicto entre las comunidades hindúes e islámicas, Churchill añadía: “Debe usted extremar sus esfuerzos para calmar los enfrentamientos entre hindúes y musulmanes con el fin de tranquilizar la situación y mejorar el suministro de alimentos”. El mariscal empleó el ejército y las fuerzas aéreas para transferir alimentos desde el Punjab hasta Bengala, y amenazó con castigar severamente a los acaparadores. De esta forma, se fue solucionando el problema.

Archibald Wavell en su despecho en Delhi durante la Segunda Guerra Mundial

Archibald Wavell en su despecho en Delhi durante la Segunda Guerra MundialDominio público

Por si fuera poco, Churchill pidió al presidente Roosevelt barcos mercantes para el envío de alimentos. Sin embargo, el presidente norteamericano respondió que EE. UU. necesitaba todo el espacio del que disponían sus naves para enviar fuerzas humanas y material militar al teatro del Pacífico.

Hay que admitir que la administración inglesa, radicada en Nueva Delhi, capital de la India, tardó bastante en responder a la crisis, pero lo cierto es que las administraciones provinciales encabezadas por funcionarios hindúes o musulmanes tampoco dieron muestras de urgencia. Las necesidades del ejército seguían siendo la prioridad.

¿Era Churchill racista?

Sería absurdo negar que Winston Churchill, descendiente del duque de Marlborough, poseía las actitudes y opiniones corrientes entre las personas de su clase. De vez en cuando, se refería a africanos, chinos y a los habitantes de la India en términos despectivos. Para él, la “raza” blanca era superior, y, dentro de ella, los anglosajones estaban por encima de los demás.

Como consecuencia, no vacilaba en exaltar los imperialismos, de los que el británico era el mejor, con el Raj como “la joya en medio de la Corona”. Ahora bien, tales opiniones no bastan para demostrar que Churchill dejara morir a tres millones de bengalíes.

La comparación de Helen Cammock entre Cromwell y Churchill, en el contexto de la exposición de la National Portrait Gallery, no es, pues, válida. Mientras que el primero emprendió una campaña de “pacificación” (valga el eufemismo) en Irlanda que se sustanció en una limpia étnica de la población católica, al segundo cabe achacarle no haber reaccionado a la crisis de Bengala cuando debería haberlo hecho.