
Después de meses de consultas, estudios y tratamientos, llega un momento en que ya no hay una cirugía ni una sesión de quimioterapia previstas en el calendario. Los controles siguen, pero la vida cotidiana empieza a ocupar otros espacios.
Para algunas mujeres que tuvieron cáncer de mama, esa etapa también trae preguntas. “Cuando termina el tratamiento, muchas veces pensamos que terminó todo. Pero para la mujer empieza otra etapa. Tiene que recuperar sus actividades, procesar lo que vivió y, en muchos casos, adaptarse a los cambios de su cuerpo”, señaló el doctor Juan Manuel Serén, cirujano plástico y próximo presidente de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires (SCPBA).
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En ese contexto, la reconstrucción mamaria puede ser una de las alternativas que algunas pacientes consideran después de una mastectomía (NdeR: una cirugía para extirpar parte o la totalidad del seno). La decisión, sin embargo, depende de cada caso, de las condiciones clínicas y de las expectativas.

El ginecólogo especializado en medicina reproductiva Jorge Barattini indicó que el cáncer de mama es la neoplasia más frecuente durante la etapa reproductiva de la mujer y que los programas de screening y la detección temprana elevan las tasas de curación. Por ello, sostuvo que la recuperación no debería concentrarse solo en vigilar la enfermedad.
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“Sabemos que el cáncer de mama es la neoplasia más frecuente en la etapa reproductiva de la mujer y que los programas de screening y la detección temprana mejoran las tasas de curación. Por eso, la recuperación de una paciente que atravesó un cáncer de mama no debería centrarse únicamente en los controles de la enfermedad, sino también en un abordaje multidisciplinario que, según cada caso, puede involucrar al ginecólogo, psicólogo, sexólogo, cirujano plástico, hematólogo y especialista en medicina reproductiva”, explicó Barattini.
Esa perspectiva contempla, entre otros aspectos, la fertilidad, que puede verse afectada durante el tratamiento. La preservación de la fertilidad por razones oncológicas ganó relevancia en los últimos años, sobre todo antes de comenzar terapias que pueden comprometer la función ovárica.
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“Sabemos que determinados tratamientos, como la quimioterapia, pueden afectar la función ovárica. Por eso, antes de iniciar el tratamiento, es importante evaluar las posibilidades de preservar la fertilidad, que pueden incluir la criopreservación de ovocitos, embriones o, en casos seleccionados, tejido ovárico, entre otras alternativas”, afirmó Barattini.

La mastóloga Dra. Carla Guscelli (MN 74.628) señaló que los controles posteriores son integrales y personalizados, puesto que los distintos tipos de cáncer de mama implican tratamientos diferentes. “Los controles después del cáncer de mama se hacen en forma integral y, dado que vamos a tener distintos tipos de cáncer de mama que conllevan distintos tratamientos, vamos a tener un seguimiento personalizado de acuerdo a cada caso. Pero en general vamos a tener un seguimiento oncológico y mastológico y un seguimiento de los efectos adversos de acuerdo al tratamiento instituido”, explicó.
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La Organización Mundial de la Salud considera a la rehabilitación parte de la atención integral del cáncer. Ese enfoque incluye la recuperación física, así como dimensiones psicológicas, sociales y vinculadas con la calidad de vida.
La reconstrucción puede realizarse en la misma operación de la mastectomía o mediante una segunda intervención. El tratamiento oncológico indicado, el estado general de la paciente, las condiciones de los tejidos y el tipo de cirugía son factores que inciden en esa elección.
El Dr. Guillermo Artero, cirujano plástico (MN 112.460), describió que las preocupaciones posteriores o simultáneas al tratamiento pueden estar relacionadas con la imagen corporal, las cicatrices y las asimetrías entre la mama intervenida y la contralateral. “Por eso somos muy cuidadosos: al comienzo del tratamiento hacemos lo que se llama planificación quirúrgica para ver cuál es la incisión adecuada, la cirugía adecuada, si se puede conservar o si necesitamos la realización de la mastectomía”, explicó.
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La SCPBA distingue entre reconstrucciones inmediatas y diferidas. Para estos procedimientos se pueden utilizar implantes, expansores o tejido de la propia paciente; la técnica depende de cada situación y de las condiciones de la mama después del tratamiento.
“Hay mujeres que quieren reconstruirse en el mismo momento de la mastectomía y otras que necesitan esperar. También están quienes deciden no hacerlo. No hay una respuesta correcta para todas”, planteó Serén.
De ese modo, la reconstrucción no debería convertirse en una exigencia adicional tras el cáncer. Antes de evaluar una técnica, resulta necesario conocer qué desea la paciente, qué espera del resultado y cuáles son las posibilidades médicas en su caso.
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Mientras se desarrolla el tratamiento, combatir la enfermedad ocupa el primer plano. Más tarde pueden surgir preguntas sobre la forma de vestirse, la intimidad, el reflejo en el espejo o el tiempo necesario para volver a sentirse cómoda con el propio cuerpo.
Las experiencias no son iguales. Para algunas mujeres, la reconstrucción puede contribuir a recuperar una imagen corporal con la que se sientan cómodas. Otras optan por posponerla o por no realizarla.

“Una mujer puede estar bien desde el punto de vista médico y todavía no sentirse recuperada. Son dos cosas que no siempre suceden al mismo tiempo”, señaló Juan Manuel Serén, al diferenciar la recuperación clínica de la vivencia de cada paciente.
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También pueden presentarse dificultades emocionales y sociales que no siempre son visibles desde la atención médica. “Es importante generar un abordaje centrado en la paciente, con sensibilidad y comprensión, para favorecer su calidad de vida. A lo largo del proceso pueden aparecer dificultades en la comunicación, asociadas al estrés, la angustia o la depresión, así como una disminución de las relaciones sociales, un aumento de los conflictos y cambios en la vida sexual”, afirmó Jorge Barattini.
El acompañamiento psicológico puede formar parte de esta etapa. No todas las pacientes requieren un tratamiento psicológico, pero algunas pueden necesitar un espacio para abordar miedos, transformaciones corporales, intimidad o emociones que aparecen al finalizar la fase más intensa de la atención.
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El término “reconstrucción” puede sugerir la restitución exacta de lo que existía antes de la enfermedad. Sin embargo, la cirugía busca recuperar volumen, forma y proporción según las características de cada cuerpo y las posibilidades de cada caso.
“Buscamos acompañar a la paciente después de lo que atravesó y encontrar una reconstrucción que sea adecuada para su cuerpo y para sus expectativas”, sostuvo Serén.
Según la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires, la reconstrucción mamaria procura recuperar el volumen y la forma de la mama después de una mastectomía, y puede contribuir a reducir el impacto de la intervención sobre la imagen corporal.

Por tanto, el procedimiento no implica necesariamente el cierre de una etapa ni el retorno exacto al cuerpo anterior a la enfermedad. Puede ser una herramienta dentro de un proceso más amplio, orientado a acompañar las necesidades y expectativas de cada mujer.
La recuperación tiene, además, una dimensión práctica. Después de una cirugía, la paciente necesita recuperar movilidad, controlar las molestias y reincorporarse de manera progresiva a sus actividades. Los protocolos de recuperación acelerada en cirugía mamaria se enfocaron en los últimos años en reducir el impacto del posoperatorio y facilitar esa vuelta.
“Hoy no alcanza con pensar solamente en el resultado de la cirugía. También tenemos que ocuparnos de cómo transita la mujer los días posteriores, cuándo puede movilizarse, cómo manejamos el dolor y cuándo puede volver a sus actividades”, destacó Serén.
Los plazos dependen de la técnica y de las características de cada intervención. Durante el posoperatorio pueden aparecer molestias, edema, alteraciones de la sensibilidad y otros efectos, mientras que los tiempos para retomar las actividades varían de una paciente a otra.
Tras un cáncer de mama, algunas mujeres eligen una reconstrucción inmediata; otras prefieren esperar y otras deciden no hacerlo. La información y el diálogo con el equipo médico permiten conocer las alternativas y adoptar una decisión acorde con cada situación.
“Después de un cáncer de mama tenemos que mirar a la mujer más allá de la enfermedad. La salud es lo primero, pero también importa que pueda recuperar sus actividades, sus vínculos y la relación con su propio cuerpo”, concluyó Serén.
La recuperación puede abarcar el regreso al trabajo, las salidas, el ejercicio, la elección de vestirse como antes o de otra manera, la intimidad y los proyectos. La reconstrucción mamaria puede formar parte de ese recorrido, sin definirlo, y cada mujer transita esta etapa con sus propios tiempos.