En los sistemas agropecuarios, la biodiversidad no está solo en los cultivos, los animales o los bosques. También existe una diversidad menos visible, pero decisiva: la de los microorganismos. Bacterias, hongos, virus, levaduras y otros organismos microscópicos participan en procesos productivos, sanitarios y agroindustriales. Conservarlos, conocerlos y ponerlos a disposición de la investigación es una tarea estratégica para el presente y el futuro del agro argentino.
Con ese objetivo, el INTA cuenta con la Red de Recursos Genéticos (REDGEN), una estructura nacional destinada a conservar, documentar y gestionar recursos genéticos de importancia para la agricultura y la alimentación. La red se organiza en cuatro subredes: fitogenética, zoogenética, microbiana y forestal. En conjunto, constituyen una base de diversidad genética indispensable para responder a desafíos productivos, sanitarios y ambientales.
La subred de recursos fitogenéticos conserva germoplasma de especies cultivadas y sus parientes silvestres adaptados a diferentes regiones agroclimáticas del país. La subred de recursos zoogenéticos resguarda poblaciones de razas animales y material reproductivo de interés productivo y cultural.

La subred de recursos genéticos forestales trabaja sobre especies nativas e introducidas, claves para la conservación, la restauración y el manejo sustentable de los bosques, así como para el mejoramiento genético. La subred de recursos genéticos microbianos, por su parte, preserva microorganismos útiles y también patógenos vinculados con la sanidad animal y vegetal, la agroindustria, el control biológico y el desarrollo de nuevas tecnologías.
En la Estación Experimental Agropecuaria INTA Bariloche confluyen tres de las cuatro subredes de la REDGEN, conservando recursos zoogenéticos, forestales y microbianos. En particular, la colección microbiana funciona en el Instituto de Investigaciones Forestales y Agropecuarias Bariloche (IFAB), dentro del área de Producción Animal, y está orientada principalmente a bacterias de interés veterinario.
Microorganismos con valor para la sanidad animal
La importancia de esta colección se relaciona directamente con el perfil productivo de la región. En el área de influencia de Bariloche predominan sistemas extensivos de pequeños rumiantes, ovinos y caprinos, además de producciones bovinas y acuícolas en menor escala. Por eso, gran parte de las cepas conservadas proviene de muestras recibidas y procesadas por servicios de diagnóstico, a partir del trabajo articulado entre veterinarios, productores, investigadores y personal técnico de laboratorio.

La colección conserva bacterias asociadas a enfermedades de importancia para la producción regional, entre ellas especies de los géneros Brucella, Clostridium y Corynebacterium. También se incorporaron microorganismos aislados de producciones piscícolas y apícolas, lo que amplía el alcance sanitario del banco.
El trabajo no consiste solo en guardar microorganismos. Cada cepa debe ser identificada, caracterizada y conservada en condiciones que permitan mantenerla viable y preservar sus características originales. Para ello se utilizan cultivos en laboratorio, observación al microscopio, pruebas bioquímicas y, en algunos casos, técnicas moleculares que permiten detectar o estudiar su ADN. Una vez caracterizadas, las cepas se conservan en nitrógeno líquido, a temperaturas cercanas a -196 °C.

Contar con estos microorganismos tiene aplicaciones concretas. Las cepas pueden utilizarse como material de referencia para el diagnóstico, para evaluar medios de cultivo, para estudios epidemiológicos, para investigación y para el desarrollo de vacunas o nuevas herramientas diagnósticas.
Un ejemplo de aplicación regional fue el análisis de aislamientos ovinos de Corynebacterium pseudotuberculosis provenientes de Río Negro, Chubut y Santa Cruz, utilizados en estudios orientados al desarrollo de una vacuna contra la linfadenitis caseosa, una enfermedad que afecta a pequeños rumiantes.
El desafío de sostener las colecciones
A pesar de su importancia, estos espacios requieren fortalecimiento continuo. La inversión en infraestructura, la digitalización de las colecciones y la capacitación de recursos humanos son claves para sostener y ampliar el alcance del banco.
El trabajo no consiste solo en guardar microorganismos. Cada cepa debe ser identificada, caracterizada y conservada en condiciones que permitan mantenerla viable y preservar sus características originales.
En tiempos de cambio climático, nuevas demandas productivas y desafíos sanitarios crecientes, conservar recursos genéticos microbianos es una forma de anticiparse.
El banco de microorganismos de INTA Bariloche resguarda una parte de la biodiversidad patagónica que no se ve a simple vista, pero que puede ser clave para generar conocimiento local, mejorar la sanidad animal y fortalecer sistemas productivos más sustentables.
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