Un experto en cardiología explica cómo combatir el sedentarismo para gozar de una mayor longevidad y evitar numerosas enfermedades y trastornos relacionados con la salud del corazón.
19 de agosto 2026, 09:07hs
Una visita al cardiólogo es fundamental ante síntomas de un infarto, según un cardiólogo. (Foto: Adobe Stock)
No se trata solo de vivir más tiempo: la calidad de vida también está en juego y, si queremos ser más independientes, ágiles, tener más energía y poder disfrutar de lo que nos apasiona, debemos saber que solo hay una fórmula infalible: el ejercicio.
Incluso los expertos lo confirman: si queremos aumentar la esperanza de vida, hacer ejercicio a diario es imprescindible. Sin embargo, existe una regla para reducir el riesgo de infarto recomendada por los cardiólogos y que podría ser tu arma secreta.
Al hablar de salud cardiovascular y longevidad, Aurelio Rojas señala: “Si no haces ejercicio, tu estilo de vida actual acabará dañando tu corazón”. Un estilo de vida sedentario se asocia con un riesgo significativo de enfermedad y mortalidad.
Los estudios sugieren que no es necesario matarse en el gimnasio ni correr como si fuéramos a ir a una maratón. Un poco de ejercicio es suficiente y mejor que nada y aquí es donde entra en juego su regla para reducir el riesgo de infarto.

Dar 7.000 pasos al día, una de las claves. (Foto: Adobe Stock)
Para mantener el corazón sano el mayor tiempo posible, se puede seguir la regla 7-11-4 y la falta de tiempo ya no es excusa: con esta regla, podemos reducir el riesgo de infarto hasta en un 50% y ganar energía, descansar mejor y tener menos estrés, asegura a Aurelio Rojas, quien explica cómo es la regla.
“Dar 7000 pasos al día, estacionar el auto un poco más lejos, ir caminando al trabajo siempre que puedas o bajarse una parada antes son algunas opciones. Añade 11 minutos de actividad física intensa a lo largo del día, como caminar a paso ligero o subir escaleras y realizar cuatro sesiones semanales de entrenamiento de fuerza (sentadillas, flexiones, planchas en casa). No es para que te conviertas en culturista, sino para que fortalezcas el tejido que proteger la salud y metabolismo: el músculo”, añade el doctor.

Hacer 11 minutos de actividad física intensa como subir escaleras- (Foto: Adobe Stock)
“Como cardiólogo, puedo asegurar que no hay mejor intervención que el ejercicio para reducir el cortisol, controlar el estrés crónico y proteger el corazón. Además, dormirán mejor y se sentirán con más energía durante todo el día”, expresó.
Además, dijo que no se trata solo de mejorar la salud cardiovascular, ya que, el ejercicio tiene muchos otros beneficios físicos y mentales que son difíciles de conseguir por otros medios. El especialista indicó que no hay mejor tratamiento para reducir el cortisol, controlar el estrés crónico y proteger el corazón que hacer ejercicio. Además, dormiremos mejor y tendremos más energía cada día.
Estar atentos a los síntomas
También sugiere prestar atención a los posibles síntomas de un ataque cardíaco, que deben reconocerse. Si experimentan molestias o dolor en el centro del pecho que dura más de unos minutos, o que aparece y desaparece (a menudo con sensación de presión, opresión, pesadez o ardor), debemos considerar seriamente la posibilidad de un ataque cardíaco hasta que un médico lo descarte.
Lee también Cómo identificar si un dolor en el pecho puede ser un infarto: los síntomas que requieren atención y qué medidas tomar
Si notamos estos síntomas, debemos detenernos inmediatamente, llamar a los servicios de emergencia, no conducir y no esperar a ver qué sucede. Estas son precisamente las señales de advertencia descritas en los materiales educativos de la Asociación Americana del Corazón y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, y siguen siendo la forma más segura de saber cuándo es necesario buscar atención médica de emergencia.
El experto señala además que debe tenerse precaución y que no todas las personas sienten un dolor insoportable, a veces, la señal es una extraña opresión en el pecho, cansancio excesivo en comparación con el esfuerzo físico o dificultad respiratoria repentina sin explicación aparente. El dolor puede extenderse a uno o ambos brazos (no solo al izquierdo), los hombros, la espalda, el cuello o la mandíbula; también pueden presentarse dificultad para respirar, náuseas o sudoración fría.