Reseña de ‘El final de la calle Oak’: un ataque de dinosaurios en una calle sin salida

2026/08/17

La película de dinosaurios de David Robert Mitchell tiene una rareza que es poco común en las producciones palomeras de verano.

17 de agosto 2026, 15:00hs

Reseña de 'El final de la calle Oak': un ataque de dinosaurios en una calle sin salida. (Foto: Imagen ilustrativa generada con IA)

Reseña de 'El final de la calle Oak': un ataque de dinosaurios en una calle sin salida. (Foto: Imagen ilustrativa generada con IA)

Debido a que está ambientada en 1982 e involucra a una familia nuclear estadounidense que enfrenta peligros extraordinarios, la nueva película de David Robert Mitchell seguramente será comparada con las mejores producciones de acción de Hollywood de esa década, en especial las de Steven Spielberg.

Pero lo que me vino a la mente mientras veía algunos de los paisajes en El final de la calle Oak fue el Bosco. Bien podrías cambiarle el nombre a la película por El suburbio de las delicias (y de las pesadillas), debido a las extravagantes visiones que descubrimos después de que el caos envuelve a un pacífico vecindario.

La atractiva pareja, Denise y Greg Platt (Anne Hathaway y Ewan McGregor), parece ser el pilar de un núcleo familiar perfecto, con sus hijos bien portados, Audrey (Maisy Stella) y Brian (Christian Convery), y un perro revoltoso, Starbuck (interpretado por Brisket y Buzz). Entonces, una noche, una luz brillante y un temblor similar a un terremoto trastocan su mundo, y se despiertan para encontrar una flora exótica que se extinguió hace millones de años y una serie de bestias prehistóricas. Algunas de ellas pastan pacíficamente. Otras quieren masticar cualquier cosa que se mueva, incluidos los Platt. Al final nos dan una explicación, pero es tan escasa que resulta cómicamente simbólica. La película no es para quienes requieren una justificación para lo irracional.

En las primeras escenas, Mitchell, quien también escribió el guion, sugiere con pocos recursos fisuras en la fachada de normalidad. Cada Platt parece tener un secreto o un sueño frustrado, o ambos, y los niños entristecidos escuchan las constantes discusiones de sus padres. La atmósfera distante, casi surrealista en la introducción --e incluso, de manera más audaz, cuando todo se va violentamente al traste-- les resultará familiar a quienes hayan visto las películas anteriores de Mitchell, Te sigue (2015) y El misterio de Silver Lake (2019), pero también a los fans de Sofia Coppola.

El Bosco y Coppola, la directora de Las vírgenes suicidas, suenan como referencias extrañas al hablar de una película ambientada en la década de 1980 en la que unos dinosaurios devastan un enclave suburbano, pero esa colisión es lo que distingue a El final de la calle Oak. Podrías argumentar que no es "buena" según los estándares convencionales, pero la película tiene una rareza sui géneris que es poco común en las producciones palomeras de verano. Esa cualidad se ve realzada por lo difícil que resulta saber cuánto de esto es intencional y cuánto es involuntario.

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Mitchell dirige las escenas de acción con mano firme, y el drama de los dinosaurios es certero --ojalá pudiera borrar de mi mente la imagen de una criatura particularmente repugnante que se desliza por una casa--. En ese sentido, la película cumple con su cometido.

Al mismo tiempo, Mitchell juega con nuestras expectativas y suposiciones. Cuando los Platt se arman con objetos improvisados, algunas de esas armas se utilizan de manera eficaz y otras no tanto, lo que subraya astutamente lo descabellado de las películas en las que personas normales se convierten mágicamente en expertas en usar, por ejemplo, juguetes como armas letales. Y cuando suben a su auto, Denise toma el volante y Greg va en el asiento del copiloto. Esto no solo arroja luz rápidamente sobre su relación, sino que también resalta el mandato irracional de que, por lo general, un protagonista masculino conduce mientras la mujer se sienta a su lado.

En un panorama más amplio, no hay persecuciones innecesariamente largas ni acumulaciones de suspenso, y nada se prolonga hasta volverse un aburrido exceso. Las conversaciones íntimas son pocas y concisas; las muertes son brutales y rápidas. Sin importar la situación, la película, que tiene una duración refrescantemente breve, avanza rápido.

Mitchell también presenta premisas o rasgos de los personajes, y luego procede a ignorarlos. Audrey, por ejemplo, es descrita desde el principio como una fanática del espacio que escudriña el cielo nocturno. Al combinar esa información con un tentador fragmento de noticias sobre extrañas erupciones solares, esperas que ella descubra la explicación de lo que está pasando y asuma el liderazgo para encontrar una solución. Pero, aunque ella resulta un tanto útil, la película toma otra dirección respecto a cómo el suceso cambia a Audrey.

Porque, sí, por supuesto, los Platt cambian a raíz de su calvario, y en eso, Mitchell se apega a la fórmula. Pero su yuxtaposición directa de cierta idea del sueño americano con un caos incomprensible que desafía el orden natural es el punto más interesante de la película. Lo extraño nos rodea. También puede estar en nuestro interior. Simplemente descubrimos cómo vivir con ello.

El final de la calle OakClasificación PG-13 por lenguaje, estallidos de violencia y un monstruo prehistórico particularmente espantoso. Duración: 1 hora y 40 minutos. En cines.