En su última intervención pública aparte de su dramática alocución en el Congreso pidiendo el voto para los decretos sobre la vivienda, el jueves pasado, en el Foro Atlántico de la Toja, Pedro Sánchez, hizo escasas alusiones a la situación de la economía española. Tal vez porque su auditorio, mayoritariamente empresarial, no necesitaba muchos recordatorios sobre lo bien que le van las cosas. Más probablemente porque el presidente del gobierno sabía lo mucho que se jugaba en la votación del día siguiente y por eso fue al grano.
Ese día, sus asesores aún especulaban con la posibilidad de que Junts acabara inclinándose por una especie de “sí crítico” al decreto de vivienda, a lo PNV, que permitiera al ejecutivo presentarlo como una gran victoria política y prueba de que la mayoría de la investidura seguía viva. Una dosis adicional de gasolina con la que estirar unos meses más la legislatura. Eso era apenas tres horas antes de que los dirigentes del partido de Carles Puigdemont se reunieran para inclinar el pulgar y condenar la norma.
Una esperanza bastante naif, pues Junts es un partido de centroderecha, conservador, defensor del derecho a la propiedad por encima de otros muchos y cuyo electorado - el que le quede, pues es difícil saber cuál es tras nueve años con su principal dirigente fuera del país y las fuerzas de extrema derecha independentista, Aliança Catalana, segándole la hierba bajo sus pies- no gusta de medidas que pongan en cuestión o limiten su margen de maniobra con el principal destino de sus ahorros, la propiedad inmobiliaria, el piso o los pisos, según la capacidad económica de esos sectores de clase media. Esperar lo contrario era apelar a la eutanasia política.
La votación dejó claro una vez más que el cemento de la mayoría de la investidura no era un programa socioeconómico si no uno exclusivamente político, la amnistía, la reconducción de la crisis política derivada del procés en Catalunya y que intentar llevarla más allá solo produciría frustración. Independientemente de lo que se piensa sobre los decretos de la vivienda y de cuál sea la mejor solución para el drama social que representa, era una misión imposible asociar el futuro del decreto a un arco político tan diverso como el que va de Podemos a Junts. Y el asunto de la vivienda es tan complejo que, electoralmente, lo carga el diablo; nada es lo que parece, el sentido del voto de los electores está lejos de ser evidente. Muchos de ellos accedieron a una segunda propiedad sin imaginar que un día eso iba a ser un problema social; ahora el algoritmo ya decide por ellos.

El electorado de Junts no estaba por la labor; la mayoría de investidura no comparte proyecto económico
Se puede pensar que Sánchez se equivocó al no ver esa realidad y creer que bastaría la presión política, mediática y de la calle, para salir con vida. Si fue así, la leyenda del Manual de resistencia habrá perdido muchos enteros. Aunque también es legítimo intuir que el desenlace final ya formaba parte del guión o era uno de los posibles escenarios y por lo tanto que la salida de las elecciones anticipadas también estaba inscrita desde el primer momento. Al fin y a cabo, convocarlas con el argumento de que el drama existencial más grave de los españoles, el acceso a la vivienda, no puede acometerse con la actual composición parlamentaria, no es un mal relato para apelar al voto.
¿Es un buen momento? Las variables políticas están definidas por la demoscopia, las estimaciones sobre el voto, forman parte del resumen diario que recibe Sánchez y el resto de los líderes políticos. Hasta ahora todas dan una holgada mayoría a la alianza entre el PP y la ultraderecha de Vox. Por eso, Alberto Núñez Feijoó pide elecciones día sí y día también. Tiene la presidencia del gobierno al alcance de la mano y no quiere dejarla escapar... no sea que le pase como en julio del 2023 y un imprevisto le deje con la miel en los labios.
Uno de los empresarios más importantes de España, presidente de una gran compañía, presente en La Toja, descartaba que Sánchez fuera a adelantar elecciones: “Cuando yo tengo que tomar una decisión y hay dos salidas y la primera supone el fin, opto siempre por la segunda, gano tiempo y el escenario puede cambiar”. Pero la política no se resume en un remedo de gestión empresarial menos científica; incorpora muchos más elementos que van más allá de una hoja de cálculo y una cuenta de resultados. El líder político debe interpretar dinámicas, clima social y previsión de acontecimientos futuros. Es decir, tal vez sí, el ejecutivo tenga razón; tal vez, no.
Al argumento citado sobre la narrativa que podría tener Sánchez al alcance de la mano para adelantar, buscar una mayoría capaz de enfrentar la crisis de la vivienda, se le podría añadir el de la economía. Crece, crea empleo y empieza a tener controladas alguna de las variables más complicadas de las cuentas públicas, como la deuda ya casi por debajo del 100% del PIB gracias precisamente al buen momento de la actividad general. Sobre ella sobrevuelan algunas nubes, la mayoría resumidas en la subida de los precios, la inflación, debida a una causa exógena, las guerras desatadas por dos personajes de pesadilla, Donald Trump y Vladimir Putin
¿Cuánto durará la bonanza sin que los efectos de la escalada de precios provoquen enfado social?
¿Cuánto tiempo durará esta bonanza sin que los efectos de la escalada de precios y la pérdida de dinamismo de las grandes economías afecten al desempeño español y al humor ciudadano? La respuesta define cuál sería el mejor momento para la convocatoria electoral. Aunque, como dijo, también en La Toja, Salvador Illa, una de las grandes víctimas de un anticipo electoral, que le dejaría, esta vez seguro, sin nueva financiación, la desgracia para el gobierno español es que las mejoras de salarios y las ayudas para contrarrestar el encarecimiento de la vida son absorbidas con creces por el disparatado precio de la vivienda. Las mejoras no se notan en el bolsillo al final de mes. Y es poco probable que los ciudadanos se manifesten a las puertas de la Casa Blanca o del Kremlin por el deterioro de la economía.

Adjunto al director de La Vanguardia. Periodista especializado en información económica