Sebastián Estevanez: el grave accidente que tuvo, su radical cambio laboral y el gran amor de su vida - LA NACION

2026/09/21

Fue galán de muchas telenovelas y sedujo a todos con su alegría y su ancha sonrisa. Pero hace unos años Sebastián Estevanez sintió que ya no tenía ganas de actuar y hoy se dedica al negocio inmobiliario. Su vida dio un giro de 180 grados y ahora tiene más tiempo para compartir con su mujer desde hace veinticuatro años, la exmodelo Ivana Saccani, y acompañar a sus cuatro hijos: Francesca (19), Benicio (16), Valentino (11) y Faustino (4). Sin embargo, no descarta volver a actuar aunque la posibilidad de hacer la segunda parte de Dulce amor con Carina Zampini está en pausa.

De todo eso conversó en una charla íntima con LA NACION, y se emocionó cuando recordó el grave accidente automovilístico que lo llevó al borde de la muerte y otro accidente más reciente, cuando quiso avivar el fuego de la chimenea de su casa y se quemó la cara. Además, recordó cómo era su vida antes de ser famoso y cómo, sin buscarlo, debutó en televisión junto a Arnaldo André, en la novela Gino.

"Quería otra vida y tener más tiempo para la familia", justifica su alejamiento de la actuación Alejandro Guyot

-¿En qué andás, Sebastián?

-Estoy en el negocio inmobiliario. Aprendiendo, creciendo. Todo arrancó con una casa que reformamos con Ivana, que era la nuestra. Y después la vendimos. Lo mismo nos volvió a pasar una vez más, y entonces, lo vi como una posible salida laboral porque ya hacía tiempo que no estaba actuando. Justo estaba tratando de encontrar algo que me gustara y se dio. Ivana también me ayuda y lo disfrutamos, la verdad. Es un emprendimiento familiar. La primera vez, confieso, no nos salió bien, pero insistimos porque sentí que era una asignatura pendiente. De todo se aprende (risas). Ya sabía qué era lo que no tenía que hacer.

-¿Cómo vivís este rotundo cambio de vida?

-Está buenísimo, porque tengo un poco más tiempo que antes. En realidad, puedo manejar mejor el tiempo, y puedo ir a un acto del colegio de mis hijos, acompañarlos, puedo seguir jugando a la pelota.

-¿Por qué dejaste de actuar?

-Lo último que hice fue Separadas, en Polka, y paramos por la pandemia. Para entonces ya había tomado la decisión de dejar de actuar. No sabría decir por qué, sinceramente.

-Pero algo debe haber pasado…

-No sé… Necesitaba manejar mis tiempos. Durante muchos años grabé doce, catorce horas diarias. Quería otra vida y tener más tiempo para la familia. Y me veía un poco más grande también (risas).

-Hay personajes para todas las edades…

-Ya sé… Estoy poniendo excusas (risas). Pero no sé bien qué fue. Sentía que tenía que hacer otra cosa. Quizá el día de mañana me pica otra vez el bichito y vuelvo a actuar. Pero estoy contento, estoy bien. Me veo bien, me siento bien. Tenemos una buena relación con Ivana y con los chicos; los disfruto mucho. Con Ivana hacemos un buen equipo.

Dice que se hizo actor por casualidad Alejandro Guyot

-Sos dueño de tu tiempo…

-Claro. Antes tenía que cumplir horarios. Me encantaba y amaba lo que hacía, pero también amo lo que hago ahora. Aunque un poquito extraño. Hace poco fui como invitado a Otro día perdido (eltrece) y me emocioné cuando vi a los técnicos, las cámaras, las luces. Me da nostalgia.

-Se dijo que se iba a hacer la continuación de Dulce amor, ¿qué pasó con eso?

-Se habló en un momento... Si me empujan, me parece que vuelvo (risas). Llegamos a tener reuniones con la gente de Telefe, estaban empezando a negociar, pero está difícil porque no hay ficción. Por ahora está frenado.

-¿Con Carina Zampini llegaste a hablar?

-Sí, y cada tanto hablamos con Carina.

-¿Fue tu mejor heroína?

-Tuve rebuenas compañeras: Cari, Viviana Saccone, Mónica Antonópoulos, Melina Petriella, Gabriela Sari, Mónica Ayos, Luz Cipriota, Eleonora Wexler, Agustina Cherri, Betina O’Connell.

Un amor para toda la vida

-¿Nunca te enamoraste de una compañera de trabajo?

-No, nunca. Además, ya estaba con Ivana…

-¿Dónde se conocieron?

-En un desfile en Campana. Me invitaron y ella desfilaba. Me acuerdo de que la vi de lejos y me agarró una cosa en el estómago. Y cada vez que me acercaba, mi corazón hacía “boom, boom, boom”. Cuando la saludé, pensé: “Me caso”.

Sebastian Estevanez, junto a su esposa Ivana Saccani

-Y cumpliste…

-Sí (risas). Estuvimos tres años de novios y nos casamos. A los tres años ya nació Francesca, después nacieron Benicio, Valentino y Faustino.

-Las relaciones largas no son fáciles, ¿tienen algún secreto?

-Yo creo que los dos sentimos lo mismo que nos pasó cuando nos conocimos. El amor sigue intacto. Son esas cosas que no podés explicar. Ojalá que nos dure toda la vida.

De la realidad a la ficción

-¿Te acordás cómo fue que empezaste a actuar? Porque no era tu deseo ser actor.

-Debuté en la novela Gino… Era utilero en los Estudios Pampa, en Martínez. Iba al Mercado Central, compraba las frutas, armaba la verdulería y un día me dijeron que faltaba alguien que estuviera en la verdulería, en la novela. Tenía que hacer lo que hacía en la vida real, pero en la ficción. Además, había trabajado en una verdulería con mi abuela materna… Lo único diferente es que una cámara iba a estar filmando, pero era lo mismo.

-Y dijiste que sí…

-Primero dije que no, porque nunca se me había ocurrido ser actor. Y después, Marcela Citterio que era la autora, me alentó; me dijo que me veía. Y mi papá (el productor Enrique Estevanez) también me dijo que si podía plasmar un poco lo que era en la vida, me iba a ir bien. Y ahí arranqué.

Con Carina Zampini, en Dulce amorPrensa Telefe - Archivo

-¿Y ahí te gustó?

-Sí, me encantó. Me dio un poco de miedo porque la primera escena fue con Arnaldo André… Yo era utilero y además era asistente de producción. Entonces, le llevaba el cafecito de Arnaldo, lo atendía en lo que necesitaba... Y Arnaldo me decía: “Lo mismo que hacés todos los días conmigo, vas a hacer en la novela. Vos relajate y disfrutá”. En esa primera escena, Arnaldo me hizo reír mucho, me acuerdo, y quedaba natural. La pasábamos muy bien también con Enzo Viena y Katja Alemann.

-Y una novela fue llevando a la otra hasta que protagonizaste…

-Me costó llegar a ser protagonista. De Gino fui a Como vos y yo. Todos los actores con los que trabajé me ayudaron un montón. Al toque empecé a estudiar teatro, porque no había estudiado nunca nada y quería tener herramientas. Ahí tomé dimensión de lo que estaba haciendo y entendí que debería haber estudiado primero (risas). Fue todo un aprendizaje sobre la marcha. Como la residencia de un médico.

-Tal vez tuviste esa oportunidad porque tu papá producía esas novelas…

-Sí. Mi papá me dio esa primera oportunidad y después me la fui ganando, con el tiempo. Siempre fui bastante desenvuelto y él me decía que si podía ser yo mismo en la tele, me iba a ir bien. Antes de ser actor tuve un montón de trabajos: laburé en la verdulería de mi abuela materna, fui profesor en un gimnasio también fui profesor de paddle, tuve un taller de chapa y pintura con un amigo. Entonces, era reflejar en los personajes todos esos trabajos que había hecho en la vida real.

-Sos un buscavidas...

-Mi viejo también fue un buscavidas… Fue tornero matricero, chapista. Fue un poco la idea de la novela Los buscas de siempre… En esa novela tuve un papel más importante, el Beto Santana. Venía de hacer Como vos y yo y en el estudio de al lado estaban haciendo el casting así que me presenté y el canal lo aprobó, al igual que Pablo Echarri, Citterio, la autora, y Huguito Moser, que era el director. Sentí que el personaje era parecido a lo que yo había vivido y me emocioné en el casting… Era un jugador de fútbol reconocido a quien le decían que no podía jugar más… Y yo jugaba en GEBA y había tenido un accidente grave hacía poco en el que casi perdí la vida. De alguna manera, me sentía más maduro porque había peleado por vivir. Después hice Franco Buenaventura el profe… No me fue fácil protagonizar. Me costó. Creo que la primera novela que protagonicé fue La ley del amor.

Al borde de la muerte

-Decías que tuviste un accidente grave, ¿qué te pasó?

-Iba manejando en Uruguay y volé por la ventana de un auto, a 140 kilómetros por hora. Iba con mi hermana y dos amigos que no se hicieron nada; el auto dio cinco vueltas… Había una curva y me la tragué. Me perforé los pulmones… Me llevaron en ambulancia con el tubito en la boca para poder respirar. Entré a la guardia en coma cuatro y con 4% de probabilidad de vida. Estuve 17 días peleándola. Estaba inconsciente, pero tengo el recuerdo de que quería vivir. No sé cómo explicarlo, pero no me quería ir.

"Entré a la guardia en coma cuatro, y con 4% de probabilidad de vida", cuenta sobre su accidente Alejandro Guyot

-Tenías un montón por vivir todavía...

-Sí. Y soñaba con mis hermanos, con mis viejos, con mis amigos. Soñaba que quería estar con ellos (se emociona). Después tuve una rehabilitación larga en Buenos Aires. Creo que todo lo que me pasó también me acomodó la cabeza. Me hizo valorar lo que tenía. Me hizo mejor persona.

-En pandemia tuviste otro accidente, esa vez con el fuego. ¿Tuviste miedo?

-Mucho. Estábamos en casa, pensé que la chimenea estaba apagada y le tiré alcohol. Y no estaba apagada... Estaba a la altura de los ojos y me quemé la cara. Por suerte había un médico que vivía a dos cuadras de mi casa y me salvó la vida. Después vino la ambulancia también. Me acuerdo de que no quería internarme tampoco porque tenía miedo de morirme de Covid. Fue en plena pandemia, en el invierno de 2020. Me quería quedar en mi casa. El doctor Gustavo San Pietro, que es mi amigo, me ayudó mucho en la rehabilitación y casi no me quedaron marcas; muy poquito.

-¿Tuviste que hacerte alguna operación?

-No. Muchas cremas, y él venía y me curaba en casa. Me sacaba la piel… Quedaba en carne viva. Eso fue durante tres o cuatro meses. Son vivencias fuertes que me cambiaron la cabeza. Me quedé con el lado positivo… Tuve a mi familia cerca, a mis amigos, el trabajo que me gustaba. No sé si hubiese podido hacer todo lo que hice si no hubiera tenido ese primer accidente. Un poco lo agradezco hoy, con el diario del lunes y sabiendo que todo salió bien.

-Finalmente, ¿te vamos a volver a ver en la tele?

-Tal vez [risas]. Un amigo me llamó para hacer una serie vertical. No estoy convencido todavía.

-¿Y qué te dice Ivana?

-Que haga lo que sienta. Es una genia Ivana. Me rebanca en todo. Así que no está dicha la última palabra.

-Todo está en tus manos, entonces…

-Sí... A veces pienso que mi decisión está ligada, de alguna manera, a que mi papá haya dejado de producir … Son cosas que están unidas… Pero no de una forma consciente… Mi sueño es ver la televisión explotada de ficción. No lo digo por mí, sino por todos. Tenemos mucho talento y durante años la Argentina exportó ficciones. Ojalá vuelva todo eso… Sería espectacular que haya laburo para todo el mundo.