Jesús Lillo: Será el telediario de vuestras vidas

2026/10/22

Jesús Lillo

22/10/2026

Actualizado a las 06:43h.

Lo mejor de 'El telediario de nuestras vidas' que el pasado lunes nos endiñó TVE fue, a toro pasado, valga la redundancia, la protesta de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica, que vio poco espíritu antifranquista en el especial de la emisora pública, y eso que Pepa Bueno echó el resto para convertir la historia de los últimos setenta años en un programa de mano marcado por la desproporción jerárquica y la irrelevancia histórica de gran parte de sus contenidos, seleccionados y ordenados a partir de los patrones memorísticos e inmemoriales del sanchismo. Cabe recordar que tampoco fue del gusto de los videntes de la ARMH, gente que habla con los muertos, el documental 'Las horas perdidas', dedicado a Lorca y emitido por TVE a finales de septiembre, por el mismo motivo. «Todos queremos más», que cantaba Alberto Castillo.

Tiene la ARMH una entrada en el sitio de su nostalgia –'Cuentas claras' se llama– dedicado a la auditoría interna de la gestión de los fondos públicos que recibe para ir tirando. Deben de andar muy tiesos, porque desde el ejercicio de 2012 no publican nada. O les han cerrado el grifo –y de ahí su enfado con TVE, regada a manguerazos– o no dan abasto con tanto billete. La tercera hipótesis, no descartable, es que se hayan dejado llevar por el instinto para anclarse en el pasado, también por lo contable.

El caso es que a los de la ARMH les pareció poco antifranquista el petardo de TVE, y eso que Pepa Bueno –sin doblar en las escenas de acción más escalofriantes, como Tom Cruise, dos años mayor– se ensañó con el Caudillo con el arrojo reglamentario de la España que avanza. La democracia no se vende, se defiende, con camiseta verde y de negro los viernes.

Además de pandillero, empalagoso y autobombero, 'El telediario de nuestras vidas' fue terriblemente previsible: cualquier aplicación gratuita de inteligencia artificial hubiera adivinado, con un margen de error marginal, la elección, la contextualización y la interpretación de cada uno de los bloques que compusieron el bodrio, guionizado en función del sesgo narrativo que en esta hora de España y en TVE deforma la actualidad para presentarla como una caricaturesca lucha entre los monstruos de la caverna y los señores de la luz. Aplicar al pasado los patrones del presente para fabricar memoria histórica resulta ya incluso académico. Rebobinar la cinta televisiva de los últimos setenta años para hacerla coincidir con el catecismo sanchista es para nota.