Jodie Padilla Lozano: Sororidad | Columnistas | Opinión

2026/08/29

29 de agosto, 2026 - 06h30

Hace casi diez años fui la moderadora del panel “Las mujeres de Matilde”, con Silvia Buendía, Melissa Nebot, Cecilia Paredes y Nelsa Curbelo.

Era un conversatorio que recordaba las conquistas de Matilde Hidalgo –pionera del sufragio femenino de Latinoamérica– y su legado para las nuevas generaciones.

Confieso que en ese momento sentí un mar de emociones, era una joven activista digital, emocionada, nerviosa y novata, que apenas comenzaba su misión por rescatar el legado de Matilde en la era digital.

Todo lo que dijo Silvia ese día era completamente nuevo para mí.

Escuchaba, pero no comprendía; inclusive me confundía la forma en la que hablaba sobre la equidad de género, me llamaba la atención que una mujer tan dulce, tan sonriente y carismática, de repente alzara el tono y dijera con molestia, urgencia y preocupación que la inequidad continuaba, que la misión de Matilde no se había logrado en su totalidad. Escuchar que aquello por lo que mi tía bisabuela luchó era aún una obra inconclusa caló muy profundo en mí.

Silvia despertó en mí una gran curiosidad, motivación y creatividad. Seguí yendo a otros eventos en los que ella era la panelista, aprendí muchísimo y así escuché la palabra “sororidad” por primera vez.

Era un término nuevo que recientemente había sido incorporado por la Real Academia Española y que significaba “relación de solidaridad entre las mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento”.

Yo no estaba relacionada con esa terminología, yo solo había escuchado que “el peor enemigo de una mujer es otra mujer”, como consecuencia de la inclusión femenina al mercado laboral. Y en ese punto ninguna de las dos ideas me terminaba de convencer.

Pasó un año y comencé a escribir en mi blog personal. Lo que leía, escuchaba y vivía, comenzaba a empatar con las sabias palabras de Silvia, activista y abogada que luchó con coraje por la equidad y la inclusión.

Y entonces Silvia sorprendió gratamente a mi versión de 27 años, a esa joven que escribía en su blog como medio de escape para hablar de esos temas ajenos a los de su vida profesional y a sus textos de investigación científica. Me dio la oportunidad de escribir mi primera columna en un diario nacional, sección “Sororidad”.

Ella me abrió una puerta que veía gigante; fue la que me habló sobre las dinámicas de poder, los roles de género, la importancia del voto femenino y la necesidad de poder elegir. Pero también fue el inicio de lo que hoy es una realidad para mí: “La mejor aliada de una mujer es otra mujer”.

En retrospectiva, cada buena noticia que recibí en mi vida profesional involucró una recomendación, una oportunidad o una contratación bajo el liderazgo de una mujer. Por eso, hoy también cuestiono que haya “personas que se van antes de tiempo”, porque hay personas que explotaron cada segundo del reloj, viviendo con plenitud, intensidad y libertad, que cumplieron sus sueños y ambiciones, que trascienden con su obra, que inspiran a otros a seguir trabajando; que seguirán viviendo como Silvia. (O)