21 de agosto, 2026 - 07h00
Toda mi vida he sido asegurador y reasegurador. También fui profesor en la Universidad Católica de Guayaquil de Filosofía de la Historia y Humanismo. Ya estoy jubilado, pero el asunto de los terremotos no me es ajeno pues tuve que estudiarlo. Es posible contratar seguros para amparar sus destructivos efectos económicos. Se lo hace como una cláusula adicional en las pólizas de incendio. Para cotizar el costo de la prima de estos seguros, los actuarios tienen en cuenta, entre otros factores, el periodo de recurrencia. Es decir, cada cuántos años se produce en un país
un sismo de efectos catastróficos. En nuestro país, desde la conquista española al comenzar el siglo XVI, se tiene una secuencia de 80 a 120 años. Los últimos sismos graves fueron en mayo de 1942, luego el que destruyó Ambato y Pelileo en 1948. También el de Atacames en 2016.
Muchas personas conocen que los terremotos se producen por el choque de enormes placas tectónicas subterráneas, que genera una onda energética que se desplaza desde el hipocentro (lugar del choque) hasta el epicentro en la superficie del planeta. Si el epicentro es en un lugar habitado, se producen los daños y pérdidas que lamentamos. No se sabe todavía cuál sea la fuerza que genera los choques de las placas. Sabemos que estamos en lo que se llama el Cinturón de Fuego del Pacífico y por lo tanto expuestos a sufrir fuertes temblores. Tampoco es posible predecir cuándo y en qué sitio ocurrirán. Pero sí podemos tomar decisiones importantes:
En primer lugar, construir bien los edificios, especialmente los que van a albergar hospitales y centros educativos. Hay un Código de la Construcción cuyo cumplimiento debe ser exigido por los municipios antes de dar el permiso necesario. Las estructuras deben ser sismorresistentes para que soporten las distintas ondas que genera el terremoto.
Utilizar los materiales adecuados. En algunas partes se descubrió que, para ahorrar costos, se usó arena del mar. Esa construcción se desmorona. El fierro que se usa en la estructura debe tener el espesor que aconsejen los ingenieros estructuralistas y usar los alambres debidos. En Guayaquil, en 1942, se descubrió que en un edificio se habían usado sogas para amarrar los fierros.
Contratar un seguro de terremoto. Los empresarios deben considerar que las primas de las pólizas que cubren daños son parte obligada de los costos de precios de bienes y servicios. Por ejemplo, la Ley de Propiedad Horizontal y el Reglamento respectivo obligan a contratar el seguro de incendio y daños de ascensor. También debería disponer que se contrate el de terremoto, que es una cobertura anexa a la de incendio.
Debo insistir en el especial cuidado que se debe tener cuando se calculen las estructuras de edificios destinados a ser escuelas y hospitales. Los unos porque debemos ser muy exigentes en el cuidado de nuestros niños y jóvenes. La prudencia es imprescindible. Además, hacer simulacros con prudente frecuencia, para que sepan qué hacer cuando nos toque la desgracia.
Si colapsan los hospitales y clínicas, ¿dónde puede llevar la gente a sus heridos en caso de un fuerte sismo? (O)