Juan B. Cañellas Santiago de Compostela
Actualizado Martes, 11 agosto 2026 - 01:29
«Satisfecho». Ése fue el balance que Alfonso Rueda hizo de su viaje a China el pasado abril. Durante tres días, el presidente de la Xunta desplegó una agenda empresarial en la que SAIC Motor ocupó un lugar central. Visitó en Shanghái sus instalaciones de investigación y desarrollo, se reunió en Pekín con el presidente del grupo, Xiaoqiu Wang, y terminó el recorrido en Zhengzhou, donde conoció una de sus fábricas de baterías. Regresó sin anuncio, aunque convencido de que Galicia había logrado demostrar que invertir allí era «una muy buena idea».
A partir de entonces, sin embargo, imperó la discreción. Cada vez que se le preguntaba por SAIC, Rueda reclamaba «prudencia» y evitaba anticipar una decisión que correspondía a la multinacional. La Xunta llevó las conversaciones con el máximo sigilo para evitar que la operación descarrilase, mientras el fabricante chino, propietario de MG, estudiaba dónde instalar su primera gran base industrial en Europa y Galicia competía con otras alternativas dentro y fuera de la comunidad.
Sobre la mesa llegaron a estar la Plataforma Logística de Salvaterra-As Neves, con salida natural por Vigo, y opciones vinculadas a los puertos de La Coruña y Ferrol. También Gijón apareció entre las posibilidades estudiadas fuera de Galicia.
Pero a principios de junio Rueda ya pudo levantar parte de aquel secreto y anunciar lo que calificó de «hito histórico»: SAIC había escogido finalmente Ferrolterra y As Pontes para instalar su primer centro industrial y logístico en la UE, una operación de cerca de 200 millones de euros que contempla 1.000 empleos directos en Ferrol, otros 1.000 indirectos y alrededor de 300 puestos adicionales en As Pontes, con capacidad para producir hasta 120.000 coches al año.
La comparación da la medida del proyecto. Según los datos del Clúster de Automoción y Movilidad de Galicia (Ceaga), el sector invirtió 179 millones de euros en 2025. SAIC plantea desembolsar por sí sola una cantidad muy superior en una industria que el año pasado facturó 13.300 millones, exportó 9.125 millones y mantiene 23.900 puestos directos, alrededor del 12% de todo el empleo industrial de la comunidad.

El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, el pasado julio, durante el acto de recepción del primer buque transportador de vehículos de SAIC Motor.Raúl LombaEuropa Press
En Ferrol, además, el impacto sería especialmente visible. La ciudad cerró julio con 3.579 parados registrados, de modo que los 1.000 empleos directos previstos por la compañía china equivaldrían, en términos comparativos, a alrededor del 28% del desempleo actual del municipio. De ellos, 540 estarían ligados a la producción y 460 a la logística, mientras la compañía prevé «aumentar progresivamente» el peso de los componentes fabricados en Galicia y atraer a nuevos proveedores.
La Xunta activó la 'vía rápida' para agilizar su tramitación
Para el gigante chino, producir dentro de Europa ofrece además una ventaja evidente frente a los aranceles de hasta el 45% que la UE aplica a los coches eléctricos fabricados en China. El incentivo es especialmente relevante para una compañía que vendió 4,5 millones de vehículos en 2025 y superó las 300.000 unidades de MG en Europa, un mercado que podría abastecer en parte desde territorio comunitario y con menor exposición a esas barreras comerciales.
La relación había avanzado hasta el punto de que SAIC empezó a operar en Ferrol antes incluso de que arrancasen las obras. El 9 de julio, un buque de la compañía atracó en el puerto exterior con unos 700 vehículos MG en un desembarco de marcado carácter institucional, con recepción oficial e intercambio de regalos. Para entonces, la Xunta ya había activado la vía rápida al declarar la iniciativa Proyecto Industrial Estratégico (PIE), una figura que permite agilizar su tramitación, con el objetivo de completar las autorizaciones en 2026, iniciar las obras en 2027 y comenzar a producir en 2028.
SAIC estudió Vigo y el Puerto de La Coruña como alternativas
De ahí la perplejidad expresada ayer por Rueda ante las dudas de Defensa y el CNI por la proximidad de la futura planta al arsenal militar y a los astilleros de Navantia, unas reservas de las que recalcó que «nunca» tuvo conocimiento durante una negociación de más de medio año en la que también participó el Gobierno central.
Corresponde ahora al Ejecutivo de Sánchez aclarar el alcance de esos riesgos, porque buena parte de las decisiones que pueden condicionarlos quedan fuera de las competencias autonómicas. Entre ellas figuran la autorización estatal a la inversión extranjera, que deberá pasar por el Consejo de Ministros.
El posible revés llega, además, en un momento delicado para la industria gallega, después del archivo de la macrocelulosa de Altri y con numerosos proyectos eólicos aún paralizados.
SAIC se había convertido precisamente en una de las grandes pruebas de la imagen de Galicia como destino «fiable» para invertir: 200 millones para producir 120.000 coches al año. Que las dudas aparezcan ahora explica el temor a que otra de sus grandes apuestas industriales termine frustrándose.