Trump impulsa la candidatura presidencial de JD Vance frente a Marco Rubio sin abandonar su obsesión de repetir en 2028

2026/08/08

Si no conociésemos a Donald Trump, podríamos pensar que ya ha elegido a su caballo: JD Vance. Es joven, conecta con el movimiento MAGA y le debe su carrera política, a diferencia de Marco Rubio, que ya era senador republicano y líder de la minoría hispana conservadora antes del apogeo trumpista.

Como lo conocemos, hemos de entender que la "confesión" a los donantes tiene más que ver con el juego de poder que lleva azuzando durante el último año y, probablemente, al público que tuviera delante ese día. Trump solo se compromete con los ganadores. Y no tiene claro quién va a salir victorioso de la batalla entre sus dos delfines.

El secretario de Estado, Marco Rubio, asiste a un almuerzo de trabajo en la cumbre Escudo de las Américas en el Trump National Doral Miami.

Por ello, en los últimos meses se ha limitado a sugerir en público que ambos formarían una buena candidatura conjunta y ha declinado repetidamente especificar a quién preferiría en cabeza.

Sin embargo, esta filtración puede marcar un antes y un después en la carrera presidencial: un asesor de Trump asegura que el magnate neoyorquino ya ha resuelto en privado que Vance será el heredero del Partido Republicano, pero que aún es "demasiado pronto" para determinar cuándo anunciará el vicepresidente su candidatura o cuándo le respaldará el presidente públicamente.

No lo tienen tan claro otros seis asesores y aliados del entorno presidencial, que matizan ese relato hasta casi desmontarlo. Ninguno de ellos está convencido de que Trump se haya decidido por Vance, y todos señalan que el presidente dice cosas distintas a personas distintas y todavía podría cambiar de opinión sobre a quién avalar en 2028.

Uno de estos altos funcionarios de la Casa Blanca informó de una escena casi surrealista: a finales del mes pasado, durante un vuelo en el helicóptero presidencial Marine One, Trump se dedicó a sondear a su personal sobre cuál de los dos les parecía mejor.

JD Vance y su esposa Usha rezan durante la misa inaugural del Papa León XIV en el Vaticano.

JD Vance y su esposa Usha rezan durante la misa inaugural del Papa León XIV en el Vaticano.

Reuters

"Cualquiera que dé por hecho que está atado se está adelantando muchísimo, o simplemente no conoce muy bien al presidente", resumió ese mismo responsable.

En Trumpworld, además, existe un amplio consenso sobre que el presidente retrasará cualquier respaldo formal para evitar dar la impresión de que es un "pato cojo", como se conoce en la jerga política estadounidense a un presidente que no puede renovar su mandato.

A todo esto, ni Vance ni Rubio han confirmado sus planes. Personas que han hablado con el vicepresidente sobre el asunto contaron al Post a principios de año que todavía no había tomado una decisión, y alguien de su entorno precisó que la aplazaría hasta después del nacimiento de su cuarto hijo, que llegó el 19 de julio.

El propio Vance declaró a la CBS en junio que lo hablaría con su mujer después de las elecciones legislativas de noviembre, aunque añadió que no tenía "ninguna duda de que el presidente de Estados Unidos va a apoyar" la decisión que tome. Un portavoz de Rubio declinó hacer comentarios.

Lo que dicen las encuestas

Si la competición se ha reavivado, se debe en buena medida a que la ventaja de Vance en las encuestas se ha evaporado en los últimos seis meses. Un estudio del Emerson College Polling situó en mayo al vicepresidente en el 36% de apoyo entre los votantes de las primarias republicanas y a Rubio en el 35%, es decir, prácticamente empatados.

Ron DeSantis y Nikki Haley se quedaban en un 5% cada uno y un 15% de los encuestados se declaraba indeciso. La comparación con febrero es demoledora: entonces Vance obtenía el 52% y Rubio el 20%.

El gobernador de Florida, Ron DeSantis, pronuncia un discurso en la cumbre anual del grupo Mamás por la libertad este viernes.

"Se ha convertido en una carrera de dos caballos cuando antes Vance parecía que competía en solitario", resumió Spencer Kimball, director ejecutivo de Emerson College Polling.

Una segunda medición de la misma casa, realizada el 19 y el 20 de julio, mantuvo la fotografía: Vance en el 39% y Rubio en el 38%, con DeSantis y Donald Trump Jr. en el 5%.

Hay algo generacional en esta fractura interna del GOP. Según los cruces de Emerson, Rubio va por delante entre los republicanos mayores de 50 años, con un 41% frente al 35% de Vance, mientras que el vicepresidente domina entre los menores de esa edad por 37% a 26%.

Kimball añadió una advertencia dirigida a Vance: "Vemos que se está creando una brecha de edad en la que los votantes jóvenes están con Vance, y si yo fuera Vance, estaría un poco preocupado de estar jugándomelo todo a ese voto joven".

El mismo patrón se repite en el terreno de los donantes. Durante la pugna por la vicepresidencia de 2024 y también ahora, según The Washington Post, Rubio ha contado con el respaldo de la mayoría de los donantes republicanos anteriores a la era Trump, mientras que Vance siempre ha estado más alineado con la coalición MAGA joven que devolvió a Trump al poder en 2024 y que ahora corre el riesgo de deshilacharse.

JD Vance a su llegada a Groenlandia.

JD Vance a su llegada a Groenlandia.

Reuters

Las series de otras casas coinciden en el sentido… aunque con matices. Un sondeo de la Universidad de New Hampshire difundido hace dos semanas otorgaba a Vance un 36% de cara a las primarias de aquel estado y a Rubio un 26%, cuando en febrero la distancia era de 53% a 7%.

Rasmussen Reports, con trabajo de campo del 20 al 22 de julio sobre 1.104 votantes probables, situaba a Vance en el 39% —en abril, era el 47%— y a Rubio en el 27%, subiendo desde el 20%. Big Data Poll, en cambio, medía a finales de junio una distancia mucho mayor: 35,4% para Vance frente a 16,5% para Rubio.

Dicho esto, el trasfondo no ayuda a ninguno de los dos: la misma encuesta de Emerson situaba la aprobación de Trump en el 39%, con un 55% de desaprobación, y reflejaba que el 59% de los votantes considera que el Partido Republicano va por mal camino.

El desgaste de gobernar

Vance está pagando un precio por su constante exposición. Una encuesta de CNN y SSRS realizada del 26 al 30 de marzo entre 1.201 adultos le otorgaba un 37 % de aprobación frente a un 62% de desaprobación, un saldo neto negativo de 25 puntos que suponía una caída de ocho puntos desde enero.

El deterioro coincidió con el estallido del conflicto con Irán, y se puede identificar su origen: Trump le convirtió en la cara pública de la negociación de un acuerdo a largo plazo con Teherán.

Legisladores republicanos consultados por NBC News en junio veían en ese encargo un riesgo político considerable, tanto porque dudaban de que nadie pudiera cerrar un pacto sólido con Irán como porque sospechaban que Trump buscaría a alguien a quien responsabilizar si el intento fracasaba.

El vicepresidente se ha defendido desde el ataque. En una entrevista de tres horas con el podcaster Joe Rogan el 15 de julio, Vance denunció "una campaña muy discreta y extremadamente bien financiada" para descarrilar la negociación con Irán, atribuida a actores israelíes, y describió el efecto sobre él mismo.

Tucker Carlson, junto a Donald Trump, en una foto de archivo.

Tucker Carlson, junto a Donald Trump, en una foto de archivo.

Reuters

"Me están atacando obsesivamente, diciendo que no deberíamos estar negociando con Irán, que deberíamos limitarnos a mantener la campaña militar de forma indefinida", explicó, antes de añadir que le acusan de estar influido por Catar y por gobiernos extranjeros y de recibir órdenes de Tucker Carlson.

La historia venía de lejos: en junio, The Washington Post ya documentó que Vance afrontaba la oposición de destacados partidarios de Israel por su papel en las negociaciones, aunque los evangélicos seguían apoyándole.

En el terreno doméstico, su activo principal es el grupo de trabajo contra el fraude en las prestaciones federales, que dirige desde marzo y que Trump elogió el pasado miércoles en una reunión de donantes en Las Vegas.

El desgaste de Rubio es de naturaleza distinta.

Es el máximo responsable de la Secretaría de Estado y de la Consejería de Seguridad Nacional. Aparte, en distintos momentos, ha ejercido también como administrador interino de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y como director en funciones de la Administración Nacional de Archivos y Registros.

Ninguno de esos cargos, señala The Washington Post, guarda relación directa con el juego político. A eso se suma su propia conducta. Rubio rehúye cualquier conversación sobre 2028 y ha reducido últimamente su disponibilidad ante los medios para no tener que responder a preguntas que alimentarían aún más las especulaciones.

En algunas conversaciones internas, ha aludido al tiempo que le queda en el cargo dando a entender que pretende agotar el mandato. No dispone de una campaña en espera ni de una estructura política lista para montarse.

El Aprendiz, temporada 2028

La comparación con el programa de televisión no es una ocurrencia, sino que la introdujo el propio Trump durante el proceso de elección de su compañero de candidatura en 2024.

Presentador de El Aprendiz y de su derivado El Aprendiz Famosos entre 2004 y 2015, describió la decisión "como una versión muy sofisticada de El Aprendiz".

Aquella elección enfrentó exactamente a los mismos dos hombres, mantuvo el suspense hasta el último momento y se resolvió con dos llamadas telefónicas a Rubio y al gobernador de Dakota del Norte, Doug Burgum, para comunicarles que quedaban fuera, veinte minutos antes de que Vance conociera la decisión.

El secretario de Interior, Doug Burgum, en Caracas junto a Delcy Rodríguez.

El secretario de Interior, Doug Burgum, en Caracas junto a Delcy Rodríguez.

Leonardo Fernández Viloria Reuters

The Washington Post lo formula ahora en los mismos términos: Trump disfruta del dramatismo de concurso televisivo y, según sus asesores, es reacio a ceder el foco a su sucesor preferido.

Preguntado en mayo por la posibilidad de que el presidente organizara una competición televisada por su sucesión, Vance respondió: "No me parece propio del presidente de Estados Unidos celebrar una competición televisada para ver quién le sucedería como su aprendiz".

Y desarrolló su interpretación: "Creo que al presidente siempre le ha fascinado la política, le fascinaba treinta años antes de presentarse a nada. Así que me parece natural que bromee un poco con nosotros, que juegue con la idea…".

La cuestión es que ese juego ya ha generado tensiones propias de unas primarias reñidas, con donantes, activistas y otras figuras del partido pronunciándose apasionadamente a favor o en contra del vicepresidente, y con influencers de derechas atacándole por la guerra de Irán.

Mucho depende de las elecciones legislativas. Un mal resultado republicano envalentonaría a los aspirantes dispuestos a competir contra el elegido del presidente y a criticar con más dureza a su Administración, mientras que un buen resultado reforzaría su capacidad para modelar el campo de 2028.

Trump, entretanto, ha seguido jugueteando con la idea de un tercer mandato, compartiendo con regularidad el logo "Trump 2028" en las redes sociales y bromeando sobre ello en sus mítines.

En este punto, sin embargo, el Post introduce un dato que cierra la cuestión: quienes están cerca de él confirman que no habla en serio.

Esa interpretación es coherente con lo que el propio presidente ya admitió en octubre de 2025 a bordo del Air Force One: "Yo diría que, siguiendo la literalidad de la Constitución, está bastante claro que no se me permite presentarme. Es una pena, pero tenemos mucha gente buena".

Descartó entonces también la vía indirecta —presentarse como vicepresidente para asumir después la presidencia—, de la que dijo que "no estaría bien".

El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, había explicado el día anterior que no veía "ningún camino" para enmendar la Constitución, dado que el proceso exige dos tercios del Congreso y la ratificación de tres cuartas partes de los estados.