19 de julio, 2026 - 06h00
Una de las preocupaciones del empresariado latinoamericano que interactúa con la Unión Europea era el veto a los productos alimenticios agropecuarios resultantes de edición genómica, que impedía ampliar ese atractivo mercado, criterio amparado en una premisa equivocada al medirlos con la misma vara de los transgénicos, totalmente prohibidos en esa comunidad. La medida liberadora fue activamente apoyada por el conglomerado científico internacional, manifestada en un comunicado público suscrito por más de mil investigadores en que destacaron claras diferencias que la ciencia reconoce como válidas, entre transgénesis y edición genómica.
La controversia tuvo su origen en una decisión del Tribunal de Justicia Europeo que determinó que los organismos (plantas) editados genéticamente podrían presentar los mismos riesgos para la salud humana y animal, así como al medioambiente, similares a los productos transgénicos, aunque, la verdad sea dicha, no existe ninguna comprobación real luego de análisis de más de 20 años lo compruebe, lo cual cerró el avance al uso de tecnologías como Crispes, que favorecen el incremento de productividad y rentabilidad de los cultivos, en algunos casos con el lanzamiento de variedades resistentes a plagas y enfermedades, preocupación permanente de los productores del país.
Quedó demostrado que los bienes de edición genómica (NGT) son inocuos, que conservan los atributos de las de plantas que proceden del mejoramiento convencional, tanto que no puede diferenciarse los frutos del uno y otro sistema, teniendo la ventaja que la inversión en los editados será más baja, así como menos tiempo que el proceso usual de cruzamientos hasta llegar al producto final. Así, se pueden realizar cultivos más resistentes a la adversidad climática, con menos fertilizantes y pesticidas, mayores rendimientos, emplear menos agua y, sobre todo, ganar tiempo en la carrera por lograr la meta de hambre cero y satisfacer las necesidades de una creciente población mundial que para el 2050 será de 10.000 millones de habitante.
Países latinoamericanos de mayor avance científico en este campo, como Chile, Argentina, Brasil y recientemente Colombia, pero que con esta nueva norma, aprobada por el Parlamento Europeo el 17 de junio pasado a aplicarse el mismo mes y día del año 2027, estimamos que todos los que tienen en la agricultura como su principal o importante actividad económica, emprenderán inmediatamente programas de aplicación de edición genómica y ganar un prometedor mercado. Ecuador arrancó en el año 2022, por iniciativa del exministro de Agricultura Pedro Álava González, pero la marcha inicial se detuvo sin que se conozca el nivel de progreso de la imprescindible medida. Por el lado de la Academia, la Espol se ha incorporado a la carrera de progreso, luego que esta técnica quedó liberada parcialmente de la atadura internacional, somos optimistas, en la certeza que pronto conoceremos sus logros. El Estado ecuatoriano tiene que introducir la reforma constitucional para levantar la prohibición de siembra y comercialización de productos modificados genéticamente, a excepción de los editados. (O)