Las emisiones derivadas del uso de los chips de Nvidia podrían estar a la par de las generadas por la quema del carbón vendido por la empresa estatal rusa Russian Coal, según un nuevo informe (fuente en inglés).
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El informe estima que el funcionamiento de los chips de Nvidia vendidos desde 2022 podría haber generado en 2025 el equivalente a entre cuatro y 21 millones de toneladas de dióxido de carbono, en función de la electricidad empleada para alimentarlos.
También señala que las emisiones de la cadena de suministro del fabricante estadounidense de chips han aumentado un 725% desde 2020, un incremento de alrededor de 9,4 millones de toneladas.
Según Greenpeace East Asia, uno de los grupos detrás del informe, “el aumento se debió principalmente a las emisiones asociadas a la producción de los componentes, materiales y servicios de fabricación necesarios para sus GPU y sistemas de IA”.
Nvidia declara estas emisiones dentro del Alcance 3, que recoge las emisiones indirectas más allá de sus propias operaciones. Según las cifras recopiladas a partir de los informes de sostenibilidad de Nvidia, pasaron de alrededor de 1,3 millones de toneladas equivalentes de dióxido de carbono en 2020 a 10,7 millones de toneladas en 2026 (fuente en inglés).
“El mayor beneficiario de la IA también tiene una de las huellas climáticas más ocultas y opacas del mundo”, afirmó Ketan Joshi, autor principal del informe y analista de clima y energía radicado en Oslo.
“Las afirmaciones de Nvidia de que la IA tiene un 'beneficio climático neto' son una táctica de greenwashing utilizada por la industria para ocultar una contaminación en constante aumento”.
El informe ha sido publicado por ocho organizaciones dedicadas al clima, la rendición de cuentas corporativa y las campañas digitales, entre ellas Greenpeace International, Friends of the Earth, Beyond Fossil Fuels y Stand.earth.
Actualmente Nvidia no informa de las emisiones derivadas del uso de los productos que vende. La estimación del informe se basa en las ventas acumuladas de chips, un nivel de utilización asumido y distintos factores de emisión de las redes eléctricas, explican los investigadores.
Nvidia diseña procesadores que se han convertido en piezas clave del auge de la IA generativa, mientras que buena parte de su fabricación se realiza a través de proveedores en Asia oriental.
El informe indica que las emisiones de la cadena de suministro de Nvidia proceden en gran medida de las materias primas y de los procesos de fabricación necesarios para producir sus chips.
Producir semiconductores avanzados requiere cantidades significativas de energía y, una vez instalados en centros de datos que ejecutan modelos de IA, los chips siguen consumiendo electricidad.
Centros de datos frente al clima
Nvidia ha defendido públicamente que la IA probablemente reducirá las emisiones en conjunto.
“El consenso, que está creciendo muy rápidamente, es que la IA probablemente llevará a reducciones netas de emisiones, especialmente si se despliega de forma generalizada”, declaró Josh Parker, responsable de sostenibilidad de Nvidia, al medio estadounidense de información climática 'Heatmap' en mayo.
Parker mencionó organizaciones como la Agencia Internacional de la Energía, el Foro Económico Mundial, Boston Consulting Group y el Grantham Institute, y señaló que la IA podría reducir las emisiones en otros sectores mediante medidas como una mayor eficiencia energética.
Sin embargo, el informe sostiene que las mejoras de eficiencia pueden no reducir el impacto global cuando la demanda de capacidad de cálculo aumenta rápidamente.
“A Europa se le vende la fantasía de una IA 'verde' mientras las grandes tecnológicas impulsan una expansión masiva de centros de datos que emiten gases y de infraestructuras de combustibles fósiles”, escribió Jill McArdle, responsable de campañas corporativas internacionales en Beyond Fossil Fuels, en una declaración.
“Llamar a esto una revolución tecnológica favorable al clima no la convierte en tal, es greenwashing diseñado para asegurar los beneficios de las grandes tecnológicas mientras ata a Europa a más gas y a una mayor dependencia energética”, añadió McArdle, que pidió a los responsables políticos que dejen de priorizar 'centros de datos controlados por las grandes tecnológicas'.
El informe también cuestiona la afirmación de Nvidia sobre la “respuesta a la demanda”, por la que los centros de datos reducen o trasladan temporalmente su consumo de electricidad durante los periodos de máxima demanda para aliviar la presión sobre la red. Nvidia ha presentado esta flexibilidad como una forma de que los centros de datos apoyen la transición energética.
Los autores sostienen, sin embargo, que estos breves periodos de flexibilidad apenas compensan el aumento, mucho mayor y constante durante todo el año, de la demanda de electricidad a medida que se ponen en marcha más centros de datos.
Basándose en investigaciones de la Universidad de Princeton, señalan que la respuesta a la demanda podría abarcar menos de un por ciento del año en escenarios de fuerte crecimiento de centros de datos.
Los investigadores que han elaborado el informe reclaman una mayor transparencia por parte de Nvidia, incluida la publicación de las emisiones derivadas del uso de sus chips y pruebas más sólidas que respalden sus afirmaciones de que la IA puede aportar un beneficio climático neto.
También piden a la compañía que tenga en cuenta el impacto más amplio sobre las emisiones del crecimiento de los centros de datos y que fije objetivos más claros para reducir las emisiones de su cadena de suministro, incluso mediante inversiones adicionales en energías renovables.