Madrid, 22 sep (EFE).- Médicos del Hospital de La Paz de Madrid han desarrollado una estrategia médica pionera que ha conseguido que, cinco años después de un trasplante, dos pacientes mantengan una función orgánica estable sin signos de rechazo y con "una cantidad mínima" de fármacos inmunosupresores.
Los resultados de la técnica -desarrollada por Antonio Pérez Martínez, jefe de Servicio de Hemato-Oncología Pediátrica del Hospital de La Paz, y por el cirujano Francisco Hernández-Oliveros, dentro del proyecto OneTrasplant4Life- se han publicado en la revista Communications Medicine.
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Los resultados del estudio, una estrategia que combina el trasplante de órganos sólidos con un trasplante de células madre hematopoyéticas del mismo donante, han abierto la puerta a un nuevo ensayo clínico de fase I que servirá para probar la seguridad de este método que pretende reducir la dependencia de fármacos crónicos y mejorar la calidad de vida de los trasplantados.
La técnica pionera se basa en una observación de la naturaleza: "Hay animales bovinos que en gestaciones de mellizos, aunque son genéticamente distintos, comparten la circulación placentaria", después de nacer, ambos hermanos, que genéticamente no tienen nada que ver, "son capaces tolerar injertos de piel de uno a otro", explica a EFE Antonio Pérez Martínez.
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Esta ventaja, cuyo descubrimiento le valió a Sir Peter Medewar el Premio Nobel de Medicina en 1960, quedó sin desarrollar debido al 'boom' de los medicamentos inmunosupresores que evitan que el cuerpo rechace el órgano trasplantado, comenta el investigador.
Sin embargo, esta medicación, que se toma durante toda la vida -habitualmente dos o tres fármacos simultáneamente- puede producir efectos secundarios a largo plazo como problemas cardiovasculares, diabetes, infecciones, toxicidad renal o tumores y, lo más importante, "que el órgano acaba rechazándose".
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El objetivo de la nueva técnica es evitar o disminuir estos fármacos para mejorar las expectativas y la calidad de vida de los pacientes y para ello, el equipo médico induce de forma artificial algo que ocurre en condiciones normales en la naturaleza.
Para ello, se extraen células hematopoyéticos -células madre- de la médula ósea del mismo donante del que procede el órgano sólido que será trasplantado.
Al transferir estas células al receptor, "mimetizamos lo que ocurre en la placenta y generamos una convivencia temporal entre las defensas del paciente y las del donante" que hace que el sistema inmune del paciente "se resetee" y su organismo vea al nuevo órgano como algo familiar, no como una amenaza que debe rechazar.
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"Es como si dos madres vivieran en un paciente durante un tiempo y sus hijas aprendieran a convivir, y a llevarse bien, incluso aunque cuando la madre ya desaparezca, porque lo que generamos es un quimerismo mixto (coexistencia de células del sistema inmunitario del donante y del receptor) transitorio, que dura unos 200 días. Eso genera un reseteado del sistema inmune que ha funcionado en los dos pacientes en los que se ha llevado a cabo", destaca.
La ventaja es que al inducir este estado de tolerancia o quimerismo en el organismo, permite reducir drásticamente el tratamiento de fármacos inmunosupresores y, con ello, todas las complicaciones y la toxicidad que provocan estos medicamentos crónicos.
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Después de probar esta terapia en dos pacientes hace más de cinco años, "ambos siguen sin ningún signo de rechazo, y solo mantienen una mínima dosis de fármacos inmunosupresores porque realmente los médicos no se atreven a quitárselo completamente", apunta el investigador.
Estos dos pacientes, que eran dos casos "tremendamente complejos", son, por tanto, la prueba de concepto de esta técnica "esperanzadora" cuyos resultados han permitido iniciar un nuevo ensayo clínico con 14 pacientes reclutados -dos que ya han iniciado el procedimiento- con los que "vamos a tratar de demostrar la seguridad y la eficacia de la técnica", avanza a EFE Pérez Martínez.
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El primer paciente de esta técnica -un joven de 15 años- padecía una enfermedad congénita que le impedía la absorción de nutrientes por el intestino, por lo que tenía que ser alimentado desde su nacimiento con nutrición parenteral. El joven había recibido dos trasplantes (uno de intestino y otro multivisceral) que acabó rechazando.
En 2020, recibió un tercer trasplante multivisceral y uno hematopoyético del mismo donante cadáver.
Al año siguiente, un segundo paciente -una mujer adulta- recibió un trasplante de riñón (el tercero, tras dos rechazos previos), combinado con uno de médula ósea, procedente de un hermano. EFE
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