Un Real Madrid indigno y sin fútbol frente al escándalo arbitral

2026/09/20

LaLiga EA Sports 2026 - 2027

En vez de plantarse, los de blanco salieron a hacer lo que mejor saben: jugar andando, manchar el escudo, arruinar temporadas lo antes posible, no rebelarse nunca contra ninguna adversidad

El árbitro Miguel Ángel Ortiz Arias enseña la amarilla al 'Cuti' Romero pese a revisar en el VAR un plantillazo en la rodilla de Bellingham.

El árbitro Miguel Ángel Ortiz Arias enseña la amarilla al 'Cuti' Romero pese a revisar en el VAR un plantillazo en la rodilla de Bellingham.EFE

Actualizado Domingo, 20 septiembre 2026 - 19:25

Hubo un momento al final del descanso en el que el Real Madrid se demoraba tanto que parecía que no saldría del vestuario. Habría sido un raro momento de dignidad frente a un colectivo arbitral español humillado internacionalmente en el último Mundial, pero que sigue firme por su camino: el Atlético de Madrid terminó la primera parte, y la segunda, sin ningún expulsado. En lugar de eso los de blanco salieron a hacer lo que mejor saben. Jugar andando, manchar el escudo, arruinar temporadas lo antes posible, no rebelarse nunca contra ninguna adversidad. Huijsen, imbuido quizá del ambiente federativo tras su regreso a la Selección, decidió ayudar al árbitro a completar su espectacular obra. Había acabado el partido en el minuto 50, con los locales con 11 y los visitantes con 10.

¿Qué más terminó en ese minuto 50? A Mourinho parece que se le agotó la paciencia con Vinicius. No con Mbappé, que aguantó hasta el minuto 96 estrellando sus insufribles bicicletas contra defensores del Atlético como en un ritual masoquista. Tampoco fue el punto final de ese tétrico Valverde-Tchouameni, que nos deleitaron hasta el minuto 71 con su incapacidad para juntar dos pases seguidos. La pelea del año pasado, la esperanza de que sólo pudiera quedar uno en pie en el ring, abrió una puerta de esperanza futbolística. Pues ni con esas.

Con 2-0 abajo en el campo del Atleti y perdiendo la Liga un 20 de septiembre, Mourinho decidió terminar el partido con Camavinga en el campo y Carlos Espí en el banquillo. Un planteamiento cobarde que se hizo más desesperante con el 2-1, cuando ya no había remedio ni ventanas de cambios.

Era lo más doloroso: ver al equipo moribundo y a Mourinho, el único resucitador posible, moribundo también. Su versión edulcorada, la que tenía contenta a los periodistas antimadridistas y mosqueada a los mourinhistas, yo el primero, por lo menos sí terminó ayer. Su rajada, todo verdades, fue un pellizco al corazón, un señalar el camino como tantas veces. Aunque de momento no se vea el final.