Street Fighter ha quemado las carteras de muchos frikis en arcades de todos los lugares del mundo. Mientras introducías las monedas y esperabas a la elección del personaje, ya ibas recordando las frases icónicas que, en algún momento de tu vida, has usado de forma irónica (o no irónica).
Pillar a un amigo por banda, juntar las manos en forma de bol y lanzarlas hacia delante gritando un Ayuken, esperando que ese colega amague con un puñetazo de abajo arriba directo a la parte inferior de la mandíbula replicando con un Sohyuken y, como colofón a la papeleta, que ambos deis vueltas sobre vosotros mismos con una pierna levantada 20 cm del suelo creyendo que estáis haciendo un spagat o una digna imitación de un golpe de Jean Cleaud Van Damme gritando Ashmaki Senkyaku. O algo parecido. En realidad da igual, nunca has dicho su nombre bien ni tenías intención de hacerlo.
El estreno de lo que parece una película bien adaptada de este juego de peleas alegra enormemente a los fans de esta franquicia. Un Guile interpretado por Cody Rhodes que da buenas chilenas; una Chun Li plasmada por Callina Liang que igual puede plantarte un Kikoken bien plantado en todo el pecho, o, el que siempre llama la atención, un bicho humanoide verde que mete descargas eléctricas representado en la vida real por Jason Momoa y el protagonista de este artículo: Blanka.
En esta franquicia hay muchos personajes que no dejan indiferente: el villano M. Bison tiene poderes psíquicos, psicoquinéticos o de psiquicosas; Dhalsim se estira más que una semana sin festivos y varios luchadores del elenco lanzan ráfagas de energía, como los ya mencionados Hadokens. Blanka es especial porque su poder está basado en una experiencia de su infancia relacionada con otro animal que desafia la realidad y también mete unas descargas eléctricas que mejor andar con cuidado: las anguilas eléctricas.
Un niño llamado Jimmy viajaba en un avión que se estrelló en el Amazonas, Brasil. Creció aislado de la civilización y se adaptó a la vida salvaje de lsa selva. El color verde viene de la clorofila de las plantas que comía para camuflarse… O mutaciones genéticas.
Jimmy pasó a llamarse Blanka porque los japoneses del estudio Capcom se confundieron en geografía. Los habitantes de la zona comenzaron a llamar al bicho verde de la selva El Blanko o Blanka debido al tono pálido de su piel en comparación al suyo. Pero claro, se referían a él en castellano, cuando en realidad deberían haber sido en portugués, Branco o Branka. Al final, con Blanka se quedó.
El poder más característico de Blanka es su habilidad para generar electricidad de forma orgánica a través de su cuerpo, conocido como el Electric Thunder. Dentro del lore del juego, se explica que desarrolló este poder tras verse expuesto a anguilas eléctricas mutadas en el Amazonas y al intentar replicar su mecanismo de defensa para cazar y protegerse. Unas descargas eléctricas que han sido estudiadas en sus propias carnes por investigadores que han sentido el poder electrizante de Blanka.
Un poder con mucha chispa
El comportamiento más sorprendente de las anguilas eléctricas es el ataque en salto, una estrategia defensiva en la que emergen del agua para electrificar directamente una amenaza.
Este estudio determinó el voltaje de esa descarga eléctrica mientras la anguila muerde a un sujeto, en este caso, al propio autor del estudio. A pesar de emplear una anguila juvenil de apenas 40 cm, la corriente transmitida al objetivo alcanzó picos de 40 a 50 mA, superando con creces los umbrales de dolor y activación de nociceptores, los receptores del dolor en nuestro cuerpo, en humanos y otros mamíferos.
El autor del estudio introdujo su brazo en una cámara plástica transparente llena de agua provista de un asa para sostenerla. Para cerrar el circuito eléctrico se colocó cinta de aluminio conductora en dos zonas separadas de la cámara: una capa interna en contacto con el agua del fondo (donde la mano sumergida hacía tierra) y otra capa externa en la zona frontal y baja de la cubeta en contacto con el agua general del acuario.
Ambas capas de aluminio se conectaron externamente mediante un cable de cobre aislado de baja resistencia, intercalando un amperímetro, un aparato que mide corriente eléctrica. Cuando la anguila saltaba y presionaba su mandíbula inferior directamente contra el brazo del investigador, el circuito eléctrico cerrado se completaba de la siguiente manera:
1) La corriente salía del polo positivo en la cabeza de la anguila e ingresaba al brazo humano.
2) Viajaba de forma descendente por la extremidad hasta la mano sumergida dentro del contenedor plástico.
3)Pasaba al agua del contenedor, era recogida por la cinta de aluminio interna, fluía por el cable exterior a través del amperímetro y se transfería a la cinta de aluminio externa.
4) Finalmente, la corriente volvía a la masa de agua principal del acuario y cerraba el lazo regresando a la cola de la anguila (polo negativo).
El amperímetro registró un pico de 43 mA circulando por el brazo y se calculó que la resistencia específica del brazo y sus interfaces era de 2,100 ohmios , transfiriendo una potencia neta de 3.9 W directos al tejido en cada pulso de alta tensión, desatando un reflejo de retirada inmediato e involuntario por puro dolor del autor del estudio.
¿Un anguila te dejaría tieso?
Mientras que los peces completamente sumergidos experimentan un estado de tétanos involuntario –parálisis muscular total– que los deja indefensos , el investigador no reportó ninguna sensación de inmovilidad en su bíceps o torso durante el ataque en el brazo.
Esto se debe a la anatomía del sistema nervioso de los mamíferos. Los nociceptores (receptores del dolor) están distribuidos de forma masiva en las capas más superficiales y cutáneas del cuerpo. En cambio, las neuronas motoras que controlan el movimiento de los músculos grandes se encuentran en una disposición mucho más profunda y proximal.
Como la corriente del salto "va por fuera de la extremidad hacia la tierra, activa de manera masiva y eficiente las fibras del dolor mucho antes de alcanzar el umbral necesario para colapsar el sistema motor profundo. Es decir, que como la electricidad no profundiza tanto, solo duele mucho, pero no provoca fallo del funcionamiento.
Y si te lo preguntas, no, a pesar de los cientos de años de encuentros documentados entre humanos y anguilas en Sudamérica, el autor afirma que no existen registros científicos definitivos de muertes causadas por electrocución directa (paro cardíaco o fibrilación) debidas a estos animales. Hasta el físico Michael Faraday experimentó directamente con ellas sin sufrir daños a largo plazo.
Sin embargo, la verdadera letalidad radica en el entorno. Si un humano o un animal grande es atacado en aguas profundas y la descarga pasa a través del tronco (pecho y espalda), la tetanización muscular se vuelve generalizada y, ahí sí, es posible que Blanka te provoque un blancón.
Un nadador o pescador que sufra una parálisis total de sus extremidades e inhale agua debido al espasmo involuntario moriría ahogado en cuestión de minutos, aun cuando su corazón sobreviva a la corriente. De ahí la absoluta sabiduría folclórica de los pueblos nativos representados en los grabados antiguos, quienes pescaban atados fuertemente con cuerdas para ser rescatados inmediatamente por sus compañeros en caso de un ataque en salto.
No te pelees con nadie, y menos con un ser verde que anda a cuatro patas y tiene la capacidad de generar electricidad, que aunque parezca surrealista su electricidad funciona y tu Ayuken no.