De visita en Argentina, observé con especial interés el impulso que el país trasandino está dando a la minería. Un potencial largamente reconocido está tomando forma en proyectos, decisiones de inversión y una agenda que busca convertir los recursos del país en desarrollo.
Las cifras muestran la magnitud de esa apuesta. Según antecedentes difundidos a comienzos de octubre, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) registra 47 proyectos, de los cuales 23 han sido aprobados, con inversiones comprometidas por unos US$49.700 millones. Doce corresponden a minería. Entre ellos está Agua Rica, el proyecto de Glencore en Catamarca, cuya incorporación se anunció la semana pasada.
Argentina ha procurado ofrecer condiciones que son fundamentales para cualquier inversión de largo plazo, entre ellas, previsibilidad, estabilidad tributaria y una señal clara de apoyo al desarrollo de la industria. A ello se suma una cooperación con Estados Unidos en minerales críticos que busca facilitar inversiones y diversificar las cadenas de abastecimiento. Los anuncios deberán traducirse en acciones, pero el esfuerzo por generar esas condiciones merece atención.
Desde Chile, creo que debemos mirar este proceso con una perspectiva más amplia. Ambos países competirán por capitales y mercados, pero también tienen capacidades que pueden complementarse. El desarrollo de grandes yacimientos argentinos abre oportunidades para empresas chilenas de ingeniería, construcción, transporte, mantenimiento, tecnología, gestión del agua y soluciones energéticas.
Proyectos como Vicuña, que reúne Josemaría y Filo del Sol, permiten dimensionar esa posibilidad. Su ubicación cordillerana invita a evaluar una red logística que aproveche la infraestructura chilena. Nuestros puertos y operadores de transporte pueden desempeñar un papel importante, siempre que ofrezcan condiciones competitivas y exista una coordinación efectiva. Esa relación ya tiene una base. Según ProChile, Argentina fue el quinto destino de nuestras exportaciones de bienes y servicios para la minería en 2025.
Ahí está, a mi juicio, una oportunidad relevante. Chile exporta minerales, pero también conocimiento. Décadas de gran minería han formado profesionales y empresas capaces de operar en condiciones exigentes, mejorar procesos y resolver problemas complejos. Sabemos que detrás de cada faena existe una red de capacidades cuyo valor se extiende mucho más allá del yacimiento.
Sin embargo, todavía tenemos una brecha importante. El último catastro de la Subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales (Subrei) y ProChile muestra que solo 639 de las 8.428 empresas proveedoras exportaban en 2023, y entre las pymes la proporción cae a apenas un 6,3%. El desafío es, entonces, empujar a que más empresas proyecten su experiencia hacia otros mercados. La participación de cerca de treinta compañías chilenas en la Expo San Juan Minera de este año es una señal alentadora.
Esta tarea cobra especial relevancia en un momento de dificultades para nuestra economía. Con una actividad que necesita recuperar dinamismo y un desempleo de 9,6% en el trimestre junio-agosto, debemos buscar nuevas oportunidades de crecimiento y empleo. Internacionalizar proveedores puede diversificar sus ingresos, estimular la innovación y ampliar la demanda por talento especializado. Fortalecer nuestra minería y extender el alcance de su cadena de abastecimiento son objetivos complementarios.
Para avanzar se requiere una agenda público-privada que acompañe a los proveedores, especialmente a las pymes de regiones mineras. Llegar a otro mercado exige financiamiento, certificaciones, información y redes comerciales. También supone mejorar la conectividad, especialmente lo relativo a pasos fronterizos y coordinación aduanera.
La cordillera que compartimos puede acercar nuestras economías. Convertir el impulso minero argentino en una oportunidad compartida requiere visión, colaboración y decisiones concretas. Argentina puede encontrar capacidades que contribuyan al desarrollo de sus proyectos, y Chile, nuevos mercados para sus empresas y experiencia. Contamos con el potencial de transformar décadas de conocimiento minero en desarrollo para ambos países, y aprovecharlo puede ser parte de nuestra estrategia de crecimiento.
Por Josefina Monenegro,
abogada y directora de empresas.
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