Una noche romántica que salió mal, la propuesta de casamiento rechazada y un fantasma que lo acompañó en la infancia: las confesiones de Felipe Colombo

2026/09/03

La música siempre estuvo ahí, pero la fui relegando”, contó Felipe Colombo en Casino Deluxe, el ciclo de entrevistas de Infobae, al hablar de su regreso a los escenarios y de la nueva etapa que atraviesa. Después del regreso de Erreway y de una gira internacional de 37 shows, se prepara para presentar su nuevo disco como solista.

Felipe se hizo conocido en Argentina por sus trabajos en televisión y teatro, especialmente por sus papeles en Chiquititas y Rebelde Way, donde interpretó a Manuel Aguirre y formó parte de la banda musical junto a Luisana Lopilato, Camila Bordonaba y Benjamín Rojas.

Aunque durante años priorizó su carrera como actor, la música siempre ocupó un lugar importante en su vida. La reciente gira de Erreway volvió a despertar en él la necesidad de mostrar sus propias canciones y avanzar con su proyecto. El resultado de ese proceso es 801, un álbum de ocho canciones que Colombo seleccionó entre decenas de composiciones y que define como un trabajo profundamente personal.

El primer corte es Miel, cuyo videoclip fue dirigido por su hija, Aurora Colombo, de 16 años. Para el artista, el lanzamiento representa mucho más que un nuevo proyecto musical: es la posibilidad de recuperar una parte de sí mismo que durante años quedó de lado y animarse un nuevo desafío profesional.

Casino Deluxe con Felipe Colombo
Felipe Colombo contó que retomó la música en pandemia después de encontrar una carpeta con unas 80 canciones compuestas a lo largo de los años. (Gustavo Gavotti)

— Lo primero que te quiero preguntar es: ¿Qué harías vos con un millón de dólares?

— No tengo la menor idea (risas). No sé qué haría. Probablemente me preocuparía mucho por tenerlo.

— ¿Por cuidarlo?

— Sí. Nunca he manejado esas dimensiones. Creo que me preocuparía también cómo manejar la parte contable. Estaría en contacto constante con mi contador (risas).

— ¿Lo usarías para dejar de preocuparte un poco por la plata y decir: “Tengo un gran colchón”?

— Primero me preocuparía por tenerla y tenerlo bien. Saber que está todo okey. Y después sí, a estas alturas de la vida, buscaría cómo mantener mi trabajo también, que es un poco inconstante. El de mi pareja, Cecilia (Coronado), también, ver de qué manera se invierte de una manera segura y demás para tener solvencia, un piso. Y sobre todo para futuro, para dejar sin preocupaciones a Aurora, sobre todo, a mi hija. Es la más importante inversión que puedo hacer. Y una parte viajes, también.

— Sos muy viajero...

— Me encanta viajar, conocer, me encantan los aeropuertos, los hoteles, me gusta viajar: solo, en familia, en todos los formatos. Hace poco hicimos un viaje solos con Cecilia, que hacía mucho no viajábamos solos. De hecho, nunca habíamos viajado en avión solos.

— Es que ustedes fueron papás muy jóvenes, ¿no?

— Fuimos papás muy jóvenes y trabajamos mucho muchos años. Tampoco había tantas oportunidades de hacer viajes a Europa y eso. Y después fuimos papás y hubo que ocuparse mucho de eso: de sostener los proyectos que teníamos. Y también los proyectos individuales de la carrera de cada uno. Tal vez de ese millón una partecita me la guardaría para producirme un disco.

— ¡El segundo! Porque ya estás por estrenar uno que me encanta.

— El millón que me gano acá sería para invertir y disfrutar. Y el dinero que viene del trabajo es el que reinvierto en trabajo. Tengo esa idea, pero sin lugar a dudas me daría algunos gustos tal vez en el estudio.

— Contame un poco de este álbum que estás por sacar. Sé que el primer video lo hacés con tu hija, que tiene 16 años. Me interesa esa experiencia y también ese despertar que tuviste para componer tantas canciones hasta llegar a las que finalmente elegiste.

— Yo venía produciendo, haciendo música desde hace un par de años. En pandemia creo que a muchos nos pasó esto de tener el tiempo casi sin quererlo, de reflexionar, de estar pensando. Y tuve una serie de conversaciones muy serias conmigo mismo, conmigo mismo de chico, con mis deseos, con mi carrera y con lo que me pasa físicamente con la música y, sobre todo, con la música y el escenario. Yo lo relegué también porque la carrera, la vida me fue guiando y llevando a otras oportunidades y experiencias, que también busqué durante muchos años también. Quise actuar, hacer teatro en Argentina, me quedé en Buenos Aires y un poco la excusa era: “Quiero hacer teatro en calle Corrientes, en el Cervantes, en el San Martín”. De alguna manera eso se cumplió y en pandemia me sucedió eso, que en una de esas conversaciones abrí la compu y vi que tenía una carpeta con 80 canciones. Algunas sin terminar, otras que llevaban muchos años terminadas y que, por alguna razón, siempre faltaba algo. Pero lo que faltaba era poner un deadline y decir: “Voy a mostrar esta canción. Pase lo que pase, sin ninguna ostentación de nada. Quiero producirla, quiero ver hasta dónde llega esta canción”. Y así empezó ese camino. Lo conocí a Alan Vega, que ahora es mi amigo, es mi coproductor, mi colega, y que fue el primero que agarró una canción mía y me dijo: “Te hago esta devolución”. Y me devolvió algo que dije: “Todavía puede crecer mucho más esta canción”.

— ¿Ahí te empezaste a cebar?

— Sí, ahí empecé a meterme al estudio y a tener ideas en mi casa, a aprender a manejar mejor mis herramientas de composición, electrónicas, tecnológicas, la guitarra y el canto. Y volví a entrenarme muchísimo más con Willy, que siempre fue mi coach y es uno de mis mejores amigos. Empecé a animarme más. Saqué un tema, después sacamos dos más y después un EP, que fue un poco más experimental de alguna manera. “Bueno, ahora juntémonos y veamos qué va saliendo”, dijimos. Y ahí sacamos las canciones. Pero nunca llegué a dar el paso de salir a tocar mis canciones, salir a probarlas en vivo.

Casino Deluxe con Felipe Colombo
Felipe contó que la gira de Erreway reactivó su vínculo con el escenario y lo impulsó a avanzar con su propio proyecto. (Gustavo Gavotti)

— Y ahora estás empezando ese camino.

— Sí, vino la gira de Erreway y eso puso como un freno a todo este proyecto que empezaba a tomar forma. Pero con la gira de Erreway me di cuenta que era innegable lo que me pasaba...

— Te llamaba el escenario.

— En el cuerpo, sí. Es como que no me pude más hacer el gil. Yo creo que esa gira vino por muchas razones a todos a darnos otro brío, otro aire...

— ¿Qué significó en tu vida la vuelta de Erreway?

— Fue muy gratificante, muy reconfortante, resignificadora en muchos aspectos, sobre todo emocionales. Porque el equipo era hermoso y había mucho amor puesto ahí. Reencontrarnos Cami, Benja y yo como amigos, como compañeros en el escenario y saber que esta química, esto que pasa es innegable. También como directores de un proyecto de ese tamaño, porque fue una apuesta decir: “Lo vamos a manejar nosotros”.

— ¿Lo armaron ustedes?

— Claro. Y fue una decisión. Individualmente sentíamos que teníamos las herramientas para hacerlo. Pero no sabés nunca si con tu mejor amigo trabajando te llevás bien.

— ¿Hubo ningún tipo de desacuerdo, pelea o imprevisto?

— Sí, por supuesto, hubo desacuerdos y negociaciones. Pero teníamos muy claro lo que queríamos hacer desde el principio. Ya esa era una base fuerte. Y vino la gira, el escenario, la banda y las canciones, y fue como guau. Después me invitaron a cantar en un festival de música country en San Pedro. Y subí y era la misma sensación, aunque fuera un estadio más pequeño, en un festival, no era un Movistar o un estadio, pero dije: “Acá está. Esto lo tengo que hacer”. Entonces, hacia el final de la gira dije: “Voy a hacer un ejercicio, voy a hacer una canción por día”.

— Mucha disciplina.

— Y búsqueda también, porque a veces decimos: “Bueno, cuando esté inspirado”. Y a veces no es eso, es trabajar, es tenerlo ahí a mano. A veces algo que te resulta que está buenísimo, después lo llevás al estudio y no está tan bien. Algo que quedó por ahí, después un día lo escuchás y decís: “Che, pero esto estaba bueno”. Incluso, nos pasó haciendo el disco. Cuando se decidió que no había más gira, yo venía con mucha inercia y dije: “¿Qué hago con esta inercia? Me meto en el estudio. Alan, vamos a grabar”. Y ahí salió 801, que es el disco nuevo. Son ocho canciones de esas setenta y pico que hice en ese mes y medio. Elegimos cinco, seis y dos más salieron en el estudio. Podrían haber sido más, pero también lleva más tiempo, más plata. Llega un momento que hay que sacarlo. Y estoy recontento. Creo que voy de a poco encontrando cómo hablar ese idioma a mi manera. Es como mi castellano, que es entre mexicano y argentino (risas).

— Cuando hicieron la gira con Erreway, ¿a cuántos países fueron? ¿En cuál les quedó una anécdota imborrable?

— No me acuerdo cuántos. Pero fueron 37 shows. Era todo tan increíble. Tan reivindicador, también. Porque había muchas generaciones viviendo. De pronto veías familias enteras. La mamá más de nuestra generación y los hijos más generaciones nuevas y les gustaban temas diferentes. Y el papá que por ahí tenía cara de “a mí me trajeron” (risas). Me acuerdo perfecto uno que lo vi y estuvo todo el show así como “bueno, a mí me trajeron” y en un momento lo veo cantando. Y lo señalé y me dice: “¡Esta sí me la sé!”. Entonces creo que todos los países tuvieron su momento. Por supuesto, ir a México para mí fue una locura. No habíamos ido nunca con Erreway. De hecho, México tiene su propia versión de Rebelde Way y es una bomba. Pero fue una locura lo que pasó.

— ¿Te fue a ver tu familia?

— Fue como un cierre de ciclo y apertura. Sí, fue a verme mi familia, mi mejor amigo. Fui con Cami y con Benja a la casa de mis papás y a que conocieran la terraza, que era donde yo me iba siempre a componer, a llevar la guitarra, a hacer fotos, era como mi lugar secretito. Y entonces fue como combinar ambos mundos. De hecho, en el show digo algo así como: “Es impresionante poder presentarle a mi familia, mi familia” (risas).

— ¿Te imaginas haciendo nuevos proyectos con ellos en el futuro?

— Nos encantaría y ya tenemos proyectos. Con Benja tenemos una serie encaminándose. Tenemos un guion de una película, siempre nos gusta hacer cosas juntos. Sabemos que funcionamos bien juntos. También me encanta cuando Benja hace muy buenos asados y estamos ya pipones, callados, nadie dice nada y estamos los dos así a la noche, tranquilos.

— Esa confianza que te da el silencio en la amistad, en la familia.

— Sí. Y con Cami lo mismo. Ahora que fui a hacer el show en Perú, que después de la gira fue mi primer show solista, técnicamente. Y Cami estaba muy atrás, me preguntaba cómo te va y me mandaba cómo estaban las constelaciones en ese momento. Me dice: “Estoy nerviosa, ¿vos estás nervioso?”. Y le digo: “Yo no estoy tan nervioso”. Eso es lo que significan ellos para mí. En esta profesión, que es muy volátil, muy dispar, donde de pronto generás vínculos muy fuertes y después se diluyen rápido, encontrarte con estas personas y atravesar lo que atravesamos juntos, siendo amigos y conservar esa amistad por el resto de la vida, la verdad que es una fortuna.

Casino Deluxe con Felipe Colombo
En la entrevista de Casino Deluxe, Felipe Colombo habló además de su vida con Cecilia, de su relación con su hija Aurora y de experiencias paranormales de su infancia en México. (Gustavo Gavotti)

— ¿Alguna vez mentiste para conquistar a alguien? ¿Sos el rey del chamuyo o lo fuiste en algún momento?

— Sí, seguro que mentí. No soy el rey del chamuyo, pero cuando estás ahí tratando de conquistar a alguien un poco de venta tenés que hacer.

— Y el oficio de actor sale, ¿no?

— Sí y sale el vocero. No sé si mentir así a grandes rasgos, pero tal vez algún detalle lo puse un poco más, otro menos. Nunca mentí al grado de, no sé, inventar una historia muy compleja. Tal vez a veces también mentí al revés. En vez de para perjudicar o para engañar a otra persona, para poder avanzar. “¿Podés tal día?” “Sí, claro, obvio que puedo”. Y por el otro lado estaba apagando un incendio. “Olvidate, los jueves estoy ahí”. Y alguna que otra mentirita, seguro para lograr el objetivo.

— ¿Cuál fue tu peor cita? Si te acordás, porque estás con Ceci hace mucho tiempo.

— Sí, sí. Estamos por cumplir 20 años juntos.

— ¡¿20 años juntos?! Es una vida

— Sí. Pero hemos tenido malas citas con Ceci, también.

— ¿Cuál fue como la peor cita con Ceci que te acuerdes?

— Me va a odiar por contarlo. Una vez fuimos... Yo hacía una serie, en un momento, que se hacía en un hotel que tiene habitaciones como si fueran lofts. Un hotel por horas. Muy lindo, moderno. Entonces, yo me acordé que estaba ese lugar y le dije: “¿Vamos ahí? Vamos a hacer una noche ahí, podemos pedir un vino, pedimos de cenar”.

— Un momento para ustedes como pareja.

— Claro. Y llenamos el jacuzzi y pusimos espuma. Pero entre la cena, el vino, la espuma, todo, pasaron las dos horas. Yo pensé que era pernocte después de cierta hora. Pero como era fin de semana, el pernocte era después del siguiente turno. Entonces, recién cuando empezamos a ir a lo que íbamos, me avisaron que se terminaba el turno (risas). Así que no volvimos célibes, completamente llenos de jabón porque ni la ducha pudimos usar. Veníamos por la autopista con unas caras...

— Un papelón (risas). ¿Y cuando llegaron a casa?

— Veníamos callados y yo le digo: “Es que yo pensé que el pernocte... No es que vengo siempre, pero...”. Así que esa fue una pésima cita (risas).

— ¿Pero había niña cuando llegaban al hogar?

—No, no. Todavía estábamos de novios. Llegamos re cansados, era re tarde. Un papelón (risas).

— ¿Es verdad que tuviste experiencias paranormales cuando eras chico?

— Sí (risas). Este año fui a México de paseo con Cecilia y Aurora, por primera vez con Aurora de grande porque fuimos cuando era muy bebita. Y fui a la casa donde pasaban esas cosas, la casa de San Pedro, que era la casa de la familia de mi mamá, una casa grande, que tiene un vitral, un piso de madera, una casa de la época de la Revolución, eso también le da una connotación. Y en esa casa había ruidos. Pero lo que yo me acuerdo mucho es que yo me iba a dormir en un cuarto muy grande que tenía. Todas habitaciones grandes, de techos altos y en vez de mesa de luz, tenía como mi tambo de juguetes y una silla. Cuando yo ya me estaba por dormir, venía una persona y se sentaba ahí.

— Pero vos lo veías, ¿en qué tipo de nitidez?

— Yo veía de noche una persona, no veía el rostro exacto. Era una persona que venía, se sentaba ahí y se quedaba ahí hasta que me quedaba dormido. Pero a mí no me generaba miedo.

— ¿Y vos sabías que no era nadie de tu familia? ¿Podías reconocer eso?

— Sí, sí. La sensación era esa: “Ah, ahí vino otra vez”.

— ¿Era hombre, mujer o indistinto?

— Era hombre, creo. No sé, puede ser.

— ¿Y nunca te generó ningún miedo y nunca hizo más nada que sentarse en la silla?

— Era chico y tal vez no tenía la sensación de que eso fuera peligroso o algo. Y realmente en esa casa veías sombras, hacían ruido los pisos y era como que convivía con eso (risas).

— ¿Todos sabían que pasaban esas cosas?

— Sí, mi mamá ponía cal en las puertas. Decía que era para que no pasaran algunos bichos del patio, pero en el fondo todos creíamos o teníamos la certeza que era para los espíritus (risas). Después también hicieron pozos por todo el patio, porque mi mamá decía que la fuente tiraba agua. Pero después descubrimos que estaban haciendo pozos porque en México se dice que si la casa tiene fantasmas es porque hay oro. Pero bueno, lo que yo sí me acuerdo mucho es esta persona que venía y se sentaba. Y yo estaba tal vez más compungido cuando no estaba esa persona que cuando estaba.

— ¿Te daba cierta paz?

— Una tranquilidad, sí. Me acordé después de muchos años de esa historia. También años después me pasó que tuve un sueño con mi abuelo cuando falleció, la noche que falleció. Eso también fue lindo.

— ¿Te pasa de soñar esa escena muchas veces?

— No. Soñé con mi abuelo que venía con una valija y un abrigo. Él estuvo muy enfermo los últimos años de su vida, que fueron los primeros de la mía. Y venía, me daba un abrazo y me decía: “Cuidá a tu mamá, vas a estar bien. Yo también estoy bien, estoy contento, los voy a estar cuidando”. Y cuando se iba, sonó el teléfono, atendió mi papá y me dijo: “Feli, te tengo que decir algo”. Le digo: “Ya sé. Se fue el abuelo”.

— ¡Qué loco lo que me contás! No puedo creerlo. ¿Vos cuántos años tenías?

— Yo ahí tenía seis años, creo.

— ¿Y cómo tuviste la lucidez para darte cuenta que ese sueño significaba eso?

— Porque fue muy claro. El sueño fue una despedida.

— ¿Y vos estabas en México todavía?

— Sí. Yo vine a vivir a Argentina recién a los 15 años.

— O sea, estás conectado con las cosas que pasan más allá. Tenés cierta sensibilidad.

— Sí, sobre todo de chico. Después te vas poniendo viejo y se te mueve la sensibilidad. Después la recuperás, supongo.

Casino Deluxe con Felipe Colombo
Feli adelantó que con Camila y Benjamín impulsan nuevos proyectos después del regreso de Erreway. (Gustavo Gavotti)

— Este es un juego en que tenés que tomar un sorbo cada vez que hiciste algo que menciono. Vamos con la primera: “Yo nunca, nunca propuse matrimonio y me dijeron que no”.

— Sí (risas). Tengo que tomar. Pero hay una trampa con eso. Porque no es que propuse matrimonio. No es que me arrodillé y dije: “Ceci, ¿te querés casar conmigo?”. En algún momento, en una charla, por cómo venían las cosas, yo le dije: “Podríamos casarnos también, ¿no?" Como que era una opción que se habilitaba en la relación.

— Lo querías traer a la escena de la conversación.

— Era como preguntar: “¿Existe esta opción?” O sea, dentro de todas las cosas, de los planes que tenemos y proyectos que tenemos como pareja, ¿existe la de casarnos? Y Ceci me dijo: “No, no. Yo no me quiero casar” (risas). Y después de un tiempo dijimos: “No, para qué, a ver si todavía...”

— Es un quilombo de divorciarse después, te lo juro.

— Me imagino. Y la verdad es que nunca fue algo que necesitáramos. Tal vez, si seguimos juntos con el paso del tiempo, sí haremos fiestas.

— Pero eso es otra cosa, ¿viste? Es algo divertido para juntar a los amigos.

— Es una celebración de todo el camino que hemos hecho juntos. No es como una necesidad. Pero bueno, en un momento se me ocurrió plantearlo y no resultó (risas).

— Pero la realidad es que lo planteaste y te dijeron que no.

— Lo planteé y me dijeron que no. Y quedó clarísimo. No es que me sentí rechazado y dije: “Okey, perfecto, esto entonces no”. Esto no, bien, perfecto. Lo entendí.

— ¿Y cómo hubiera sido tu casamiento si te hubiera dicho que sí?

— Re tranca.

— ¿Tranca o sos el que hace la fiesta para 400 personas?

— No. Es mucho estrés. Hago una linda fiesta, pero no 400 personas. ¡No sé si conozco a 400 personas! (risas). A mí me gustan los círculos, los cercanos. En esas cosas necesitás siempre las buenas energías, la gente que te da confianza. Porque en la vida necesitás siempre armar esas redes sociales, ¿viste? La red social real es la gente que te reconforta. Y hay otros momentos en el que lo necesitás. Haría una fiesta, pero no un fiestón y tal vez le pediría a alguien que nos case, que diga unas palabras.

— ¿Un amigo?

— Exacto.

— ¡A Benja! O que Benja haga el asado...

— Me gusta que Benja haga el asado. Se me ocurre Esteban Prol como para maestro de ceremonias. Puede ser. También en algún momento tuve la idea, cuando cumplimos 15 años juntos, de hacer una fiesta de 15.

— Pero de 15 años de pareja.

— Claro, de pareja. Pero los dos vestidos de 15, una fiesta de 15...

— ¿Los dos de vestido blanco?

— También me lo rechazó (risas).

— Tenés ideas muy divertidas, igual.

— A veces algunas cosas son exageradas, así que la entiendo.

— Para cerrar, quiero decirte que me encanta el proyecto musical en el que estás, que tu hija te haya dirigido tu primer video y esperamos verlo pronto.

— Sí. Miel es el primer corte y el video lo dirigió Aurora Colombo con Timo Rauchs, que es un compañero. Dos genios hicieron un trabajo hermoso con esa canción. Estoy feliz y un disco que además tiene ocho canciones que tienen mucho de mí, muchas cosas nuevas y de búsqueda también. Las letras, las melodías que encontramos. Estoy recontento con el proyecto. También es animarse a ir un poco más allá con algo que siento tan personal.

— Con toda esa inercia de la que hablabas antes.

— Sí, lo que más quiero es que empiecen a existir arriba de un escenario.