
A Hugo lo corrompe su prima Gloria. Él era un hombre honesto, digno, recto, aunque roto. La propuesta le llegó en un umbral de vida: atravesado por la crisis de la mediana edad, estaba desempleado, desilusionado con el amor, emocionalmente agrietado. Su prima le propuso sumarse a un proyecto innovador y cuestionable: estafar a hombres y mujeres bajo la falsa promesa de encontrarles pareja. Lo convenció a ponerle el cuerpo: se encargó de enamorar mujeres para luego desencantarlas y así mantener la rentabilidad del negocio.
Axel Abulafia encontró en el personaje de Hugo interpretado por Guillermo Francella y en el personaje de Gloria interpretado por Mercedes Morán, una gema. Vio El amor de tu vida, la serie que protagonizan, y se planteó una disyuntiva real: cómo encuentra una pareja la gente. Y empatado a lo que supone la ficción, sus primas repitieron el punto de partida con una pregunta liviana, trivial, casi inocente: “¿Tenés a alguien para presentarme?”. No fue una pregunta, fueron dos. No fue en el mismo momento ni en el mismo lugar. La primera fue en España, la segunda en Turquía. Primero fue una prima, después otra. Sucedió en unas vacaciones familiares: dos personas, sin saberlo, le pidieron lo mismo que esa serie le había sugerido.
PUBLICIDAD
Notó que debajo de esa capa de superficialidad, de esa solicitud abstracta, había un patrón: dos mujeres de mediana edad esbozando en confianza una necesidad real, una inquietud que las atravesaba. En ese vuelo de regreso al país, otra casualidad reforzó su visión. Lo cambiaron de asiento a último momento y lo sentaron al lado de Gidon, un emprendedor holandés que terminó conectándolo con una casamentera y que lo ayudó a entender muchas cosas del servicio. Demasiadas señales para dejarlas escurrir.
Cuando pudo, hizo una averiguación rápida en la web y configuró una suerte de radiografía del negocio de las apps y el matchmaking. El resultado alimentó su espíritu emprendedor: descubrió que los grandes peces del mercado estaban en caída y que las agencias boutique de match especializado crecían en las sociedades europeas. En el ecosistema argentino, no había nada: un campo vacío y fértil.
PUBLICIDAD

Axel Abulafia fue de a poco consolidando su intuición. No era su primera experiencia en el mundo de las startups: fundó una empresa que vendió pronto y estuvo dos décadas trabajando en Globant, desde prácticamente sus inicios. “Empecé a hablar con líderes del ecosistema emprendedor. Al principio muchos cuestionaron la idea -con razón, había que afinarla- pero no salía de mi asombro cuando algunos me ofrecieron invertir, si iba a levantar plata para la startup”, dijo.
Le fue dando forma a Velo, “un servicio de búsqueda personalizada de pareja para profesionales que buscan construir una relación seria mediante un proceso confidencial, humano y cuidadosamente curado”, tal como define su creador. Su nombre proviene del concepto de cubrir: proteger algo valioso hasta el momento justo de revelarlo. Su propuesta consiste en comprender a cada persona y realizar una búsqueda activa y personalizada de potenciales parejas compatibles. No se basa en algoritmos ni en el volumen de perfiles disponibles, como otras apps más tradicionales.
PUBLICIDAD
Abulafia dice que las apps masivas están pensadas para agrupar volúmenes y no para curar perfiles de gente interesada en conocer gente. “Identificamos siete dolores concretos que ni las apps ni las agencias resuelven bien: falta de tiempo para buscar y seleccionar; mala calidad de los candidatos disponibles; falta de discreción para perfiles de figuras públicas; fatiga de verificación (identidades falsas, perfiles armados con o sin AI); ausencia de coaching sobre cómo presentarse después de años fuera del circuito de citas; falta de un filtro por valores reales en vez de por foto; y abandono total del cliente apenas se concreta una presentación, justo cuando más necesita acompañamiento”, enumeró.
Realizó una encuesta propia a falta de datos locales. Los indicadores volvieron a darle un espaldarazo: el 58,3% se declara cansado del modelo de las apps, el 74,8% preferiría buscar pareja sin exponer su vida personal en aplicaciones públicas, y el 63,6% está preocupado por su privacidad al usarlas. “El patrón de fondo es siempre el mismo -dice-: no es que no quieran conocer gente, es que no tienen tiempo para hacer el trabajo de búsqueda y filtrado que las apps les delegan, y sienten que a esta altura de su carrera ‘swipear’ no está a la altura de cómo se manejan en el resto de su vida profesional”. Su creador afirma que Velo acude a responder ante esta necesidad mediante un modelo basado en el criterio humano, la confidencialidad y la búsqueda personalizada.
PUBLICIDAD

Velo trabaja sobre dos comunidades, y ambas deben pasar antes por una entrevista. Por un lado, una red integrada por profesionales ya admitidos por el equipo, que aceptan formar parte de un pool confidencial de potenciales candidatos. Por otro lado, una cartera de clientes que contratan el servicio para una búsqueda personalizada realizada por un matchmaker: revisa hasta cincuenta perfiles, entrevista hasta doce candidatos y presenta al menos cuatro a lo largo del proceso. Cruza datos como dealbreakers (aspectos no negociables como el fumar o no querer tener más hijos), rutina semanal, manejo del dinero, vínculo con hijos propios y ajenos, expectativas de intimidad, proyección de vida.
“A partir de ese conocimiento, Velo identifica posibles compatibilidades y realiza presentaciones únicamente cuando considera que existe una alta probabilidad de afinidad entre ambas personas”, afirma la empresa en su propia descripción. Cada presentación llega como un mini-perfil de una página minimalista (nombre sin incluir el apellido, edad, ciudad, una foto, y las razones de por qué una persona sería la indicada para el otro). Solo se avanza en el proceso con la aprobación de ambos: no antes de que doble consentimiento, el cliente accede al perfil. “La regla de oro interna es ‘minimalismo de información’: que las dos personas se conozcan en la cita, no investigándose antes en Google. El objetivo interno es que la primera presentación llegue en menos de 45 días desde la contratación”, explican.
PUBLICIDAD
“Después de cada cita hacemos una llamada de feedback con ambas partes por separado dentro de las 24 horas -el amortiguador que evita un rechazo crudo- y damos coaching ligero entre citas mientras dure el interés (a partir de la cuarta cita con la misma persona, el matchmaker se retira). Mantenemos contacto cada dos o tres semanas con el cliente aunque no haya novedades; el silencio, para nosotros, mata el servicio”, asegura Abulafia.
En los mercados europeos y estadounidenses, ya hay capas que se diferencian de las apps masivas. “Es un segmento que crece mientras las apps masivas se estancan. Tinder y Bumble vienen perdiendo suscriptores pagos año a año, mientras el matchmaking premium global se proyecta casi duplicando su tamaño hacia inicios de la próxima década”, considera el fundador de Velo. No hay datos ni jugadores en la región. El mercado recién está creciendo con la activación de la app: ya disponen de cinco clientes en proceso activo y de una red de 153 personas, con mayor influencia de mujeres de entre 40 y 59 años radicadas en el AMBA.
PUBLICIDAD