Los asteroides preservan sustancias que algunos meteoritos perdieron

2026/10/10

Las proporciones de hierro, titanio y cromo en medio gramo de Bennu han desplazado su lugar de nacimiento hacia la línea de hielo del agua, una frontera del joven sistema solar situada entre las regiones interiores y exteriores.

El resultado cambia una idea aceptada durante años, que colocaba asteroides de este tipo mucho más lejos, cerca de la zona de formación de los cometas, y convierte una muestra minúscula en una especie de brújula química de gran precisión.

Los análisis sitúan el nacimiento de Bennu cerca de Júpiter

Maria Schönbächler, profesora de geoquímica isotópica en ETH Zúrich y autora principal del estudio publicado en Science Advances, atribuye a Júpiter un papel decisivo en la composición de Bennu. El planeta habría separado los materiales del disco protoplanetario por tamaños y favorecido cerca de aquella frontera una reserva de polvo fino procedente de ambos lados, de la que terminaron formándose cuerpos como este asteroide.

Las investigaciones comenzaron con una cantidad muy pequeña frente al cargamento completo recuperado por OSIRIS-REx, cuya cápsula llevó a Utah 121,6 gramos de Bennu el 24 de septiembre de 2023. El laboratorio de ETH Zúrich recibió medio gramo y empleó espectrometría de masas con plasma acoplado inductivamente y multicolector para medir relaciones isotópicas a escala de microgramos. Esas proporciones funcionan como una firma química porque los isótopos de un mismo elemento tienen masas ligeramente distintas y conservan información sobre el material del que proceden.

La geoquímica Maria Schönbächler plantea que el planeta gigante separó partículas según sus dimensiones

El patrón obtenido tampoco deja a Bennu aislado, ya que presenta una relación estrecha con Ryugu, un asteroide muestreado por la misión japonesa Hayabusa2, y con las condritas carbonáceas de tipo CI, una clase muy rara de meteoritos. Los tres grupos comparten firmas isotópicas muy parecidas y se distinguen de otros asteroides, meteoritos y planetas conocidos.

Schönbächler describe esa composición intermedia resumiendo el hallazgo sin convertirla en una etiqueta geográfica cerrada, porque “Bennu es un híbrido: el material no coincide claramente ni con el sistema solar interior ni con el exterior”.

Júpiter permitió reunir materiales de distintas regiones del sistema solar

Júpiter habría creado las condiciones para esa composición al crecer muy pronto, aproximadamente un millón de años después del nacimiento del Sol, y abrir una brecha en el disco de gas y polvo. La barrera de presión asociada frenaba guijarros y fragmentos mayores que derivaban hacia el interior, mientras las partículas microscópicas, muy ligadas al gas, podían atravesar la zona. Cerca de la línea de hielo, el vapor de agua que viajaba hacia fuera se condensaba sobre esos granos y facilitaba su unión durante la acreción.

Ese mecanismo también ayuda a explicar por qué el material de Bennu se aproxima químicamente a la composición solar, descontados los gases más volátiles. El polvo fino había circulado ampliamente antes de que Júpiter separase parte de los sólidos mayores, que ya mostraban diferencias químicas asociadas a distintas regiones del disco.

Para Schönbächler, esa conservación convierte al asteroide en una muestra privilegiada de los ingredientes disponibles mientras se construían los planetas terrestres, incluidos compuestos orgánicos y minerales con agua vinculados a la química anterior a la vida.

La actividad temprana de Júpiter habría permitido reunir materiales de distintas procedencias cerca de la frontera helada

Las condritas CI complican todavía más esa comparación, pues durante décadas han servido como patrón de la composición global del sistema solar debido a su semejanza elemental con la fotosfera del Sol.

Un trabajo publicado en Nature Communications en agosto de 2026, con Schönbächler entre sus autores, encontró que Bennu y Ryugu conservan heterogeneidad isotópica en magnesio, silicio y hierro que esos meteoritos no muestran.

La alteración por agua en sus cuerpos progenitores podría haber borrado parte de esa diversidad antigua, de modo que las muestras traídas desde asteroides conservan información que los meteoritos han perdido.

Las muestras de Fobos permitirán investigar el origen de Marte

La siguiente comprobación puede llegar desde Fobos, objetivo principal de la misión japonesa MMX, prevista para despegar en octubre de 2026 y devolver al menos diez gramos de material a la Tierra en julio de 2031. Schönbächler quiere solicitar a JAXA una porción para analizarla.

Si la luna marciana fuera un asteroide carbonáceo capturado, su firma debería aproximarse a las de Bennu y Ryugu; una discrepancia favorecería un origen ligado a un gran impacto y añadiría una prueba nueva sobre la historia temprana de Marte.