En los portales de viviendas y locales se prevé instalar mesas para ofrecer bebidas y bocadillos.
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23 de julio, 2026 - 06h15
Diego Ortiz espera que llegue el 25 de julio. Desde el portal de su vivienda, ubicada a la altura del escalón 100 del cerro Santa Ana, ha visto cada año a vecinos que, por un día, transforman la entrada de sus casas en pequeños negocios improvisados para atender a la multitud que sube las 444 escalinatas.
Donde normalmente hay un corredor o una acera, aparecen mesas, parrillas y bandejas repletas de maduros fritos con queso, shawarmas, sánduches, chuzos y otras comidas preparadas en las cocinas de las propias familias.
Las pequeñas tiendas del sector, que el resto del año venden principalmente bebidas, jugos o cervezas, se adaptan a la jornada. Sacan bancos de madera y los convierten en improvisados mostradores donde exhiben los alimentos recién preparados para aprovechar el intenso movimiento.
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“Aquí todos buscan cómo generar dinerito y es porque la gente viene y quiere comer algo en el escalón hasta donde llegue”, comenta Ortiz.
Para él, el 25 de julio no solo representa la celebración de la fundación de Guayaquil, sino una fecha que permite a muchas familias obtener un ingreso extra gracias a la masiva afluencia de personas.
Negocios improvisados en el cerro
Jean Carlos Fajardo tiene una pequeña tienda en el escalón 120. Para el fin de semana tiene previsto stockearse con más bebidas gaseosas, cervezas y bocadillos como papas fritas, chifles y dulces.
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“Vender al paso, este año ojalá quede algo extra”, dijo Fajardo, quien por segundo año vivirá las fiestas desde su negocio en este sitio turístico.
Según Mayra Cueva, el movimiento comercial no se limita a los establecimientos formales. Cada año a lo largo de las escalinatas se abre el abanico de opciones rápidas de comida y bebida; muchos de ellos son los mismos moradores.
“Mesas, parrillas y carritos se ven frente a las casas para ofrecer maduros asados, helados de micheladas y cosas también para que la gente no sienta calor. Mucha gente sube al faro o avanza en el día”, comentó.
Tradición y el espíritu de las fiestas julianas
Armando Triviño remarcó que aunque esta dinámica no está cuantificada en registros oficiales, forma parte de la economía popular que florece durante las fiestas julianas y no solo a lo largo de las escalinatas, sino también hacia el sector de Las Peñas.
Triviño tiene una galería en la calle Numa Pompilio y desde su espacio observa cómo año a año este barrio patrimonial mantiene intacta buena parte de la identidad guayaquileña.
Sus calles empedradas, las viviendas multicolores con balcones de madera y el fortín de La Planchada evocan el pasado de la ciudad.
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“Eso mantiene el espíritu de guayaquileñismo. Toda la gente pone sus banderas, hay espectáculos, entran las bandas musicales por aquí. Es el momento en el que se revive esta zona tan hermosa y le hace acuerdo a la gente de que existe un sitio tan icónico como Las Peñas y que es importante visitarlo”, dijo Triviño.
Una oportunidad económica para el sector
El 25 de julio representa una oportunidad para obtener ingresos adicionales que, en algunos casos, equivalen a varios días de ventas normales.
“Más insumos y hasta se llama a uno que otro familiar para que ayude a vender por la demanda que se genera desde la tarde hasta la noche, cuando el cerro Santa Ana se llena de gente”, dijo la propietaria de una tienda en las escalinatas.
La expectativa es que la gente acuda al cerro, disfrute del paseo y del circuito que es recorrer puerto Santa Ana, la calle Numa Pompilio Llona y el cerro hasta el faro y consuma en los pequeños negocios que funcionan y se improvisan en esos espacios.
“Que el festejo a Guayaquil nos traiga siempre alegría y también una oportunidad para tener un ingreso extra”, dijeron comerciantes. (I)