Miguel Santamarta se afanó este lunes por la mañana en limpiar hasta el último rincón de su restaurante a fin de reabrir hoy mismo como si aquí no hubiera pasado nada. Los vecinos y comerciantes de los números 56 y 58 de la calle Sant Gervasi Cassoles desalojados hace ya un par de semanas ante la aparición de un socavón de más de ocho metros de diámetro y de cuatro de profundidad provocado por las obras de prolongación de la L9 del metro pudieron este lunes regresar a sus menesteres. El Sant Gervasi es una casa de comidas muy popular en el barrio de Sant Gervasi-la Bonanova. Estas fincas suman once viviendas y cuatro negocios. El número de pisos desalojados por este siniestro fue de 93. Y en total fueron un decena los negocios que vieron interrumpida su actividad.
“La verdad es que los primeros días me agobié mucho –detalló este restaurador ahora aliviado–, porque nadie nos decía con claridad cuándo podríamos volver a abrir, ni tampoco qué pasaría con nuestras pérdidas económicas. Además, no sabíamos si acaso todo iba a ir a peor, si las cosas se iban a complicar aún más. Pero después abrieron una línea de ayudas para los negocios afectados por el dichoso socavón y todo se fue aclarando, y ya pues me fui tranquilizando poco a poco. Al final han sido una especie de vacaciones forzosas. A me parece bien cómo se están solucionando las cosas, al menos hasta ahora”.

Y lo más probable es que los inquilinos del número 54 de esta misma calle puedan regresar a sus inmuebles la semana que viene. Lo que ocurre es que en su momento alguno de los vecinos de esta finca no autorizó a la Generalitat a instalar los correspondientes sensores que monitorizan este tipo de trabajos subterráneos, de modo que los técnicos Generalitat está demorándose unos cuantos días más en realizar las obligatorias mediciones y constatar que la estabilidad de esta finca no se encuentra comprometida. Ello requiere de que los registros positivos se sucedan varias jornadas consecutivas. Las administraciones no quieren más problemas. Quieren asegurarse de todo al 150%, como poco... Al parecer, cuentan estos días por el barrio, esta inesperada demora están despartando unos cuantos resquemores entre los vecinos de esta escalera.
“Han sido unos días muy estresantes –señalaron algunos vecinos camino de sus viviendas–. Que hayamos estado en hoteles no significa que hayamos estado de vacaciones. Ahora solo queremos comprobar que en casa todo está bien”. Aquellos que estos días aguardan en sus segundas residencias en el litoral tampoco tienen la impresión de estar de vacaciones. “Afortunadamente el suministro eléctrico funcionó en todo momento –prosiguió el responsable del Sant Gervasi–, así que, bueno, se echaron a perder muchas cosas guardadas en fiambreras, pero nada llegó a apestar”. Entretanto, no pocos vecinos del barrio, preguntaban uno tras otro si el restaurante estaba de nuevo abierto. “No... ¡mañana sí que abrimos!”.¡
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El regreso a la normalidad de los inquilinos de las otras cinco fincas afectadas ubicadas en las calles Rubinstein y Teodora Lamadrid sí que es un tanto incierto. Los vecinos y comerciantes de los edificios más cercanos al dichoso socavón que de repente engulló el cuarto de baño de la pizzería Verona quizás tarden un mes más en recuperar sus vidas cotidianas. Al menos así lo dieron a entender la semana pasada los técnicos de la Generalitat. Domingo Finez, el responsable de esta pizzería, aún no sabe cuándo podrá volver a abrir, pero cada día se muestra más esperanzado.

Nacido en Salamanca en 1974. Licenciado en Sociología por la Universidad de Granada. Máster en Periodismo Les Hueras de la Universitat de Barcelona. Premio Josep Maria Huertas Clavería en 2008 por su obra Mudanzas . Desde el año 2000 escribe reportajes en La Vanguardia , en su mayor parte sobre el ámbito local.