Hace unos meses la casa de subastas Subarna licitó un par de óleos que Xavier Nogués había pintado entre 1934 y 1936 para el salón comedor de la casa de Lluís Plandiura en La Garriga. De manera sorprendente, estas dos piezas despertaron un notable interés, siendo objeto de algunos artículos de prensa en los que se sugería que debían ser adquiridas por las instituciones.
Y, efectivamente, fueron adquiridas por la Generalitat, y como una de ellas es La verema, muy posiblemente serán expuestas en el Museu de les Cultures del Vi de Catalunya en Vilafranca del Penedès. Me sorprendió que ese par de óleos despertaran tanto interés, cuando la pintura de caballete no es lo más conocido dentro de la magnífica obra de Xavier Nogués.
Xavier Nogués: Fragmento de la decoración mural de las Galeries Laietanes, 1915.
Jordi CalverasLa vertiente más popular de su obra es la de dibujante o, más concretamente, de dibujante humorístico. Obras como 50 ninots o La Catalunya pintoresca se han convertido en clásicos insuperables. Este tipo de dibujo muy vivo y caricaturesco también lo encontramos en los frescos pintados en 1915 para la bodega de las Galeries Laietanes, que hoy se pueden ver en el MNAC, o en las espléndidas cerámicas decoradas de principios de los años veinte de la Bodega Cooperativa de Pinell de Brai, edificio que diseñó el arquitecto Cèsar Martinell.
En un segundo nivel de popularidad podemos encontrar las maravillosas piezas de cristal esmaltado que Nogués hizo con su colega Ricard Crespo: desde copas y jarrones hasta fantásticos espejos. Y también son muy apreciados sus grabados. Por tanto, su vertiente como pintor es la que logró un impacto menor.
Las piezas subastadas ayudan a reconstruir el imaginario de Plandiura, fundamental para algunos museos catalanes
En este sentido, encuentro muy interesante lo que dice Francesc Fontbona en su ensayo Xavier Nogués, pintor : “La personalidad pictórica de Nogués fue muy especial, ya que, de diez exposiciones individuales que realizó durante su vida, tan sólo en dos –1905 y 1935– mostró su obra pictórica. Por contra, cinco fueron como grabador y las tres restantes como esmaltador sobre vidrio”.
Quizás para entender el interés que han despertado este par de óleos, hay que fijarse en la figura de Lluís Plandiura y su especial vínculo con Nogués. Plandiura fue el heredero de una familia dedicada al negocio de la caña de azúcar. Desde muy joven mostró un agudo sentido empresarial mientras se le despertaba la pasión por el coleccionismo de obras de arte. Con diecinueve años, en noviembre de 1901, realizó en el Cercle Artístic de Sant Lluc una primera exposición mostrando una interesantísima colección de carteles. El cartelismo, desde Toulouse-Lautrec hasta Ramon Casas, vivía una época dorada siendo el primer motor del interés de Plaudiura por el arte.
Xavier Nogués: 'La verema', 1936
SubarnaPocos años después y para poder dar un gran salto en este empeño, vendió aquella colección, de más de seiscientas piezas, y entró en otro mundo. Empezó a adquirir con gran diligencia piezas de arte románico o gótico y, también, de artistas del momento, entre ellos Picasso, estableciendo un vínculo muy especial con Xavier Nogués. Dado que el joven Nogués había formado equipo con Iu Pascual y su primera esposa, Teresa Lostau, pintando los murales de la Pedrera, adquirió unos conocimientos técnicos fundamentales que, unos años después, le permitieron decorar la casa museo de Lluís Plandiura en el número 6 de la calle de la Ribera. El vínculo entre ambos se convirtió en potentísimo.
Xavier Nogués: ‘Declaració d’amor’, 1937
De Plandiura Cecília Vidal Maynou dijo que: “Jugó un papel importante en la sociedad de su época influyendo decisivamente en el ámbito cultural, sobre todo en cuanto a la elección de los mejores artistas del momento que intervinieron en las obras de la Gran Exposición Internacional de Barcelona de 1929. El hecho de ser nombrado Delegado Regio de Bellas Artes le otorgó un poder casi absoluto para poder proponer y decidir la ejecución de obras y proyectos”. Por eso y de modo sorprendente, encontramos a Xavier Nogués vinculado a la creación de un conjunto arquitectónico tan peculiar como el Poble Espanyol de Montjuïc.
Que Plandiura fuera un ferviente admirador de la pintura de caballete de Nogués hace que las piezas subastadas que provenían de su casa de La Garriga tengan un valor singular. De algún modo ayudan a reconstruir su imaginario. Un imaginario fundamental para el futuro desarrollo de algunos de nuestros museos. Museos que no surgen de colecciones regias, sino de particulares como Plandiura.