Volver a abrir los ojos
Le pregunto a Carla de qué se enorgullece más: “De no haber dejado la vida atrás”, responde sin vacilar. O sea, no tiró la toalla pese a sus amputaciones físicas. Luchó. Y hoy le brillan los ojos y está más en esta vida que la mayor parte de personas que conozco con dos brazos y con dos piernas de nacimiento. Los sueños de la Carla del pasado está haciéndolos volar esta Carla del presente. “Vivir es importante, porque la vida pasa muy deprisa. Regodearte en el dolor es perder el tiempo”, me enseña. Carla cuenta sus vivencias en el libro El día que volví a abrir los ojos (Kailas), con prólogo de Irene Villa, “ejemplo de mujer que ha sabido reconstruirse”, me dice Carla. Los médicos salvaron la vida de Carla a cambio de sus dos brazos y sus dos piernas, y ella ha sabido dar sentido a todo lo que pasó.
No tiene brazos.
Me los amputaron hace dos años.
No tiene piernas.
Me las amputaron también. Soy una mujer tetraamputada.
Es más cosas.
Hija, novia, amiga, licenciada en Derecho a punto de colegiarme como abogada...
¿Qué causó sus amputaciones?
El Staphylococcus aureus , bacteria hospitalaria que infectó una herida postoperatoria, provocando una sepsis.
¿Qué operación le habían hecho?
Tenía un bulto en la ingle. Me dolía. Los médicos me enviaron a quirófano: “Un ganglio sin más”, habían dicho.
Y se vio en un quirófano.
Al abrirme descubrieron un quiste, del tamaño de una pelota de golf, duro. No lo sabían. ¿Qué podía salir mal?
Mala praxis...
Lo extrajeron y luego tuvieron que raspar el hueso del fémur. Lo enviaron a analizar. No era maligno, menos mal.
¿Y se repitió la mala praxis en el postoperatorio?
Salí infectada del hospital. Herida mal curada. Todo el cuerpo se me puso rojo. Puntitos rojos en la piel, y vómitos... A las 48 horas me ingresaban.
Un desastre.
Me desmayé al entrar, incurrí en fallo multiorgánico y parada cardiorrespiratoria. Me indujeron un coma.
Para tratarla.
Intubada para respirar, para alimentarme, para drenarme. Desaparecí del mundo. Doce días.
¿Qué le hicieron entretanto?
Combatir la infección, resistente a los antibióticos: probaron hasta cinco antibióticos distintos, a la vez...
¿Con qué efectos?
Debido a coagulación de la sangre se necrosaron las extremidades. Había que amputarlas.
Saberlo sería terrible.
Una médico insensible levantó la sábana de mi cama del hospital y espetó: “Los pies van fuera”.
Qué bruta.
Nos pasamos a otro equipo médico. Era inevitable: me amputaron las dos manos y los dos pies en la misma operación. Tres meses en el hospital, y a casa. Verme en el espejo de mi habitación era muy violento. Abría los ojos a una nueva vida... y no estaba preparada para sostenerla.
¿Cómo lo luchó?
Lo peor: que me llevasen al baño, limpiarme... Empecé a sentir que todos estaban a mi lado por lástima, también mi novio.
Hábleme de él.
Se llama Ángel, me ha enseñado amor incondicional: siempre a mi lado desde el coma. A veces pienso: “Si me devolviesen las manos a cambio de perder a Ángel... ¡elegiría a Ángel! Es mejor que las manos.
¿Y cuándo llegaron las prótesis?
Antes tomé la decisión más madura de mi vida: pedí ayuda a una psicóloga. Estaba volcando mis enfados en los que más me quieren. ¿Por qué, si eran víctimas igual?
¿Qué consejos daría a los cuidadores de un paciente?
Basta con estar presente, tener paciencia, no agobiar.
¿Y ha sufrido alguna decepción?
Sí: personas a las que había creído amigas... y que se alejaron de mí.
Trató primero su mente, luego su cuerpo...
Me obsesionaba volver a tener brazos y piernas, para ser autónoma. Y me tomé muy a pecho la adaptación y el uso de estas prótesis: fui muy disciplinada y tenaz.
¿Y ahora?
Mire: levanto esta taza y bebo. Y le estrecho la mano.
Es verdad. ¿Y en todo puede hacer lo mismo que yo?
No en motricidad fina: no puedo subirme una cremallera, ni abrocharme botones, ni acordonarme unos zapatos...
¿Lo conseguirá?
¡Seguro que sí! Las prótesis mejorarán y hasta tendrán sensibilidad. Aún no puedo ponerme sola un pendiente. ¡Pero sí me maquillo, y me pongo las lentillas! Y ya he aprendido a pinzar un palillo, pinchar una aceituna y metérmela en la boca.
¡Bien! ¿En qué ha cambiado usted?
En que no dedico ni un segundo a chorradas. Y valoro mucho a cada persona interesante. Y estoy luchando para que en Valencia me permitan conducir mi coche.
¿Son muy caras sus prótesis?
Cuestan 95.000 euros, y me toca pagar una parte, así que las cuido mucho. La sanidad debiera ajustar y personalizarlo.
¿Qué puedo aprender hoy de ti, Carla?
Agradece todo lo que tienes, ¡todo! Y no des nada nunca por sentado, ¡nada! Ni siquiera tus manos...